El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 19 #2
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Capítulo 19 #2

—¿Embarazada? —preguntó Dónut, que al fin había leído la descripción completa—.

¿Podrías quedarte embarazada? ¿Y quién sería el padre?

No puede ser Carl, porque es un primigenio.

Y tampoco Bautista, porque es un Thundercat o lo que quiera que sea.

¿Vas a elegir a Louis? ¿Vas a tener un bebé con Louis?

A Higo no le va a gustar nada. —Soltó un grito ahogado—.

¿O con Li Jun? ¿Te imaginas tener a Li Na de tía?

Nadie se atrevería a hacerte nada en el cole.

Estuve a punto de responder, pero recordé algo que me había dicho esa patrocinadora y sentí un escalofrío.

«Me aseguraré de que sobrevives hasta el duodécimo piso, donde Katia, la gata y tú me ayudaréis a reclamar el Trono Celestial de una vez por todas».

Había dos formas de librarnos del problema de la furcia de la septicemia. La bendición del embarazo, que sacaría a Katia de la mazmorra. Y la de la asistente celestial, que la enviaría directo al duodécimo piso, donde se convertiría temporalmente en un PNJ.

—¿Cómo es que pudiste venerar a Ilitía? —pregunté.

—Gracias a una caja de benefactor. De la princesa Formidable del Imperio Calavera. Un pergamino de veneración.

La princesa Formidable era la hermana del Maestro y, al parecer, no se llevaba bien con el resto de su familia. El hecho de que aún estuviese repartiendo cajas de benefactor significaba que no estaba en el noveno piso de la mazmorra, como el resto de sus familiares.

Katia continuó:

—Era una caja de emergencia, por lo que leí el pergamino de inmediato.

Cuando lo hice, empecé a venerar a Ilitía y apareció la descripción completa de las bendiciones en la caja.

Pero en ese momento vi que la deidad estaba patrocinada por una mujer llamada Huanxin Jinx.

Me envió un mensaje y me dijo que Dónut y tú estabais a punto de entrar en combate y que tenías que reparar la capilla.

Si lo hacías, ella recibiría un poco más de ayuda para ese juego del duodécimo piso.

Si te convencía para hacerlo, se aseguraría de que yo recibiera la bendición que nos permitiese sobrevivir a Dónut y a mí.

Pensé en Antón, quien había muerto a causa de ese mensaje. En Paz.

—¿Te dijo que te dejaría elegir la bendición de quedarse embarazada?

—No —respondió Katia—. Quiere nuestra ayuda en el duodécimo piso. Y yo ya no quiero elegir la del embarazo. ¿Ir a la superficie con un bebé, te imaginas? Qué va. La hubiese elegido de ser la única opción, pero no. Elegiré la de la sirvienta celestial.

—No me gusta —dijo Bautista, que habló por primera vez.

—A mí tampoco es que me apasione la idea —comentó Mordecai—.

Suele ser un trabajo bastante cómodo, eso sí.

Esto está montado de manera que si le haces daño a un sirviente, sufras lo indecible.

Se consideran PNJ muy valiosos. De hecho, los mazmorreros no pueden hacerles daño debido a un incidente que tuvo lugar hace mucho tiempo.

Es algo que pasa con regularidad, sobre todo cuando empiezan los juegos.

Casi todos los sirvientes son antiguos mazmorreros de alto valor.

El Maestro sí que podrá hacerle daño, así como muchos patrocinadores cuyos amigos posiblemente sufrieron una desgracia económica cuando inundaste Larracos.

Y eso sin mencionar a los cazadores que mataste.

¿Quién sabe si habrá miembros de sus familias entre los patrocinadores de las deidades?

Aceptar esa bendición será como entrar en un nido de víboras.

—Prometió que me protegería —aseguró Katia—. Me ha comentado que el resto de las deidades tienen mejores cosas que hacer que preocuparse por una mazmorrera.

—¿Y entonces por qué tiene tanto interés en ti? —preguntó Bautista.

—¿Cuántas hay por allí, normalmente? —pregunté—. Deidades patrocinadas, quiero decir.

Mordecai se encogió de hombros.

—Sobre unas cien o así. Hay miles de deidades, pero solo algunas de ellas son aptas para los juegos de la Ascendencia. El poder de las deidades individuales varía mucho. Diría que esa nueva norma de los secuaces sirvientes es para atraer más jugadores.

—Un momento —dijo Dónut—. Estoy muy confusa. Entonces, esa señora Huanxin de seis ojos vio que Katia había recibido esa caja y patrocinó a Ilitía para… ¿qué? ¿Para tenerla de sirvienta? ¿Esa es la única razón? ¿Qué es eso de los secuaces sirvientes?

—Huanxin Jinx es una conspiradora —explicó Mordecai—.

Como Circe y Vrah, pero a otro nivel. Parece que esta temporada las deidades pueden reclutar a una segunda deidad sin patrocinar para que les ayuden una vez den comienzo los juegos de la Ascendencia en el duodécimo piso.

