El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 25 #2
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Capítulo 25 #2

Titubeé y luego le quité el silencio a Samantha para enviarle un mensaje.

S AMANTHA : ESTOY HARTA. ¿VAIS A VENIR O QUÉ? ESTAMOS ABURRIDAS.

C ARL : ¿Cómo que «estamos»?

S AMANTHA : Mi nueva mejor amiga Maria y yo. Va a lanzar el conjuro para ayudarme a recuperar mi cuerpo y luego se vendrá de aventuras con nosotros. Tiene muchas ganas de conocer a Louis. Dice que suena muy sabroso.

Los cangrejos tardaron una hora más en dejar de pasar. Habríamos visto como decenas de miles de esas cosas. Pasé la mayor parte del tiempo hablando con Samantha para conseguir la mayor cantidad de información posible sobre Shi Maria, la araña de la que intentábamos rescatarla.

Saqué el libro de las Bahamas y comparé la información con lo que había escrito en él. Era bastante similar. No tardé nada en enviarle un mensaje a Prepotente y preguntarle si se había topado con una araña similar. Me respondió con un escueto «No».

Tenía sentido porque Shi Maria era un monstruo único. Aunque Juzicristo también era único y sabíamos que había varias variaciones de Jesús por ahí.

El dibujo del monstruo en el libro era aterrador.

Era una araña colosal de un beis y marrón translúcidos moteada con puntos negros y cubierta de pelo.

La ilustración incluía la imagen de un bopca muerto o paralizado atrapado en su telaraña, para ayudar a hacerse una idea del tamaño del monstruo.

El abdomen protuberante era del tamaño de un Escarabajo de Volkswagen y las patas eran ridículamente largas y se curvaban arriba y abajo.

Pero lo más aterrador era el rostro. No tenía torso ni brazos, como aquella persona que habíamos visto en el piso de las burbujas.

No era más que una cabeza tamaño humano unida al cuerpo de la criatura.

Esta pertenecía a una anciana demacrada con pelo negro, largo y ralo, así como piel cuarteada, como si se hubiese quemado.

La mandíbula inferior le colgaba y daba la impresión de estar gritando todo el tiempo.

Un par de colmillos peludos le sobresalían por la boca, y de ellos no paraba de gotear veneno.

No tenía ojos humanos, sino cuatro orbes en fila en mitad de la cara, dos grandes en el centro y dos más pequeños en los extremos.

—Cielos. ¿Cómo se tragó a Samantha con una cabeza tan pequeña? —preguntó Dónut mientras examinaba la ilustración.

La pregunta hizo que se me pusiese la piel de gallina.

Shi Maria, que era como la había llamado Samantha, era uno de los nombres alternativos que le daban en el libro. El principal era la «Gritona». Leí la descripción corta:

La Gritona.

Esta semidiosa, que es una antigua residente del reino celestial, es un oponente formidable.

Esta araña hembra, que se especializa en trampas, ilusiones y conjuros mentales, pasa los días sufriendo un dolor eterno.

Su marido, una deidad de un panteón olvidado hace mucho tiempo, se ha perdido.

Hará cualquier cosa para volver a encontrarlo, aunque eso signifique rasgar la realidad misma si es necesario.

El problema es que, cuenta la leyenda, fue ella misma la que lo mató. Y luego se lo comió. La desterraron por el crimen. Insiste es que es inocente, pero a veces, en sus momentos más lúcidos, no está segura del todo de dicha inocencia.

Cuidado con sus mentiras.

Después había una larga lista de conjuros y habilidades, como uno llamado Locura eterna de nivel 15, que no necesitaba explicación, u otro también de nivel 15 llamado Se ha ido la luz, que sabía que se trataba de un conjuro de ceguera.

Ninguno de ellos podía curarse sin intervención divina.

Por suerte, Mordecai nos había preparado para ello y había creado una poción de protección.

Dicha poción se llamaba Terapia líquida y teníamos que tomárnosla una vez al día.

La protección duraba hasta que te ibas a dormir.

Una poción nos protegía de ambos conjuros, así como de desventajas y aflicciones basadas en el miedo.

Los ingredientes eran caros, pero hicimos que Mordecai nos preparase varias, las suficientes para todo el gremio.

Yo había tenido que usar mis dos cupones de mejora de mesa para la suya de alquimia.

No había salido del estudio de creación desde entonces.

Nos habíamos tomado las pociones del día. Él estaba preparando otra para Mongo, pero aún no estaba lista.

Shi Maria tenía muchos conjuros más, y la mayoría eran de parálisis basados en ilusiones o en miedo. Como habilidad contaba con Hiladora, que era la que le permitía disparar telas de arañas por el culo. Y Mordisco venenoso.

Entre sus debilidades, el libro decía que era vulnerable a los ataques psiónicos. Y ya está.

Teníamos listas las protecciones contra sus redes pegajosas. También éramos inmunes a su veneno. No podríamos haber estado más listos para enfrentarnos a ella.

—¿Sabes qué? —comentó Dónut mientras leía por encima de mi hombro—.

La verdad es que se parece mucho a Samantha.

Está buscando a su marido igual que ella.

Y está un poco loca. Me preguntó si lo habrá matado de verdad.

Ya sabes que a los productores les gusta mucho darle un giro de guion a esas historias personales.

—Eso da igual. —Volví a leer la línea que rezaba «Cuidado con sus mentiras»—.

Está claro que le está mintiendo a Samantha sobre su capacidad para animar el cuerpo que tengo en mi inventario.

No veo entre sus conjuros nada que diga que puede hacerlo.

Tenemos que tener cuidado. Si la mantenemos bajo control, será una gran carta.

Pero no sé hasta qué punto merecerá la pena.

—Samantha se va a enfadar mucho si le está mintiendo —dijo Dónut—. Está desesperada por ese cuerpo.

Primero teníamos que sobrevivir al encuentro con la araña. Después ya nos preocuparíamos por lo demás.

Esperamos otros pocos minutos. Mientras lo hacíamos, llegó un mensaje del sistema.

Mensaje del sistema. La diosa Semiramis ha vuelto a ascender. Todos le dan la bienvenida a la familia.

Era la sexta o la séptima vez que oíamos uno de esos.

Cuando habíamos reconstruido la capilla de Yemaya había dicho lo mismo.

Eso significaba que había otros mazmorreros por ahí encontrando misiones similares como la nuestra de Asojano.

Sabía que se debía a esos imbéciles del duodécimo piso jugando a la Ascendencia, obligando a los mazmorreros a despertar a deidades antiguas.

Lo odiaba. Nos estaban usando a pesar de todo lo que teníamos que hacer de por sí.

Detrás de mí, los cangrejos dejaron de pasar al fin. La lluvia, que no había sido más que una llovizna hasta ese momento, empezó a arreciar.

—Muy bien —dije al tiempo que me levantaba—. Vamos allá.

Me detuve cuando nos llegó otra notificación.

Misión actualizada. Guerra de la Sopa de Pescado.

La mazmorrera sor Inés Quiteria ha negociado un acuerdo con el abad de las focas monje y le ha advertido de la vil traición de los cangrejos.

¡Si no haces nada, el ataque sorpresa se convertirá en una matanza!

¿Qué tienes pensado? ¿Te aliarás con tu compañera o convertirás esto en la reyerta del siglo?

Intercambié una mirada con Dónut.

—Al menos sabemos que va a lo suyo y no se ha puesto a seguirnos. Con suerte, la misión se resolverá sin que hagamos nada.

Dónut resopló.

—Qué ingenuo eres a veces, Carl.