Capítulo 25
Me relajé. Si de verdad no tenía maná, el enfrentamiento iba a ser mucho más fácil.
—¿Zumito mágico?
—Sí. Es como Louis llama al maná. Me gusta.
—¿Tiene ataques a distancia o teletransportaciones?
—¿Louis?
—No, Dónut. El cangrejo.
La criatura seguía en lo alto de la cabina del camión, canturreando para sí y alzando la voz sobre todo lo demás.
—Eres digno. Eres digno. Eres digno. Pronto, Raúl. Pronto. Pronto quedarás bañado por la luz celestial.
La parte trasera del camión se había abierto con el golpe, pero la zona de carga estaba vacía.
El vehículo había sido el camión de una empresa de mudanzas, pero habían borrado el logo con pintura blanca.
Una cuerda colgaba de la puerta tipo garaje de detrás.
Si se tiraba de ella, era probable que se cerrase.
Miré la parte baja, entre el suelo de la zona de carga y el asfalto. Supuse que había espacio suficiente para arrastrarme por ahí, aunque iba a ir un poco justo. Me quité la capa de nictofúnebre para estar seguro.
La poción Atravesar paredes solo funcionaba durante nueve segundos, pero mi tiempo de recarga de pociones ya era lo bastante bajo como para encadenarlas, como había llegado a hacer con las de respirar bajo el agua.
Ahora, la poción en sí tenía un tiempo de recarga igual a su duración más un segundo, para evitar que la gente las usase de esa manera.
—Tiene un conjuro llamado Cañón de agua y otro que se llama Bris, como «brisa» pero sin la A al final.
También veo varios conjuros de meditación.
¿Eso significa que tiene que quedarse ahí sentado y canturrear para lanzarlos?
No creo que nos venga bien meterlo en el mazo, Carl.
A la Pandilla no le va a gustar alguien que se queda quieto y murmurando.
Ah. También tiene un caparazón de protección mágica que es muy fuerte, pero también es otra de esas meditaciones.
Dice que tiene que pronunciar la frase mágica para lanzarlo y que tarda diez segundos en hacerlo.
—Necesitamos algo así. Ya veremos cómo funciona cuando lo capturemos. Vas a tener que silenciarlo rápidamente, por si tiene alguna manera de recuperar el maná. Avancemos despacio y usemos el chat a partir de ahora.
Preparé la poción de Atravesar paredes. Mordecai nos había advertido cientos de veces sobre ella. Decía que solo la usásemos durante una emergencia, porque los efectos podían llegar a ser contraintuitivos y, si el efecto se disipaba antes de tiempo, podíamos terminar partidos por la mitad.
Tenía diez pociones de ese tipo y no dejaban de salirnos en las cajas.
Habíamos probado una antes, cuando salíamos del cementerio.
Según Mordecai, las mecánicas eran mucho más complicadas de lo que podía llegar a parecer.
Funcionaban con cualquier cosa que fuese «sólida y no biológica con un espacio vacío a ambos lados», por lo que si estábamos en el segundo piso de un edificio, caeríamos al vacío y solo nos detendríamos al llegar a la planta baja.
O al chocar contra otro ser vivo. No iba a atravesar el asfalto que teníamos debajo, pero sí podía atravesar el camión que tenía delante como si no estuviese allí.
Empezamos a caminar despacio hacia la criatura, rodeando y aplastando coches, pero antes de acercarnos del todo el cangrejo habló:
—Siento vuestra aura —gritó.
Me quedé paralizado.
—¿Os consideráis astutos como un zorro cuchilla? Vuestros risibles intentos de pillarme por sorpresa no os servirán de nada. Ya os digo yo que no. ¡Pertenezco a la Nube Rozada por el Sol, imbéciles! ¿Habéis venido a ponerme a prueba? ¿En busca de fama? ¡Os pulverizaré los huesos!
No se movió del lugar en el que se encontraba. Seguía dándonos la espalda.
Estuve a punto de enviar a Dónut un mensaje para actuar, pero luego la criatura añadió:
—No, no. Eso no ha sido lo bastante poderoso. Tú puedes, Raúl. Las focas solo respetan el poder. No te marchitarás. Ten confianza. Confianza.
No nos había sentido. Estaba practicando frases. Nos acercamos unos centímetros más y miré la parte trasera del camión.
C ARL : Lo de la cuerda no me convence. No vas a tener nada para hacer palanca.
D ÓNUT : TRANQUILO. SERÁ FÁCIL. PUEDO COLOCARME CUATRO DE ESAS PESAS EN LA COLA ANTES DE QUE EMPIECE A DOLER SIQUIERA.
C ARL : Muy bien. ¿Y el conjuro? ¿Puedes hacerlo desde aquí?
D ÓNUT : ESO CREO. TEN CUIDADO. PARECE UN TIPO MUY NERVIOSO. Y YA SABES LO QUE PIENSO DE LOS TIPOS MUY NERVIOSOS, CARL. LO LANZO CUANDO ESTÉS LISTO.
C ARL : Vale. Acércate a esa cuerda, venga.
Me preparé para saltar y asentí. Dónut lanzó Agujero justo debajo del cangrejo, que gritó y cayó del techo del vehículo al interior de la zona de carga entre repiqueteos.
Me llegó la notificación de inicio de combate.
Dónut disipó el conjuro mientras nos acercábamos y luego lanzó Silencio en el cangrejo aturdido mientras saltaba con la boca abierta hacia la cuerda.
En ese mismo instante, yo cerré el puño y corrí a toda velocidad.
Me bebí la poción de Atravesar paredes y vi un contador de nueve segundos.
El suelo del camión me llegaba hasta la altura de la entrepierna, pero atravesé tanto el suelo como la puerta enrollable a medio cerrar como si no estuviesen allí.
Le di un puñetazo al cangrejo sorprendido y lo lancé hacia atrás, hasta que chocó contra la pared que había tras de la cabina del camión. Todo se agitó a mi alrededor.
Me acerqué, aprovechándome aún de la poción y volví a darle un puñetazo al cangrejo.
Oí un grito ahogado detrás de mí. Era Dónut, quien colgaba por la boca de la cuerda.
Se había colgado una pesa de cuarenta y cinco kilos que tenía en el inventario de la cola, para tirar más hacia abajo, pero la puerta no terminaba de cerrarse.
Sacó otra. Luego otra. La puerta seguía a medio cerrar.
El plan era evitar que el cangrejo consiguiese salir mientras yo lo cosía a puñetazos.
Raúl se recuperó y cerró una pinza roja y enorme justo delante de mi cara.
Me agaché para quedar por debajo del suelo del camión y aproveché la poción para darle un fuerte puñetazo en el pecho, que tenía pegado al suelo del vehículo.
Soltó un grito que lo dejó sin aire y salió despedido hacia el techo del camión para luego volver a caer al suelo. Había sentido un crujido al golpearlo.
Dos segundos.
Seguía en pie en la carretera, con el suelo del camión atravesándome a la altura de la entrepierna.
Lancé una cortina de humo con Miedo en el interior justo cuando Dónut lanzó el conjuro Cefalea del frío al cangrejo, que le quitaba vida poco a poco y le bajaba las resistencias.
La criatura empezó a lloriquear y se echó hacia atrás. Tenía la salud por la mitad.
—No, por favor —dijo con voz asustada. No oí el resto, ya que me dejé caer al suelo y apreté la cara con fuerza contra él a la espera de que se disipase el efecto de la poción.
C ARL : ¡Deja la puerta! ¡Sal de ahí!
Sentí el suelo del camión contra la espalda cuando la poción dejó de hacer efecto.
Por suerte, no me hizo daño. Esperé un segundo más y luego hice aparecer una bandera en mi mano izquierda mientras me bebía la segunda poción de Atravesar paredes.
Salté al interior del vehículo y vi que el cangrejo estaba en el rincón trasero del camión, aterrado y con varias desventajas.
Dónut se había colocado en el techo de otro coche y le había lanzado un proyectil mágico para mantenerlo arrinconado.
La criatura no se había movido. Ya tenía la salud en rojo, pero no lo suficiente.
D ÓNUT : ESTAMOS LLAMANDO LA ATENCIÓN DE OTROS CANGREJOS.
Avancé y le di varios puñetazos a la criatura. No me plantó cara. Se limitó a levantar las pinzas con miedo y dijo:
—¡No, no, no!
En ese momento, le clavé la bandera y me desequilibré hacia delante cuando la carta apareció en mi mano. Caí al asfalto y volví a apretar la cara con fuerza contra él, justo cuando el efecto de la poción se disipó por segunda vez.
Combate completado. Se ha reiniciado el mazo.
C ARL : ¿Vienen?
D ÓNUT : NO, LOS QUE SE DIERON CUENTA DE ALGO ACABARON APLASTADOS Y AHORA LOS OTROS SE LOS ESTÁN COMIENDO. CREO QUE, EN REALIDAD, LES DA IGUAL SI ESTAMOS AQUÍ. QUÉDATE AHÍ UN MINUTO Y LUEGO SAL.
Respiré hondo. La poción de Atravesar paredes había sido una mala idea. Tendría que haber esperado a comprobar si funcionaba lo de la cuerda de Dónut antes de tomármela. Tenía miedo de quedarme atrapado dentro del camión con esa cosa. Esperé unos instantes para que se me relajase el pulso.
Rodé para salir de debajo del camión, me sacudí y permanecí agachado de camino a la parte trasera. Extendí el brazo para agarrar la cuerda y tiré de ella sin esfuerzo alguno. La parte trasera se cerró del todo con un chasquido. Miré a Dónut.
—¿Qué? —preguntó ella—. Estaba tirando sin peso y con los dientes. Tienes suerte de que no te haya partido por la mitad. Está claro que era una tarea para alguien con pulgares, Carl. No tendrías que haberme dejado hacerlo.
—Sí —dije al tiempo que decidía dejar de darle vueltas.
Bajé la vista dubitativo a la carta común.
Raúl tenía potencial, pero se había puesto muy asustadizo y entrado en pánico tras dar comienzo el combate.
No tenía claro si había sido por el conjuro Miedo o no.
Tendríamos que pasar tiempo con él en la arena de entrenamiento para comprobar si merecía la pena.
—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Dónut mientras echaba un vistazo desde detrás del camión hacia aquel éxodo de cangrejos. Le di la carta y esta desapareció en su inventario. Solo necesitábamos una más para poder empezar a luchar con ellas.
Me dejé caer al suelo y apoyé la espalda contra el camión. Detrás de nosotros, la migración continuó sin cesar a unos cien metros de distancia. No venían más coches desde el norte y si quedaba alguno acercándose por el sur, no iban a poder llegar hasta nosotros.
Empezó a caer una lluvia ligera.
—Tenemos que esperar —comenté—. Tú avisa si se nos acerca alguno.