El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 24
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Capítulo 24

K ATIA : Bueno, ¿cómo ha ido?

C ARL : Era una habitación oscura en la que solo se oía la extraña voz de un naga.

Nunca lo vi. Me preguntó si quería un trabajo para ayudar a mi «familia» y le dije que no, que era yo quien lo iba a ayudar a él.

Luego me preguntó si había planeado matarte para quedarme con el premio y le dije que no, que solo quería saber si tenía un mapa de los pasadizos secretos del club Desperado.

Me dijo que sí. Un puñado de arañas me subieron por el brazo y estuve a punto de cagarme encima, pero luego aparecieron muchísimas cosas nuevas en mi mapa.

Hay varios pasadizos secretos y túneles, algunos con monstruos incluso.

¿Sabías que hay un mercado de pociones secreto en el piso intermedio?

Mordecai no tenía ni idea y está como loco. También hay varios «narcopisos».

K ATIA : ¿Narcopisos? ¿Eso qué es? ¿Dónde están?

C ARL : No estoy seguro. Los palitos luminosos los venden los boticarios como si nada, así que no sé qué habrá ahí.

La mayor parte de estas cosas están detrás de paneles secretos en los pasillos.

No tenía ni idea de que el lugar fuese tan grande.

En la MazmorraCon conocí al tipo que lo había diseñado.

Lo sabías, ¿no? Fuimos jurado de un concurso de arte.

La verdad es que merece más crédito del que se le da.

K ATIA : Tendrás que enviarme esos detalles. Quizá haya algo que podamos aprovechar. Sea como fuere, ¿tienes idea de dónde vamos a atacar a nuestro objetivo?

C ARL : Creo que sí. Atacaremos cuando Dónut y yo volvamos de rescatar a Samantha. Estoy apuntando una lista de los pasadizos secretos para enviártela. Y también prepararé mi plan para aislar al objetivo. Ya me dirás qué opinas.

Me sorprendió que en el libro de cocina no se mencionasen los pasadizos secretos el club Desperado. Hizo que me preguntase si todo aquello era nuevo.

K ATIA : ¿Le has dicho a Dónut que viste a Damasco? Yo salí a comprar suministros y, cuando volví, todo el mundo se había ido.

C ARL : Sí, cuando salí del gremio ya estaba en el club de estriptis.

Al parecer, fue al Palacio fálico en el piso intermedio, pero era «aburrido», por lo que subió al piso donde estaba yo.

La vi bailando con una cosa peluda y extraña llamada Glúteos Máximos.

Li Na también estaba por allí viéndola. Me dijo que le habías encargado vigilar a Dónut. Muchas gracias.

K ATIA : Conozco a Glúteos. Es un poco imbécil, pero baila bien. Creo que está enamorado de Dónut.

C ARL : Dónut estaba bailando con él sobre el escenario, sobre su hombro mientras le tiraba monedas de oro en el tanga. Me sorprendió ver que era tan generosa, sobre todo teniendo en cuenta que siempre tiene cuidado con el dinero.

K ATIA : Sí, lo hace siempre. Da la impresión de que gasta mucho, pero tiene muy controlado el presupuesto para cada vez que va. ¿Cómo reaccionó cuando saliste del armario de las corridas?

C ARL : ¿El qué?

K ATIA : Los cubículos que hay al fondo.

C ARL : Ah, sí. Pues debo admitir que me sorprendió que no cuestionase mi presencia allí.

Li Na y ella saben que no tienen que hacer preguntas sobre lo que estamos haciendo.

Damasco me comentó que tenía que salir del cubículo cojeando o se encargaría él mismo de destrozarme la rodilla.

Ya sabes, para que diese la impresión de que nos lo habíamos pasado muy bien.

No tenía ganas de discutir, así que le hice caso, pero ahora me arrepiento, porque esa señora enana llamada Rosemarie insistió en chocarme los cinco.

Y también me dio una chapa que pone: «Me han dado barra americana».

K ATIA : A mí también me dejó para el arrastre. Y también tengo la chapa. Pero bueno, que tengáis cuidado con lo de Samantha. Dónut me está contando lo de la joya que consiguió para la tiara. Está muy emocionada.

Miré a Dónut, quien parecía estar flotando a algo más de medio metro del suelo mientras regresábamos al Carruaje Real.

Caminaba por los aires mientras agitaba la cola.

Estaba muy orgullosa de sí misma después de nuestro enfrentamiento más reciente contra un puñado de murciélagos que no habían soltado nada útil.

—Dónut, no gastes la habilidad Flotar. Solo tienes cinco al día.

—Estoy practicando, Carl. Si no lo hago, ¿cómo voy a aprender a usarla?

—Sí, pero ahora solo te queda una hasta mañana.

Terminamos quedándonos la tiara de Mana Genita, que quizá llegaría a sernos útil algún día, pero compramos una tiara vacía al joyero gnomo del club Desperado.

Dónut había tardado unos veinte minutos en decidirse, hasta que la amenacé con marcharnos y se decantó por una de plata de lo más simple.

Luego pagamos veinticinco mil de oro para que le engarzasen el cuarzo.

A la gata no le gustaba demasiado el color, pero cambió de opinión al momento cuando leyó la descripción:

Tiara mágica de la libélula borracha.

