Capítulo 23 #2
—Ese ha sido Steve Rowland el Escritor —dijo el pinchadiscos por el altavoz—. Cuando le saquemos la moneda del ojo, estará disponible para bailes privados. Atentas, señoras, que os vais a quedar bien mojaditas. ¡Llega Chorreras!
La multitud gritó de emoción cuando empezó a sonar una canción de glam metal.
—Carl —dijo Damasco, que me miró de arriba abajo.
Se quedó mirándome el tatuaje del codo. Y también el que tenía en el brazo izquierdo, la pelota de serpientes.
Era el tatuaje Enemigo de la iglesia que me habían dado por destrozar la capilla de Diwata—.
Me alegra que hayas venido a visitarnos.
Dónut siempre habla muy bien de ti. —Hizo una pausa—. Y Katia también.
—Katia es la que ha terminado por convencerme para venir. —Me froté el codo.
Él asintió.
—Acompáñame.
Titubeé, pero solo un instante. Dejó el libro y el té sobre la barra para luego guiarme hacia una hilera de cubículos que había en la pared del fondo, justo al lado del escenario.
A él se había subido otra criatura que se había puesto a dar vueltas al ritmo de una canción llamada Dinero femenino .
La multitud le tiraba monedas con entusiasmo, mientras Chico del Cubo se afanaba por recogerlas todas.
Nos acercamos a los cubículos, que tenían luces rojas o verdes en la parte superior y supuse que indicaban si estaban ocupados o no. Unos gemidos de mujer muy estruendosos salían de uno de los ocupados, seguidos por esa voz tan caballeresca de Don Quijote de la Verga, quien exclamó:
—¡Que vienen los gigantes! ¡Que vienen los gigantes!
—¡Eeeh, mirad todas! —gritó una enana mientras me miraba de arriba abajo—. Alguien va directo a los fuegos del infierno.
Se oyeron varias carcajadas.
Había sido Rosemarie, la misma que se había metido en problemas por tirarle una moneda al bailarín trol a los ojos.
La enana era mayor de lo que me había parecido en un principio.
La criatura de su hombro sí que era un topo, aunque tenía el pelaje de un color poco habitual, parecido al de un pastor ganadero australiano.
La criatura me husmeó y vi que sobre su cabeza flotaba el nombre BERNIE .
Damasco se dio la vuelta e hizo una reverencia, lo que hizo que más mujeres estallasen en carcajadas. Se acercó al último de los cubículos de la esquina y me abrió la puerta. Pasé junto a él para entrar y me dio una nalgada.
La estancia era pequeña, más o menos del tamaño de un vestidor, y estaba cubierta por una alfombra de pelo largo color violeta. Una especie de columpio lleno de hebillas colgaba del techo.
Vi de inmediato la puerta oculta que había en la pared del fondo. Era un portal. Activé la habilidad y saqué una captura de pantalla del otro lado, donde vi lo que parecía ser un pasillo cubierto de ladrillos con antorchas a los lados.
Damasco entró en el habitáculo y cerró la puerta con llave. Después, sin mediar palabra, pasó a mi lado y se acercó al portal. Apoyó la mano en él y este se abrió. Lo cruzó. Yo hice lo propio.
Entrando en el gremio de Sufrimiento.
Bienvenida, araña. Bienvenida a casa.
La burbuja de privacidad desapareció, igual que hubiese hecho de salir del club Desperado.
La música dejó de sonar. La temperatura aumentó significativamente.
Damasco estaba quieto en mitad del pasillo y señalaba la única puerta que había al fondo.
Era una de madera normal que tenía tallada una telaraña.
Me acerqué a ella y, cuando apoyé la mano, me llegó un ladrillo de texto a la interfaz.
¡Logro desbloqueado! Molly Maguires.
Has encontrado y entrado en la estancia principal de un gremio oculto del que formas parte.
Agárrate los machos, compañero, que esto va a ser largo.
Hay varios tipos de sociedades secretas por ahí.
Están las que son tipo Ivy League universitario, donde un puñado de idiotas ricos alquilan un lugar, pintan un par de símbolos paganos en la pared y luego se ponen máscaras con cuernos, hojas y movidas de esas para fingir que están en una especie de sueño febril de Stanley Kubrick, solo para intentar olvidar que están destinados a llevar unas vidas llenas de pantalones cortos color salmón y camisas Izod y reuniones aburridas con asesores financieros.
Hablando de Kubrick, después también hay sociedades secretas basadas en orgías.
Normalmente, están formadas por personas bastante desagradables a la vista que tienen vidas sexuales poco satisfactorias y que se reúnen cada dos meses en una casa en mitad de la nada, donde se emborrachan y tienen relaciones sexuales igual de poco satisfactorias con otras personas y fingen que se lo están pasando en grande.
También están las sociedades secretas altruistas, las de gente que quiere salvar el mundo haciendo buenas obras. Son las más aburridas, así que no hablaremos sobre ellas.
Luego están las malvadas, normalmente están motivadas por el poder y el dinero.
Son aquellas en las que los ultrarricos se juntan en una isla y comen osos panda mientras hablan sobre controlar los precios de los mercados mundiales o galácticos.
Sí, esos grupos existen de verdad. Luego hablamos más sobre ellos.
Pero antes, comentemos otro tipo de organización secreta, una que intenta marcar la diferencia, en muchas ocasiones al margen de la ley.
Va una historia.
En septiembre de 1869, hubo un incendio terrible en la mina de carbón de Avondale, cerca de Plymouth, Pensilvania. Más de cien mineros perdieron la vida. El accidente se debió a unas condiciones de trabajo y unos estándares de seguridad horribles.