Capítulo 18
C ARL : Mordecai, voy de camino al club Vencedor. Dónut te pondrá al día de todo lo que acaba de pasar. Una de las diosas que hemos conocido está patrocinada. Ilitía. Nos ha dado una misión. Su verdadero nombre es Huanxin Jinx. Cuéntame todo lo que sepas sobre ella.
Mordecai no respondió durante un buen rato.
M ORDECAI : Haz todo lo que te diga. El resto te lo contaré cara a cara. Katia y Bautista están por aquí y ella me ha contado algunas cosas. Esperaremos a que vuelvas antes de decidir qué hacer a continuación.
Atravesé la puerta y entré en un pequeño vestíbulo.
Entrando en el club Vencedor. Solo para miembros.
Los paganos no encontrarán consuelo en este lugar.
La estancia era parecida a la zona de entrada del club Desperado, donde hacía guardia Clarabelle la cocodriliana, pero estaba mucho más limpia y bien iluminada.
Una música tranquila y beatífica salía de la puerta contigua, donde había una vidriera de colores con la imagen de un ángel alado alzándose hacia un árbol invertido.
Algunos de los cristales de la vidriera estaban resquebrajados.
Un clérigo con túnica y cabeza de carnero protegía la entrada.
La criatura blanca y peluda estaba rezando de rodillas.
Tenía unos cuernos enormes y curvados en la cabeza y me recordó al instante a Prepotente.
Estaba girado hacia la vidriera, dándome la espalda.
Un símbolo le relucía en llamas sobre la cabeza. Gruñí al verlo.
Potsy. Clérigo guerrero ares medio sacerdote. Nivel 40.
Aviso: Este PNJ venera a Hellik. Te será hostil automáticamente porque tú veneras a Emberus.
Aunque, francamente, estos ares ya odian a todo el mundo de por sí, así que es probable que no notes la diferencia.
Es un clérigo de alto rango de Hellik. Recibirás una bendición de Emberus si matas a este PNJ. Es probable que no te convenga hacerlo en el club, eso sí. Aquí no se permiten esas cosas.
Potsy y sus hermanos se toman muy en serio lo de proteger las puertas.
Son unos veinte y se pelean entre sí de verdad por tener la posibilidad de hacer guardia.
No te molestes siquiera en intentar diferenciar a los hermanos.
Se pasan todo el tiempo que hacen guardia mirando y rezando a la imagen de la puerta que tienen delante.
Creen que la imagen de la vidriera representa a Hellik revelándole la verdad a Apito, signifique lo que signifique eso.
En realidad, el de la puerta es Taranis, el hermano mayor de Hellik y esposo de Apito.
Todo el mundo sabe que se supone que es Taranis.
El tipo que hizo la vidriera dijo que era Taranis.
Pero ellos se niegan a creerlo o a cambiar de opinión.
Diría que es un hecho que deja bastante claro todo lo que necesitas saber sobre esos tipos.
Solo había visto a una de esas criaturas una vez anteriormente, en el cuarto piso.
El libro de cocina no decía prácticamente nada sobre el club Vencedor.
La mayor parte de las personas que recibían el libro eran propensas a acabar en el club Desperado y lo habitual era que no se pudiese entrar en ambos clubes.
Solo unas pocas deidades y algunos tipos de bardo tenían la posibilidad de conseguir acceder a los dos sitios. Iba a ciegas.
El carnero siguió rezando mientras me tenía de pie al lado. Una bolsa que tenía en la espalda estaba a punto de estallar.
—Hola —saludé.
Potsy el carnero alzó su mano con apariencia humana, un gesto para indicarme que esperase. Me siguió dando la espalda y continuó rezando en silencio.
—Arg. —La bolsa que tenía en la espalda estalló y sentí como si alguien me hubiese arrancado una tira de piel.
Un chorro de pus y fluidos empezó a caerme por detrás hasta la parte baja de la camisa.
Empezó a gotear en el suelo. La babosa había quedado atrapada entre la camisa de piel de trol y mi cuerpo.
Cada vez que aparecía una nueva babosa, dolía un poco más. Y me hacía más daño. El dolor empeoraba por momentos.
La babosa empezó a agitarse y a gritar detrás de aquella tela gruesa.
Consiguió arrastrarse hasta caer al suelo, donde salpicó con un ¡plaf!
muy estruendoso. Tenía nivel 10 y era del tamaño de mi mano.
También parecía que llevase una especie de grelos largos teñidos de violeta.
Le di un pisotón y la aplasté. Gritó antes de morir.
Un hedor horrible como a alcantarilla inundó la pequeña estancia.
Potsy se dio la vuelta al fin. Soltó un gritó ahogado al ver cómo me limpiaba el pie en las baldosas limpias. Un mejunje negro, blanco y púrpura se extendía por el suelo, como si acabase de aplastar una berenjena podrida.
—Por Hellik, ¿qué era ezo? ¿Te haz meado en el zuelo? —El carnero tenía una voz aguda y nasal. Y también ceceaba mucho.
Me percaté de que tenía otra bolsa en la parte alta del muslo, debajo de los gayumbos y demasiado cerca de la entrepierna. Los bóxers se abultaban cada vez más, lo que daba una impresión muy equivocada de lo que estaba pasando allí abajo en realidad.