Hay un cuento infantil sobre una libélula macho que se emborracha tanto que su esposa no lo deja volver a casa, por lo que se queda ahí flotando sobre el nido a la espera de que ella se vaya a dormir para meterse en la cama.

Pero la mujer sabe que está ahí fuera y no piensa ceder, por lo que la libélula tiene la opción de quedarse ahí flotando toda la noche o ascender algo más y sentarse en una hoja para contemplar su hogar, a la espera de que su esposa vuelva a encender la luz para indicarle que le levanta el castigo.

Esta tiara se ha creado para honrar a esa pobre libélula con una esposa enfadada.

Al equipar esta tiara, que tiene un cuarzo engarzado, el portador recibe los siguientes efectos:

Reducción de un 50 % a la recarga de las pociones.

+10 de Inteligencia.

Protección contra envenenamiento (ya la tienes).

Anula la desventaja de destreza propia de la borrachera.

La habilidad Flotar a nivel 10.

La habilidad Flotar tenía un tiempo de recarga de cinco minutos y estaba limitada a cinco usos al día.

Era como una versión de baratillo de la que tenía Elle.

Dónut podía flotar entre medio metro y un metro sobre el suelo durante noventa segundos.

Podía moverse y, a diferencia del conjuro Levitar, no se anulaba cuando recibía daño.

Si se activaba en caída, servía para bajar al suelo con suavidad, lo que era una gran ventaja.

Ahora los dos teníamos protección contra las caídas.

A mí me parecían genial tanto la reducción del tiempo de recarga de las pociones como el aumento de puntos de maná, pero Dónut solo le había hecho caso a la habilidad Flotar. No dejaba de repetir que era lo mejor del mundo.

—Ahora vuelo. ¡Vuelo, Carl! ¡Soy como Wonder Woman!

Se había alzado por los aires la primera vez que se la había visto para luego empezar a ir de un lado a otro en círculos a unos treinta centímetros del suelo. Era como si estuviese trotando por los aires.

—Wonder Woman no puede volar —le había dicho.

—Tiene ese jet invisible, Carl. No me estropees el momento.

—Lo único que te digo es que no la desperdicies. Guarda la habilidad para cuando la necesitemos. Puedes usarla para caminar sobre el agua, pero no te servirá para atravesar barrancos ni nada de eso. No puedes flotar a más de un metro del suelo.

—¡Vuelo! ¡Vuelo! —había gritado Dónut, con el pelaje encrespado.

Ahora, tras el enfrentamiento con los murciélagos, Dónut había vuelto a usar la habilidad cuando no era necesario. Era la cuarta vez que la usaba. Nos estábamos acercando a la costa meridional de la isla, que tenía que encontrarse cerca del borde de espacio total que teníamos en aquel lugar.

—No la vuelvas a usar a menos que la necesitemos.

Dónut gruñó, pero supe que me haría caso.

Más o menos una hora después, llegamos hasta una enorme colisión múltiple de vehículos, una que parecía interminable y se extendía tras una curva de la carretera descuidada.

El lugar había sido practicable desde hacía rato, pero ahora volvíamos a encontrarnos en una zona con árboles y humedales.

Giramos hacia el este, con el océano hacia el sur, y entramos en algo parecido a una reserva natural.

Dónut seguía sin ver a Samantha en el mapa, pero seguro que no quedaba mucho para que apareciese.

D ÓNUT : HAY ENEMIGOS CERCA. PROBABLEMENTE DETRÁS DE LOS COCHES. SON MUCHÍSIMOS. CIENTOS. PUEDE QUE MILES. NO CREO QUE SEAN MÁS MURCIÉLAGOS. SON MÁS GRANDES Y ESTÁN EN EL SUELO, AL OTRO LADO DE LA CARRETERA.

Reduje la velocidad del Carruaje y lo aparté de la carretera hasta detenerlo cerca de la hilera de coches destrozados. Los humedales se extendían a ambos lados del camino. Si salíamos de él, nos mojaríamos y empantanaríamos al instante. Era imposible rodear el estropicio.

—Muy bien —dije mientras Dónut y Mongo se detenían a mi lado—. Acerquémonos con cuidado y veamos qué tenemos por aquí. Ten a mano los conjuros para escapar por si tenemos que salir por patas.

Cuando nos detuvimos del todo, los oí. Fue un chisporroteo, un crujido y un repiqueteo, así como el murmullo de miles de voces al mismo tiempo. La parte superior de los árboles que nos rodeaban se agitó.

—Creo que sé lo que está pasando —dije mientras avanzábamos—. Vamos a escondernos.

Eso significaba: «Tómate una poción de invisibilidad y guarda a Mongo».

Un instante después, doblamos una curva y vi que estaba en lo cierto.

Mucho más adelante había una montaña no demasiado alta de coches apilados y, detrás, cientos de criaturas que cruzaban desde la parte izquierda de la carretera hacia la derecha. Iban en dirección al océano y estaban más o menos a un kilómetro de nosotros.

Cangrejos. Y no dejaban de venir.

Paz había dicho que las versiones reales eran pequeñas, quizá del tamaño de la mano de una persona.

Pero los tipos que teníamos delante eran mucho más grandes.

Cada una de las criaturas de caparazón rojo y negro era más o menos del tamaño de un cerdo grande, con patas largas y segmentadas y pinzas lo bastante amplias como para agarrarme por la cintura y partirme por la mitad.