El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 24 #2
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Capítulo 24 #2

Eran más pequeños que los cangrejos que Odette usaba para la parte inferior de su cuerpo, eso sí, pero seguían siendo grandes de cojones.

Avanzaban rápido en dirección al bosque, chapoteando por el humedal y pisoteándose, sin que les pareciese importar la seguridad de sus compañeros.

Uno parecía llevar la pata desmembrada de otro entre las pinzas y se dedicaba a darle bocados como si fuese un muslo de pollo mientras avanzaba hacia el sur.

Otro tropezó y no tardó en quedar aplastado por los demás.

Los susurros se volvieron más intensos a medida que nos acercábamos, como si fuésemos hacia una cafetería muy concurrida. No dejaban de hablar entre ellos.

—Para —siseé, al tiempo que me agachaba detrás de un coche a pesar de la invisibilidad.

Espié a un único cangrejo que estaba sentado solo sobre la cabina destrozada de un camión, a unos escasos seis metros.

No se movía y yo no me había fijado en su punto en el minimapa debido a todos los demás.

Parecía estar hablando solo o lanzando un conjuro.

Un brillo tenue y amarillo le rodeaba el cuerpo. Lo examiné.

Raúl. Cangrejo terrestre rojo manisero. Guerrero de rango Nube Rozada por el Sol. Nivel 70.

Los cangrejos terrestres, maestros del estilo de lucha juego de maní han entrenado toda su vida para este momento.

Después de años de derrotas humillantes, están listos para cumplir su destino.

Sus enemigos declarados, las focas monje que practican kung-fu caribeño, no saben lo que está a punto de pasarles.

Los cangrejos se han reunido en la frontera meridional de la isla, donde se lanzarán a las olas.

Desde allí, rodearán la costa mientras sueltan sus fluidos para ahogar así a sus enemigos y dar a luz a un ejército que pondrá en jaque los cielos.

Después de cultivar cuerpo y alma durante años, Raúl está a punto de trascender.

Gracias a la meditación, la perseverancia y puede que una leve intervención divina, enriquecerá su chi hasta los límites, lo combinará con su núcleo interior y llegará al siguiente nivel de desarrollo en su carrera de convertirse en maestro.

Pero el momento no podía ser peor. El conflicto está en boga.

Está teniendo lugar ahora mismo. Raúl está listo para ponerse a prueba en la guerra independientemente de cuál sea su papel en ella, pero reza por tener una oportunidad de abalanzarse sobre sus enemigos declarados con el poder de los cielos.

¿Conseguirá romper sus barreras y trascender antes de que empiece la batalla?

Es probable que no, ya que no dejan de interrumpirlo mientras medita.

—Carl, no entiendo nada de esa descripción. Parece algo sacado de tus dibujos animados para frikis.

Antes de que me diese tiempo a responder, recibimos otra notificación.

Misión actualizada. Guerra de la Sopa de Pescado.

Ha dado comienzo la migración. ¡Y quieren atacar por sorpresa!

Los cangrejos se han puesto las pilas. En lugar de hacer más incursiones e irse acercando poco a poco a la costa, se han reunido en el sur, donde hay menor concentración de focas monje.

Unidos, han empezado a entrar en el agua listos para extender su semilla.

Una vez entre las olas, recorrerán la costa dejando tras de sí un reguero de destrucción, hasta que las miserables focas monje queden derrotadas de una vez por todas y desterradas por siempre de ese territorio sagrado.

Ha llegado la hora de elegir un bando. Si no hacéis nada, es muy probable que este conflicto sangriento termine por descontrolarse.

Pero, si decidís ayudar a los cangrejos, seguro que se alzan con la victoria y ahogan hasta la muerte a las crías de foca con sus fluidos.

Si os ponéis de parte de las focas, quizá los maestros de kung-fu acaben con la avanzadilla de crustáceos y consigan asegurar una existencia pacífica a las generaciones posteriores.

¿Qué vais a hacer?

Suspiré. No teníamos tiempo para algo así, aunque lo cierto es que quería atravesar con la bandera a uno de esos cangrejos. Probablemente, era una idea terrible tener un cangrejo y una foca en el mazo al mismo tiempo, pero ya decidiríamos más adelante cuál era mejor de los dos.

—Voy a preparar una bandera —susurré mientras seguíamos mirando al cangrejo solitario.

La criatura parecía estar sentada tranquila sobre la pila de coches, como si fuera una versión cangrejil de la postura del loto, con las dos pinzas extendidas hacia delante y dándonos la espalda.

Al parecer estaba meditando, pero también hablaba en voz alta.

El brillo dorado que lo rodeaba latía rítmicamente.

—Muy bien, Raúl. Ya lo tienes. Ya lo tienes. ¡No te marchitarás ante los débiles! ¡No te marchitarás nunca! Superarás el rango nube y alcanzarás el trono dorado celestial.

—Carl, ¿está hablando solo? —susurró Dónut.

—Estoy muy seguro de que sí.

—¿Y qué dice? ¿Cómo que marchitarse? No es una planta.

—Es una forma de hablar, Dónut. Significa que no flaqueará ante sus enemigos.

—Está loco.

El cangrejo siguió susurrando para sí, como si estuviese repitiendo frases de una cinta de autoayuda.

—Mi chi es poderoso. Es fuerza. Está limpio y libre de toda corrupción. Pronto llegará al siguiente nivel. Lo siento. Es puro. Seré un oponente digno. No me quedaré atrás. ¡Jamás me marchitaré! Cuando expulse mi semilla, será fuerte y estará bendecida con mi poder celestial.

El cangrejo se encontraba a unos cien metros del grupo principal. Teníamos que encontrar una manera de clavarle la bandera sin llamar la atención del resto. Si todos aquellos tipos tenían un mínimo de nivel 70, estaríamos jodidos si decidían atacarnos.

Miré la cabina del camión sobre la que se encontraba Raúl.

—Venga, Dónut —susurré—. Preparemos una trampa para cangrejos.