Capítulo 22 #2
Hablando de arañas, ahora aparecían todas en el mapa gracias a la misión de Huanxin.
Estaban por todas partes, pequeñas enemigas que no eran diferentes ni más peligrosas que las arañas normales.
Solo teníamos que matar cinco al día entre los dos, pero Dónut se enorgullecía de matarlas por decenas.
Lo hacía lanzando Pero ¿por qué te pegas?
sobre una y riéndose a carcajadas mientras la criatura giraba en círculo para intentar morderse a sí misma.
Era bastante inquietante, la verdad, pero servía para que practicase con el conjuro.
Por otra parte, habíamos grindeado matando a varias criaturas diferentes, la mayoría versiones diferentes de aves parlanchinas, pero ninguna me había parecido merecedora de usar una bandera.
Ambos subimos de nivel. Yo a 65, mientras que Dónut subió a 57.
También conseguí llenar la barra de la Hija del carroñero tres veces y la gasté con ataques cuerpo a cuerpo. Estos cada vez eran más fuertes.
Conseguimos algunas cartas más, entre las que había una de trampa: una llamada AGUJERO EN LA BOLSA, que drenaba el maná de un tótem.
A diferencia de nuestra carta cojera, esta no era consumible.
También encontramos una mística rara llamada DESCARTE OBLIGATORIO , que elegía una carta al azar de la mano del oponente y la enviaba a la pila de descartes.
Debido a la insistencia de Dónut, también pasamos una hora entera leyendo el libro de las Bahamas y copiándolo en mi bloc de notas, que yo copiaba al mismo tiempo en el libro de cocina y a Prepi en el chat.
Él jamás me dio las gracias. Se limitaba a responder cuando le preguntaba si le estaban llegando mis mensajes y también para indicarme algunas erratas en la transcripción.
Mordecai nos pidió que fuésemos a una estancia segura que había al lado del club Desperado, lo que le permitiría a él aventurarse en el club y comprar suministros.
Aún no habíamos hablado de lo ocurrido con Ruby ni con el resto de los cambiados, pero ahora que ya se había descubierto el pastel, Mordecai los había dejado salir a la estancia principal del gremio.
Dónut cometió el error de contarle a Mordecai que iban a hacer una película sobre cómo había cuidado a los seis niños, momento en el que él pasó a estar de un gruñón insoportable.
A partir de ese momento, Dónut siempre insistía en que Mongo pasase más tiempo con los niños para que saliese más en la película.
No había clientes en el bar de entrada del club Desperado, pero sí que vi a un camarero gnoll detrás de la barra y unos pianos el uno frente al otro, como si fuese un bar de duelos de piano.
Dónut guardó a Mongo en el transportín y atravesamos el lugar hasta Clarabelle la cocodriliana que protegía la puerta, quien ni siquiera nos miró a la cara. Nos dejó pasar sin pronunciar palabra.
Entrando en el club Desperado.
Llegamos al piso intermedio, que solo habíamos podido ver brevemente cuando estábamos en el sexto piso de la mazmorra.
La estancia principal era un restaurante grande con una pista de baile, mucho más limpia que la del piso superior.
Era la primera vez que estábamos en aquella habitación.
Estaba medio llena y la gran mayoría de las personas eran PNJ.
Unas camareras elfas entraban y salían a toda prisa.
Había varios pasillos que se abrían en distintas direcciones, así como una puerta abierta que daba a un casino mucho más grande que el del piso superior.
Aquel tenía varias tragaperras. Se oyeron vítores que provenían del lugar cuando unos PNJ al parecer ganaron un premio.
Había varios guardias cocodrilianos con esmoquin por la habitación.
Uno de ellos no dejaba de mirarme malhumorado, y me di cuenta de que se trataba de uno con el que había tenido una trifulca al final del sexto piso.
Se había visto obligado a llamar a su jefa, Astrid, porque habíamos entrado en el piso a pesar de que lo teníamos prohibido. Dónut lo saludó con la pata.
También vi una mesa grande en el fondo de la estancia principal, alrededor de la que se sentaban varios mazmorreros conocidos.
Dónut saltó de mi hombro y corrió hacia ellos.
Estaban Katia, Bautista, Louis, Tran, Britney, Li Jun, Li Na, Chris y, sorprendentemente, Florin, a quien no esperaba ver por allí.
—Hola, chicos —dije al sentarme. Dónut había saltado en medio de la mesa y se había puesto a chocar la cabeza contra todos excepto Li Na, a la que no se podía tocar.
Había varias cartas frente a ellos, y todos les estaban echando un ojo. La gata no dejaba de pisotearlas.
—¿Queréis la carta, guapos? —preguntó una camarera antes de soltar en la mesa unos menús plastificados sin esperar respuesta. Dónut empezó a repasarla. Yo miré a Katia.
C ARL : ¿Cómo vamos a hacer esto si están todos aquí? No pueden saber a quién tenemos que matar.
Katia y yo teníamos que encontrar la manera de llegar hasta la subgerente del club, Astrid, y matarla.
