Capítulo 19 #3
—Entonces, tenemos que encontrar el gremio de Sufrimiento para que consigas una misión de asesinato.
Katia asintió.
—Ya lo he encontrado. Y ya tengo la misión. No puedo hacerla sola, así que necesitaré vuestra ayuda. Tenéis que encontrar una entrada al club Desperado por vuestra zona.
—¿Ya lo has encontrado? ¿Dónde está?
Katia sonrió, la primera vez que la había visto hacerlo en mucho tiempo.
—En realidad, fue Dónut la que me ayudó a descubrirlo.
—¿Yo? —preguntó la gata.
—Dónut, ¿a quién conoces que tenga el mismo tatuaje de telaraña que Carl tiene en el codo?
—No sé de qué me hablas, Katia. No me relaciono con personas que tienen tatuajes carcelarios desagradables. Solo tolero a Carl porque es de mi familia.
Lo normal era recibir el tatuaje al usar el Anillo del sufrimiento divino. Solo conocía a otro mazmorrero vivo con ese tatuaje.
—Prepotente tiene uno —dije.
—No estoy hablando de él —aseguró Katia—, aunque es bueno saberlo. Dónut, es un PNJ. Un PNJ que conoces muy bien.
—No me junto con la chusma, Katia.
—¿Segura?
Dónut resopló.
—No puedes estar refiriéndote a Acero de Damasco, porque él no cuenta. ¡Es un estríper!
Katia asintió.
—La entrada se encuentra en Desfile fálico, en el piso superior del club Desperado. Todo el club de estriptis es la antesala del gremio de Sufrimiento.
—¿Qué? —preguntó la gata—. ¡No me lo había dicho! ¡Esto es un ultraje! ¿Por qué iba a mentirme un estríper?
—¿Ya tienes la misión de asesinato? —interrumpí, cada vez más inquieto—. ¿Quién es el objetivo?
Katia sacó un extraño pedazo de papel y me lo pasó.
—Que nadie lo toque excepto Carl. Si no sois integrantes del gremio de Sufrimiento, os hará daño. Aunque os encontréis en una estancia segura. Solo los miembros pueden leerlo y ayudarme. No digas el nombre en voz alta, Carl. O fallaré la misión.
Lo cogí titubeante. Me di cuenta de que, en realidad, no era un pedazo de papel, sino un trozo de piel seca con venas disecadas y todo.
La membrana deshidratada y rígida era pequeña, más o menos del tamaño de una cajetilla de cigarros.
Al cogerla, sentí un dolor similar al de unas agujas en el dedo y vi mi sangre derramándose por el pedazo de piel.
Las venas de este empezaron a latir al ritmo de mi corazón para luego formar unas palabras en un idioma extraño.
¡Logro desbloqueado! ¡Curro secundario!
¿Te vas a meter en otro trabajo? ¿Con todo lo que tienes encima? Sí, una idea genial, ¿eh? Como si no tuvieses ya bastantes cosas pendientes. Si no te estuvieses sanando de forma automática, ¡tendrías la tensión por las nubes!
A ver. Es que tengo claro que nadie, en su lecho de muerte, habrá pensado: «La verdad es que ojalá hubiese trabajado más a lo largo de mi vida».
Recompensa: Tienes una nueva pestaña disponible en tu interfaz. Es una subpestaña de misión.
Trabajos para el gremio.
Cerré el logro e intenté leer las pequeñas palabras de la piel, pero no entendía el idioma. El sistema lo leyó por mí. Lo hizo con una voz siseante y maligna que no había oído antes, una que resonaba en mi mente. Me recordó a la voz de un naga, pero un poco más aguda. Me estremecí.
La Sierpe Nocturna tiene una misión para ti, querido.
La tarea se le ha asignado a mi pequeña y bonita amiga Katia.
No eres ella, lo que significa que habrás tenido que matarla para hacerte con sus misiones o que le ha pedido a un miembro de su familia que la ayude.
Ambas opciones son aceptables. La familia tiene que ayudarse y permanecer unida, sí.
Sacrificamos a los débiles para apoyar a las masas, sí.
Nos alzamos desde las sombras. Nuestra sangre fluye unida.
La tarea te aguarda, querido. Es complicada, sí. Pero también importante. Importante para la familia.
Queremos eliminar a la competencia. Parece que es una chaquetera.
No permite que nuestra familia alce el vuelo.
Provoca que se nos seque la sangre. Tienes que matarla.
La propietaria de la Agencia de Empleo de los Niños Malos.
La subgerente del club Desperado. Es ella.
Astrid. Mátala. Tráele su cuerpo sin vida a la familia.
NUEVO TRABAJO DE GREMIO.
Mata a Astrid, la hadita sedienta de sangre de nivel 125, subgerente del club Desperado. Es necesaria una prueba de que ha muerto.
Este trabajo se le ha encargado a la mazmorrera Katia Grim. Tienes que matarla para reclamar la recompensa.
Comentar los detalles del trabajo en voz alta cancelará el contrato inmediatamente y cancelará tu acceso al gremio.
Katia me dedicó una sonrisa insegura.
—Eh, te advertí que no iba a ser fácil.
—Joder —dije. Volví a leer la tira de piel.
Iba a ser casi imposible matar a Astrid la hadita. Intentarlo siquiera provocaría que todos los guardias del club Desperado se nos echasen encima. Pero ¿qué otra opción teníamos? Si no conseguíamos acabar con ella, Dónut y Katia se verían obligadas a enfrentarse.
Miré a Bautista y vi que tenía gesto cansado y que tenía mucho miedo. Pero también vi algo más. Vi determinación en su mirada.
Noté un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo.