Capítulo 21 #4
El representante era un robot de estilo antiguo con la cabeza cuadrada que vibraba de un lado a otro como si tuviese un motor diésel en su interior.
Parecía sacado directamente de una película de ciencia ficción de los sesenta.
Gracias al libro de cocina y a la foto de la madre del líder, sabía que había adquirido esa apariencia para no perturbarme.
En realidad, los tipos se parecían a los robots de Terminator 2 : podían cambiar de forma a voluntad.
Normalmente, tenían el aspecto de unos androides tigadores de piel parecida al plástico.
Los había visto a menudo entre el público de los programas.
Los Saqueadores eran una megacorporación y un sistema de gobierno.
La mayoría vivía en lo que los científicos de la Tierra llamaban una esfera de Dyson, una estrella rodeada por completo por una estructura.
Se suponía que habían tenido algún tipo de relación con los nebulares, los fanáticos religiosos que habían enviado un equipo llamado la Patrulla Sacrílega Nebular a morir en el sexto piso.
Al igual que los nebs, pertenecían a varias especies biológicas que se mejoraban a sí mismas con máquinas, aunque estos tipos habían ido un poco más allá y solo conservaban el cerebro. Por eso tenían aspecto de robot.
—¿Señor de la guerra Colmillos? ¿En serio? —dijo Dónut—. ¿De verdad te llamas Colmillos? ¿Eres un vampiro robot? —Soltó un grito ahogado—. ¿O quizá un hombre lobo robot? Eso sí que sería original.
—Dónut —espetó Cascadia—. Como tenga que decírtelo otra vez…
Antes de que terminase la reprimenda, el virrey silencioso y sin rostro que se encontraba a la derecha del robot cayó sobre la mesa.
La cabeza se le separó del cuerpo y rodó como una bola de billar.
La máscara blanca se le separó de la cara y dejó al descubierto un rostro alienígena demoniaco, blanco como el hueso y con colmillos, lleno de manchas rojas.
Todos nos quedamos mirando sin saber qué decir al representante decapitado de la Demencia.
Una sangre roja y reluciente chorreaba del cuello como una manguera.
Recordé una pregunta del libro de cocina, que se cuestionaba si aquellos virreyes eran biológicos porque nadie los había visto morir.
—Carl, ¿se supone que tenía que caérsele la cabeza así? —preguntó Dónut.
—No lo creo.
—Otra vez no —dijo Cascadia.
El príncipe Fornido estalló de rabia y golpeó la mesa con el puño.
—Idiotas. ¡No sabéis hacer nada bien! Tagg, dijiste que te encargarías de esto.
Apareció alguien detrás del virrey, quien empujó el cuerpo sin cabeza para luego sentarse en su silla.
La sangre seguía empapando la superficie de la mesa, para luego desaparecer cuando alcanzaba el extremo de la ilusión.
La recién llegada se inclinó hacia delante, cogió la máscara y empezó a girarla sobre uno de sus dedos.
Después se reclinó en la silla y colocó los dos pies sobre la mesa.
—Hola de nuevo, chicos —dijo.
Era una elfa del Sueño que me resultaba familiar. Paradigma Noflex. La madre de Paradigma Tagg. Era la elfa atractiva y calva cuya foto le había causado tantos problemas a Louis.
—Tú —gritó Paradigma Tagg, que se puso en pie de un brinco y mostró alguna emoción por primera vez—. Mis hombres me dijeron que te habían encontrado y acabado contigo.
—Pues está claro que no —respondió la mujer—. Me enteré de que teníais una reunión y supuse que me vendría bien acudir. No os preocupéis por el viejo sin cara este. Se regenerará cuando se ponga el sol, ¿no es así? Al menos hasta que den comienzo los juegos.
—Esto es inaceptable —gritó Tagg. Había pasado de estar tranquilo a sentir una rabia incontenible en un instante. Me señaló—. Tu equipo no tiene permitido matar hasta que empiecen los juegos. Voy a poner otra reclamación.
—A mí no me mires, tío. Ella no es de nuestro equipo —comenté.
—Cascadia —dijo Tagg, que pasó a dirigir su rabia hacia la pez de aspecto agotado—. ¿Qué hacemos? ¿Vas a intervenir?
—Las normas no han cambiado. Ella es un PNJ —explicó Cascadia—. La IA no nos permite hacer nada. Dijiste que te habías encargado.
—Están adquiriendo consciencia. Todos —dijo Tagg—. Así va a ser imposible que nadie gane.
—Tengo una lista de problemas con los que lidiar, señor de la guerra, pero gracias a los dioses ese no es uno de ellos —dijo Cascadia—. Carl tiene razón. Ella no está en su equipo, no oficialmente, al menos, por lo que puede hacer lo que quiera. Y tú también eres libre de matarla.
—Para eso primero tendrá que alcanzarme —indicó la mujer.
—Tendríamos que haber dejado esto cuando lo hicieron las mántides —comentó Luke, el surfero de la Insaculación Lemig.
Agitó su cabeza parecida a la de un goblin.
No tenía ni idea de si estaba hablando consigo mismo o con el grupo—.
Tendría que habérmelo imaginado. Abandonaron desde que pusimos la segunda reclamación.
Vamos a morir todos. Todos y cada uno de nosotros.
Dónut se había quedado mirando con la boca abierta a Paradigma Noflex.
—¡Carl, es su madre! ¿Por qué su madre es un PNJ?
—Esa no es su madre, Dónut.
Me giré hacia la mujer, que no había dejado de sonreírme.
—Hola, Higo. Veo que has estado ocupada.