Luego habría que llevar su cuerpo hasta el gremio de Sufrimiento, cuya entrada se encontraba en el piso superior, en el club de estriptis Desfile fálico.
Pero no podíamos dejar que los demás supiesen quién era nuestro objetivo. Formaba parte del trato.
Además, aunque técnicamente teníamos hasta el final del noveno piso para hacerlo, lo ideal sería encargarnos antes del final del octavo.
Ahora mismo, la única entrada que había al club Desperado en el noveno seguía impracticable y habían echado a todo el mundo excepto a los PNJ de Larracos un día o dos después de que empezase el piso, lo que significaba que no tendría acceso al club hasta que solo quedasen dos equipos.
Teníamos que asegurarnos antes de que se derrumbase este piso.
K ATIA : Ahora mismo solo estamos echando un vistazo. Tenemos que descubrir cómo sacarla de ahí antes de empezar a planear nada siquiera.
C ARL : Hemos conseguido hacerla salir alguna que otra vez. Una de ellas fue cuando aquel tipo intentó asesinar a Dónut. La otra, cuando Dónut y yo nos colamos en este piso y nos pillaron. Es como la jefa de seguridad.
K ATIA : También dicen por aquí que es la jefa de la Agencia de Empleo de los Niños Malos. Tu perteneces a ella, ¿verdad? Yo no. Quizá esté también ahí dentro. Deberías ir a mirar.
C ARL : No puedo entrar sin más. Hace falta una mejora social de nuestro espacio seguro. Añadirla cuesta 500.000 de oro.
K ATIA : Mierda. ¿Por qué no lo sabía? Pensé que era una sociedad secreta como el gremio de Sufrimiento, con una entrada oculta en alguna parte.
C ARL : Si hay otra entrada, la desconozco.
Lo mejor será causar algún tipo de distracción aquí en el club y hacerla salir.
Puede que no sea muy complicado. Me preocupa más cómo acabar con ella cuando salga.
Es una hadita sedienta de sangre de nivel 125.
Consiguió darme una buena paliza a través de una puerta cerrada la última vez que salió.
Tiene algo llamado magia cardiovascular e hizo que me hirviese la sangre con un mero chasquido de dedos.
Además, siempre está rodeada de muchos guardias.
Y es un hada. Me hace más daño por culpa de mi estúpido tatuaje goblin.
Es una pena que Dónut no pueda ayudarnos con el combate. Su conjuro Silencio sería muy útil.
K ATIA : Vale. Creo que tengo un plan. Es un poco caótico, por el momento, y me hará falta mi mazo de cartas. Vamos a centrarnos en cuándo y cómo sacarla de allí. Necesitamos un lugar donde no nos rodeen los guardias de inmediato.
Miré por la estancia y vi un pasillo lateral que rezaba: «Baños, gremios y el bar del Tejón».
C ARL : Creo que conozco un lugar donde podremos hacerlo. Solo tenemos que encontrar la manera de hacerla entrar.
Le di algunos detalles adicionales sobre la última vez que habíamos visitado el club, incluyendo información sobre el pasadizo secreto entre pisos en el baño de mujeres.
K ATIA : Si hay un pasadizo secreto, es probable que haya más. Tenemos que intentar encontrarlos. ¿Y su despacho?
C ARL : No lo sé. He estado varias veces en la parte trasera hablando con Orren el intermediario, pero ya no está por allí.
Es el sitio de donde ella sale siempre, pero nunca he visto la puerta de otro despacho.
Puedo intentar colarme y echar un vistazo.
Pero, si me pillan, puede que acaben echándome del club.
Mi situación ya es bastante precaria en ese sentido.
K ATIA : Muy bien. Tú encárgate de cómo llegar hasta ella y yo de cómo matarla. Dame algo de tiempo para planearlo bien.
C ARL : Nosotros vamos de camino a buscar a Samantha y puede que no tengamos acceso al club hasta dentro de unos días. Volveremos a este al terminar y nos pondremos manos a la obra.
—Cielo, de verdad que no es tan terrible —le decía Dónut a Britney.
La ucraniana tenía la cabeza gacha para mirar a la gata.
Toda la parte izquierda de su rostro tenía una cicatriz horrible.
La piel ya le había sanado, pero tenía la apariencia brillante, estirada e irregular de la piel quemada.
Le había pasado al final del sexto piso—.
Casi ni lo he notado. Además, las cicatrices son bonitas.
Quedan bien con esa estética de bárbara que tienes.
No recordaba qué nivel tenía Britney antes, pero ahora había llegado a 55.
Cada vez destacaba más entre los mazmorreros.
Me fijé en que, en ese momento, no denotaba emoción alguna en su rostro, que ya de por sí estaba serio la mayor parte del tiempo.
Tenía un tatuaje nuevo debajo del ojo. Un sello de extinción que indicaba que había acabado con todas las criaturas de alguna especie.
—Ya no me preocupa —dijo Britney—. He estado hablando con Tserendolgor, que antes tenía una cicatriz parecida en la cara.
Toqué a Dónut para recordarle que era mejor que no dijese nada malo sobre la soldado perruna.