—Tío, no tengo tiempo. Tengo que entrar ahora mismo y hablar con un sanador.
El clérigo se puso en pie y me miró de arriba abajo. Los ojos de carnero se abrieron de par en par al ver el bulto que tenía en los gayumbos. Dio un paso atrás.
—No tienez un anillo de aczezo. No erez bienvenido. Márchate antez de que llame a loz guardiaz.
No podía apartar la vista de mis bóxers.
Apreté los dientes.
—Adoro a Emberus. Sí que puedo entrar.
Soltó un balido de asco.
—Ah, erez uno de ezoz. Tienez aczezo limitado. Ze te pondrá ezcolta cuando eztéz dentro y tienez que dezir con antelazión adónde quierez ir. Tendráz que rellenar un formulario… —Se quedó en silencio. No había apartado la vista de mis gayumbos—. ¿Ezo qué ez? ¿Qué tienez ahí?
¡Pop!
Gruñí de dolor mientras un chorro de pus me resbalaba por la parte delantera de los bóxers y se derramaba al suelo.
—¡Por loz diozez inmortalez! —aulló el guardia horrorizado. Se alejó hasta apoyarse en la puerta y empezó a buscar el picaporte sin mirar.
La babosa empezó a deslizarse por mi pierna, pero yo volví a gritar de dolor cuando me mordió el muslo. No dejaba de agitar la cola de un lado a otro por la parte baja de los gayumbos.
—Se supone que no debes hacerme daño, mierdecilla —gruñí mientras intentaba agarrarla.
La babosa empezó a farfullar algo e intentó zafarse sin sacar las fauces de mi carne.
Intenté agarrarla mejor metiéndome la mano bajo la tela de los bóxers.
Agarré al fin la cola caliente y viscosa y tiré con fuerza, pero se me resbaló la mano y solo conseguí salpicar el vestíbulo y la túnica del carnero con un mejunje naranja y apestoso.
Gruñí de dolor. Volví a extender el brazo y a agarrarla. En esta ocasión la afiancé bien.
—¡Joder! —grité al arrancármela y lanzarla lejos. Chocó contra la vidriera que se encontraba junto a la cabeza del carnero, quien seguía con la boca muy abierta. Allí explotó y lo llenó todo de entrañas. Por suerte no rompió el cristal.
Pasamos varios segundos en silencio mientras me curaba. Empezó a formárseme otra bolsa, esta justo en el centro del vientre. Cada vez tardaban menos.
El carnero se me quedó mirando la pierna y la sangre que me chorreaba por ella. Entreabrió un poco la puerta.
—¿A-acabaz de arrancarte el pene y lanzármelo?
—Y voy a hacerlo otra vez como no me dejes entrar.
—Pero ¿no ves que tiene la baboruela? ¡Apártate y déjalo entrar!
—gritó otra voz de alguien que abrió la puerta del todo.
Era una criatura humana, de más edad y con una túnica larga y roja.
Mediría un metro cuarenta, pero no tenía el cuerpo ancho ni la cara de un enano.
Parecía una persona normal a la que hubiesen encogido.
Tenía el pelo largo y blanco y me recordó al típico mago, como si fuese una mezcla extraña entre Gandalf y un hobbit. Veneraba a Emberus.
El tipo empujó a Potsy y me indicó que entrase.
—No ha rellenado loz documentoz —dijo Potsy.
—Sí, sí, ya nos encargaremos de eso después. ¿No ves que es una emergencia? ¿O prefieres que se quede por aquí mientras vas a buscar el formulario?
El carnero baló con tono lastimero.
—Tal y como creía. Venga, Carl. Entra. Te hemos estado esperando. Sígueme.
Examiné al tipo. La descripción de la IA era extraña. Empezaba normal, pero la voz sonaba más y más emocionada a medida que iba hablando. No tenía muy clara la razón.
Padre Carbón. Retaco. Sumo sacerdote supremo de Emberus. Nivel 101.
Se trata de un PNJ no combatiente.
Lo primero que debes saber es que se trata de un retaco.
Por si no te habías dado cuenta, es un término genérico para designar a un humano pequeño.
No tienen los pies grandes y peludos de los medianos ni las orejas puntiagudas de los elfos.
Y su cuerpo es proporcionalmente más pequeño a los de los humanos de la Tierra, a excepción de su ego y de su temperamento.
No suelen sobrevivir en las ciudades porque siempre empiezan peleas y consiguen que les den una buena paliza.
El padre Carbón es, en su mayor parte, una excepción.
Este clérigo de temperamento relajado está a cargo de la capilla o las capillas de Emberus del club Vencedor.
Es uno de los pocos mortales que está en contacto constante con la deidad.
Como adorador de Emberus, tendrás que besarle el culo.
Pero primero hay una costumbre a la que tiene que someterte.
Oh, sí… Una costumbre.
Oh, sí.
No me gustaba cómo había sonado eso.
—¡Te vamoz a eztar vigilando! —gritó Potsy mientras yo seguía al tipo—. Recuerda laz normaz.
—Que te den, apóstata —murmuró el padre Carbón justo antes de cerrar de un portazo.