El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 17 #2
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Capítulo 17 #2

—Me alegra que te guste, pequeña Dónut. No he podido evitar darme cuenta de que aún no veneras a una diosa. ¿Podría quizá convencerte de que venerases mi altar? Habrá muchos más premios para ti.

—Pues… tendré que pensármelo —dijo Dónut—. Pero muchas gracias.

Yemaya asintió y señaló a Bomo.

—Tú. Acércate.

Bomo gruñó y dio un paso al frente. Los pies le chapotearon en el agua que seguía derramándose de la fuente.

La diosa extendió el brazo y le puso una mano palmeada sobre el hombro.

—Eres quien reconstruyó mi capilla.

—Ser fácil. Más fácil que Tetris .

—Te daré lo que desees, mientras sea algo que esté en mi mano. ¿Qué es lo que quieres?

Bomo se lo pensó durante unos instantes.

—Querer más juegos —dijo al fin. Se quedó en silencio—. No. Querer el Mazo. Echar de menos a mi amigo.

—¿Echas de menos a tu amigo? ¡Pues volveréis a estar juntos! ¿Dónde se encuentra?

—Estar en Larracos —explicó Bomo.

—Hecho —dijo Yemaya y, en ese momento, Bomo parpadeó y desapareció.

Así. Sin más.

«Me cago en su…».

Mongo gimoteó.

Intercambié una mirada con Dónut. ¿Qué acababa de pasar? ¿Había teletransportado a Bomo al noveno piso? Lo necesitábamos. Necesitábamos su conjuro para llevarnos hasta las escaleras. Cagondiós.

—Yo también tengo una bendición para cada uno de vosotros —dijo Ilitía—. Y una misión para Carl, quien venera a mi buen amigo Emberus.

Me envaré.

—No sabía que te daban misiones de deidades cuando venerabas a otro dios.

La mujer peluda alienígena sonrió y se sintió incómoda de repente.

Alzó una mano y una luz amarilla y suave iluminó el templo.

La luz de la benevolencia te llena de paz. Se te ha concedido una bendición de piso. Dicha bendición permanecerá activa durante el resto del piso mientras conserves el favor de Ilitía. Puede quitarte la bendición en cualquier momento.

Protección contra Posesión espiritual.

+10 % de Velocidad de sanación.

+10 % de Constitución.

—Guau —dijo Dónut—. Es fantástico. Las dos sois unas diosas magníficas. Mucho mejores de las que habíamos conocido hasta ahora.

—Toma, Carl —dijo Ilitía—. Una cosa más. Esto es para tu grupo.

¡Nueva misión! Arañas.

Aviso: Esta misión pertenece a una deidad que no veneras. No es necesario que la completes, pero quizá le siente mal que la ignores.

Mata a cinco arañas en mi nombre todos los días hasta que te pida que dejes de hacerlo.

Recompensa: Te daré otra bendición.

La misión, excepto la parte del aviso, sonó con la voz de Ilitía.

—Anda —dije al tiempo que intercambiaba una mirada con Dónut.

—¿Matar arañas? —preguntó Dónut, confusa—. ¿Tiene que ser algún tipo de araña específica o sirve cualquiera? Antes vi una pequeña ahí fuera, sobre una de las lápidas, pero no estoy segura de si está ahí de verdad o si es parte de los fantasmas de los recuerdos esos.

—Los fantasmas de los recuerdos no funcionaban en el cementerio, no te olvides.

—Ah, sí —dijo Dónut—. Entonces va a ser muy fácil.

I LITÍA : Carl, el sistema no tiene permitido monitorizar este mensaje.

No respondas, porque verán tu respuesta.

Es un mensaje de deidad y desaparecerá. Esa misión no es más que una tapadera.

Me permite enviarte mensajes y también darle a tu grupo otra bendición.

Si quieres salvar a Katia y a Dónut, escúchame.

La misión que te he dado no es de verdad, pero tienes que completarla igualmente.

Si me has entendido, ráscate el brazo izquierdo.

Me encaré. Cuando terminé de leer el mensaje, otra babosa brotó de mi cuerpo.

En esta ocasión, Mongo sí que consiguió hacerse con ella, aunque ya empezaba a verse obligado a masticar.

También me dio tiempo a copiar y pegar el mensaje en mi bloc de notas.

Gracias a Emberus, sabía que Ilitía tenía razón.

Los mensajes de deidad desaparecían cuando los cerrabas, pero sí que te dejaba copiarlos y pegarlos.

Me rasqué el brazo izquierdo.

I LITÍA : Bien. Cuando Odette entre en órbita, te va a ofrecer ser la asistente de tu equipo en la Guerra de Facciones.

Solo lo hace porque cree que es imposible que consigáis los votos para desactivar la protección de los equipos.

Cree que tu verdadero objetivo es llegar a un acuerdo para activar las protecciones para todos los mazmorreros en el noveno piso.

Era la verdad, pero no se lo había dicho a nadie en voz alta. El mensaje continuó.

I LITÍA : Cuando Odette te haga la oferta, quiero que la aceptes. Si lo haces, me aseguraré de que consigues los votos para desactivar la protección en el noveno piso. Llevo viéndote el tiempo suficiente como para saber qué es lo que prefieres. Sé qué es lo que quieres en realidad.

Nunca permitirán que los mazmorreros estén protegidos, que lo sepas, por lo que no perderás nada si me ayudas.

También solucionaré fácilmente el problema con la Corona mágica de la furcia de la septicemia.

Ya has visto de qué es capaz una deidad que se encuentra en su templo.

Ha sido capaz de teletransportar a ese cretino al noveno piso.

En algunos casos, una deidad que se encuentra en su templo tiene más poder que la IA.

No le cuentes a nadie que hemos hablado.

En voz alta, al menos. Y tampoco uses ese sistema tan obvio del baño.

A nadie. Ni a la gata ni muchos menos a Odette o a Mordecai.

Tampoco lo comentes con Katia, aunque ella conoce el acuerdo.

Te explicará lo que pueda, pero esta parte del trato solo es entre tú y yo.

Y nadie más. Si mencionas cualquier cosa, se acabó.

Y me aseguraré de que todas las personas que has conocido muerdan el polvo.

Pero si haces lo que te pido, seré una gran amiga, durante el mazmorreo y después de él.

Me aseguraré de que sobrevives hasta el duodécimo piso, donde Katia, la gata y tú me ayudaréis a reclamar el Trono Celestial de una vez por todas.

Y luego te haré una oferta de salida muy generosa.

Siempre ayudo a mis amigos, Carl. Y hago añicos a mis enemigos.

Pregúntale a Mordecai sobre mí. Él lo sabe bien. Pero, como he dicho, no le hables del trato ni de esta conversación.

Si estás de acuerdo, quiero que le digas a la gata que ya es hora de que te cures esa asquerosa baboruela.

Respiré muy muy hondo. Era mucha información que procesar. Mucha. ¿En qué lío nos había metido Katia? ¿Qué tenía que ver esa mujer con Odette?

Copié y pegué la conversación en mi bloc de notas secreto antes de que desapareciese.

—Dónut —dije—. Tengo que entrar al templo y librarme de estas babosas lo antes posible.

C ARL : Dónut, quiero que vayas a una estancia segura. No te quedes a solas con sor Inés.

D ÓNUT : MUY BIEN. PERO TIENES QUE PREGUNTARLE A KATIA QUÉ ESTÁ PASANDO. NO ME CUENTA NADA. ESTÁ ACTUANDO DE FORMA MUY EXTRAÑA.

—Por… ¡por todos los dioses! —gritó otra voz.

Todos nos giramos para ver al recién llegado que acababa de entrar al templo.

Parecía un ghommid normal y corriente, pero actuaba como cualquier PNJ en realidad.

Era un hombre achaparrado que llevaba una túnica etérea.

Parecía casi humano, a excepción de la cola peluda que le sobresalía por detrás. Cayó de rodillas y empezó a gimotear.

—Supongo que está lloriqueando por ti y no por mí, Yemaya —dijo Ilitía—. Me marcho. Nos vemos en los Salones.

Y la deidad desapareció sin más.

Sentí que otra babosa estaba a punto de brotar de mi cuerpo. Yemaya me miró y señaló la entrada del club Vencedor.

—Será mejor que entres —dijo la diosa antes de desaparecer por completo.

Ambas deidades han abandonado el piso.

La hija del carroñero ha cerrado los ojos. El beneficio desaparecerá y se disipará por completo durante los próximos diez minutos.

Sor Inés estaba arrodillada junto al cuerpo de Antón.

Acababa de saquearle todo lo que llevaba encima.

Se alzó y se marchó a toda prisa del templo, pasando sobre el PNJ, que seguía en el suelo.

No dijo una palabra más. Grité para que me esperase, pero me ignoró.

Salió a la oscuridad de la noche y desapareció.

La bolsa que tenía en el dorso de la mano estalló y salpicó el suelo. La babosa tenía algo que parecía un hacha pequeña pegada a un costado. Gritó cuando Mongo la partió por la mitad.

Dónut y yo nos acercamos a la entrada del templo, pasando también por encima del ghommid gimoteante.

Había varios PNJ en el exterior, paseándose como si estuviesen conmocionados.

El pueblo se había transformado, aunque todavía era un cementerio.

Todos los mausoleos se habían convertido en establecimientos.

No vi a sor Inés, pero sí que me fijé en que su punto se dirigía hacia la entrada del cementerio en el minimapa, en dirección a la Habana.

—Pobre Antón y pobre Paz —dijo Dónut. Me dedicó una mirada penetrante—. Sobre todo Paz.

—Venga, escúpelo ya —espeté.

—Te lo dije, Carl —continuó la gata—. Te lo dije. Ahora vamos a tener que estar pendientes de ella todo el rato.

Empezó a gruñir y a quejarse de los habana brown.

Suspiré. Envié un mensaje a Katia para reunirnos en la estancia segura cuando yo volviese del club Vencedor. También le comenté que no le dijese nada a Dónut.

La gata me dio un suave cabezazo de lado.

—Ahora, date prisa y vete a que te curen. Como sigas así vas a conseguir que a Mongo le duela la tripita. Es asquerosísimo.