No hay tanta violencia como pueda parecer, sino que más bien se depende mucho de la intriga y de las acciones bien calculadas.

Aunque también hay violencia, claro. Sobre todo al final.

El noveno piso es el patio de juegos de los gobiernos y de los ricos, pero el duodécimo es donde juegan las verdaderas élites.

El dinero que se gasta allí escaparía a vuestra comprensión.

Y algunas deidades pueden llegar a ser muy implacables en sus formas de reclamar el trono.

La secuaz de Ilitía parece ser Yemaya, y Huanxin necesitaba una manera de resucitarla.

Para ella, es parte del juego. Vosotros la ayudasteis y ahora dice que os devolverá el favor. ¿Qué más quiere que hagas?

—¡Quiere que cacemos arañas! —dijo Dónut—. Es… No sé… Qué asco.

—En mi opinión, os ha encargado una misión muy simple para tener la posibilidad de daros otra bendición sin que sea necesario que la adoréis.

—Sé que el ganador de la Guerra de Facciones no se lleva nada. Pero ¿qué se gana con la Ascendencia? —pregunté.

—Primero, el ganador de la Guerra de Facciones se lleva un buen premio en metálico.

Pero suelen gastarse la misma cantidad en prepararse para el juego.

Creo que os lo he dicho en algún momento.

El dinero les da igual, lo que les importa es presumir de haber ganado.

El ganador de la batalla de la Ascendencia consigue un puesto de diez temporadas en el consejo del mazmorreo.

Y, al estar sentado durante treinta ciclos en uno de los puestos de un subcomité, también recibes una pensión, así que puede llegar a ser muy lucrativo.

Pero los que participan lo hacen por la gloria, en realidad.

Ninguno necesita el dinero. Los auténticos ganadores de todo esto son los corredores de apuestas.

Dónut soltó un grito ahogado.

—Un momento. ¿Ganaremos dinero si vencemos en la Guerra de Facciones? ¿Cuánto? Carl, ¿has oído eso?

En el caso de ganáramos, estaba muy seguro de que el dinero iría a parar al club de fans de Dónut y no a nosotros. Y un quince por ciento para Quasar, claro. Pero no me apetecía hablar del tema en aquel momento.

—Háblame de ella —dije—. De Huanxin.

El único ojo de Mordecai se centró en mí.

—Es rica, obviamente. El tipo de persona rica a la que acuden los gobiernos cuando necesitan un préstamo.

Y también es muy muy inteligente. De joven se la tenía por una niña mimada, pero parece que ha madurado.

Es directora ejecutiva de una empresa llamada Industrias Icono, que se dedica a algo llamado estructuras habitacionales.

Pertenece a una especie llamada grixistas.

Lleva jugando a la Ascendencia desde hace muchísimo tiempo.

Desde que era una niña, en realidad, pero no ha ganado nunca.

Hace mucho tiempo le impusieron una suspensión de varias temporadas y le prohibieron usar a su antigua deidad por sobornos ilegales.

—¿Soborno? —pregunté.

Mordecai asintió.

—No quiero hablar más de ese tema.

—Parece que no te cae muy bien.

—No me cae bien, no. No me gusta ni lo más mínimo. Por mí, como si le dan por culo.

La rabia de Mordecai me sorprendió.

—Si la odias tanto, ¿por qué me dijiste que la obedeciese en todo?

Mordecai se inclinó hacia delante.

—Porque la última vez que alguien no la obedeció, mi hermano acabó muerto. Preferiría que te mantuvieses alejado de ella, pero está claro que no va a poder ser.

—Cielos, Mordecai. ¿Tu hermano? ¿Qué ocurrió? —preguntó Dónut.

—Eso no es importante —dijo él.

En realidad, era muy importante. Independientemente de cuáles fuesen los motivos de esa mujer, estaban relacionados con Odette, y ahora nos había arrastrado directos hacia sus rencillas.

Conocía a Mordecai lo bastante bien como para saber que no iba a darnos más información así porque sí, y yo no podía contarle lo más importante…

, que esa alienígena estaba ideando una forma de que Odette llegase al planeta cuando las protecciones estuviesen desactivadas.

Nada de eso iba a importar si no matábamos a todos los integrantes del Sultanato de Sangre, pero ese sería un problema para el siguiente piso. Ahora mismo, la prioridad era conseguir la flor que había dentro de la caja.

—Rompiste el primer sello cuando mataste a Eva —dije—. Doy por hecho que el segundo se rompió al mismo tiempo, ¿no? Cuando matamos a Imogen.

Katia asintió.

El último sello requería que encontrase un lugar llamado gremio de Sufrimiento. El tatuaje que tenía en el codo me daba acceso al mismo lugar. Mordecai había comentado que estaba relacionado con una semidiosa parecida a Samantha llamada la Sierpe Nocturna.

La caja seguía sobre la mesa. Sentía un latido en el codo cada vez que la miraba.