Capítulo 21 #3
—Guau —comentó Dónut—. Esa ha sido una amenaza muy específica.
¿Y a qué ha venido eso de «enormes»? ¿En serio?
Nadie ha puesto en duda el tamaño de tus genitales, así que es raro que saques el tema por la cara.
Carl, ¿has oído eso? ¿Crees que lo tenía preparado antes de venir o que ha sido improvisado?
Yo estoy segura al noventa por ciento de que lo tenía preparado.
—Soltó un grito ahogado—. ¿Crees que estaba sentado ahí, esperando a que empezase la reunión y pensando: «Voy a hacerlo.
Voy a decir la frase de los genitales»? Deberíamos agregar una tarea pendiente.
Propongo que cambiemos el nombre de «príncipe heredero Fornido» a «capitán Enorme».
La emperatriz D’Nadia trompeteó a carcajada limpia. Un goblin peludo que estaba a unos puestos de distancia en la mesa también se rio.
El robot mexx soltó un tintineo.
—Tareas pendientes actualizadas. La nueva tarea pendiente ha sido rechazada por el sistema. No se pueden cambiar los títulos.
—Oh. Qué caca —dijo Dónut. Se giró hacia el naga verde y violeta enorme que estaba a su izquierda.
Tenía cuatro brazos y ninguna pierna, solo un cuerpo alargado de serpiente que estaba enroscado en el suelo.
Llevaba una armadura abollada en el pecho, pero la cabeza y los brazos los tenía al descubierto—.
Bueno, supongo que es tu turno. Oye, ¿no somos primos o algo así?
No consanguíneos, obviamente. Pero esa tiara me suena.
El naga fulminó a Dónut con unos ojos negros de serpiente.
—No somos primos —dijo, aunque vi que reprimía una sonrisa.
Me recordó al instante a Nihit, el naga reportero al que había apuñalado en el cuello con un bolígrafo—.
No somos primos —repitió—. Ni dentro ni fuera del juego.
Soy representante del Sultanato de Sangre, no un integrante de la familia real.
—Hizo una reverencia—. Supongo que, en cierta manera, podría decirse que eres prima de la familia.
Y eso incluye a mi esposa. Me llamo Rishi.
Aquel era el equipo al que había que matar primero. Ganar la Guerra de Facciones era algo opcional para nosotros. Destruir al Sultanato de Sangre no lo era.
—¿Eso significa que, cuando mate a la familia real y me haga con el poder, trabajarás para mí? —preguntó Dónut.
La criatura no dejó de sonreír.
—Si sigo con vida, sí. Será todo un honor obedecerte. A ti o a tu compañera Katia.
Esa había dolido. Dónut se puso tensa a mi lado.
Aquel tipo me hacía sentir incómodo. Me quedé con su nombre. Rishi.
—Dónut, si dejas de comentar cada una de las presentaciones quizá vayamos más rápido —dijo Cascadia, que parecía desesperada.
—Hola a todos —dijo la emperatriz D’Nadia desde su lugar en el número cinco de la mesa—.
Soy la emperatriz D’Nadia, señora de la guerra del Clan del Reino del Prisma.
Estoy físicamente en el campo de juego, así que si alguien quiere ir a comer un día que me avise.
Supongo que alguno de los restaurantes de Larracos ya habrán abierto.
—No es aconsejable —dijo Rishi, que no comentó nada más.
—Yo soy Paradigma Tagg del Sueño —dijo el elfo calvo del puesto número seis. No añadió más.
Parpadeé, sorprendido.
—Eh, ¡eres el tipo que odia a Louis porque cree que tu madre es sexy! —exclamó Dónut—. ¡Carl, es el tipo que odia a Louis!
—Princesa Dónut, por favor —dijo Cascadia.
—Perdón, perdón —dijo la gata.
El elfo anciano y de aspecto regio parecía aburrido.
No reaccionó al comentario de Dónut. No se parecía en nada al psicópata inestable que nos habían vendido.
Llevaba un jubón simple de cuero y no tenía ninguna característica que lo hiciese destacar frente al resto de los elfos del Sueño que habíamos matado en pisos anteriores.
Era uno de los hombres más ricos de toda la galaxia.
Los elfos del Sueño controlaban el comercio de alimentos en muchos sistemas planetarios y también poseían la patente de muchos tipos de comida.
Supuestamente, si vivías en algunas zonas concretas, tu cuerpo no te permitía digerir su comida a menos que tuvieses licencia para hacerlo.
En el puesto número siete se encontraba una criatura verde y humanoide.
Representaba a la Insaculación Lemig. Era el tipo que se había reído del chiste de Dónut sobre el príncipe Fornido.
Parecía un cruce entre un goblin y un nulo, como Quasar.
La Insaculación Lemig era un gobierno verdaderamente democrático formado por varias especies, aunque la mayoría de los integrantes pertenecían a esos tipos verdes.
No recordaba el nombre de esa especie en particular, pero sabía que su líder era un tipo de alienígena diferente, una especie de oruga peluda.
Aún tenía una foto de la madre del líder.
La población de la Insaculación Lemig podía votar cualquier cosa.
Y, una vez se decidía algo, se necesita de una mayoría del ochenta por ciento para anularlo.
Habían votado para participar en la Guerra de Facciones hacía mucho tiempo y había sido imposible cancelar esa votación, aunque la población participaba menos cada temporada.
Mordecai había comentado que su gobierno estaba siempre sumido en el caos.
—Hola. Me llamo Luke —dijo el extraterrestre. Tenía una voz sorprendente que se parecía a la de un surfero.
En el puesto número ocho de la mesa había otro alienígena humanoide de cuerpo grande y con el cuello largo, estrecho y blanco como el hueso, así como con una máscara también blanca que le cubría el rostro como si hubiese salido de un anime inquietante.
Supe desde un primer momento lo que era, aunque no hubiese visto ninguno.
Un virrey. Eran una constante en la Guerra de Facciones, ganadores de algunas temporadas, aunque se suponía que llevaban tiempo sin hacerlo.
La especie era un misterio. Se especializaban en conjuros de batalla horribles y nigromancia.
En la vida real, su sistema era famoso por ser un destino barato para operaciones médicas de los que no eran ciudadanos de pleno derecho y para aquellos que vivían fuera del sistema interior y tenían acceso a atención sanitaria gratuita.
Su equipo se llamaba la Demencia.
El virrey no dijo nada. Se limitó a levantar la mano para saludar. Dónut le respondió con el mismo gesto.
—Y yo soy el señor de la guerra Colmillos, de los Saqueadores —dijo el último representante con una voz robótica.
Los Saqueadores eran unos participantes ocasionales a los que solía irles bien en el concurso y hasta habían ganado en algunas temporadas.
Mordecai comentó que muchas veces se aliaban con los orcos y acababan con facilidad con el resto de los equipos.
Después se enfrentaban entre sí por el premio.
Este año, al parecer, había habido algún tipo de traición anticipada durante la temporada anterior, por lo que era probable que no se aliaran.