Capítulo 14 #2
Un ghommid de seis patas parecido a un zorro salió de repente de entre la niebla, al parecer ajeno al efecto aturdidor de los misiles.
Intentó saltar sobre Dónut y sobre mí para llegar hasta Paz, pero conseguí darle con el guantelete y lanzarlo a un lado.
Dónut disparó un proyectil mágico a otra de esas cosas, una parecida a un pez.
La hija del carroñero se ha alimentado. Desata su rabia.
Había matado a suficientes como para volver a llenar la barra del parche de la espalda. En esta ocasión, toda la esencia era prácticamente de esos ghommid, lo que hacía que la barra fuese negra.
—Os protegeré. Os protegeré, pequeños míos —cantó Dónut desde mi hombro, con una voz algo electrónica debido al autotune—. ¡Con mi voz angelical y mi tonadilla excepcional!
¡Eres más flexible! ¡La Destreza de tu grupo ha aumentado un 50 %!
—Madre mía. Ha funcionado —dije mientras nos aumentaba la velocidad.
—Claro que ha funcionado, Carl —aseguró Dónut mientras rebotaba en mi hombro, con voz aún amplificada y afinada por el autotune—.
Ahora, silencio. Tengo que cantar otra estrofa para que no se disipe.
Corred, pequeños míos, corred por la ciudad.
Hummm. —Gimoteó un poco insegura—. ¡A Carl le molan las damas con una buena pechonalidad!
La mejora de destreza del grupo se ha cancelado porque vuestra barda no sabe mantener la afinación. Por el bien de todos, ha quedado silenciada durante cinco minutos.
—¡Eh! —gritó la gata. Se quitó el pinganillo al momento.
Bomo disparó dos misiles de humo más frente a nosotros. Después dos más desde el otro hombro. Aquellos eran los de un solo objetivo. Los misiles siseantes trazaron un arco en el cielo, giraron en círculo e impactaron contra unos objetivos aullantes que se nos acercaban por detrás.
El templo se materializó en ese momento, emergió entre la oscuridad reluciente como una bestia ruinosa.
El edificio amarillo y octogonal tenía un aspecto muy siniestro en la oscuridad.
Había una única puerta abierta debajo de un arco.
La puerta podrida colgaba suelta por una única bisagra, como si fuese un diente picado.
Asojano se apresuró hacia la entrada, se quedó quieto y luego nos gritó para que lo siguiésemos.
Después desapareció en el interior y dejó la puerta allí colgando.
Frente a nosotros, Antón cayó de bruces al suelo al tropezar con un bordillo oculto.
Desapareció entre la niebla. La carretera terminaba justo antes del templo, pero no veíamos el suelo.
No veíamos nada a más de veinte metros, de hecho.
Sor Inés se inclinó para ayudarlo a levantar mientras disparaba rayos a los ghommid a nuestro alrededor.
Bomo también disparó los últimos dos misiles aturdidores, uno justo delante de nosotros para despejar el camino.
Un ghommid alto con la cabeza de un burro apareció de la oscuridad, con una velocidad que me sorprendió.
Hice clic instintivamente en el Beso de la Hija, que me vació la barra de esencia, y luego destrocé a la criatura con el puño.
Esperaba que explotase como la última vez que había usado el conjuro, pero en esta ocasión la cabeza le estalló como si acabase de resquebrajar un jarrón de cerámica.
La cabeza de burro cayó al suelo y rebotó unas pocas veces.
Pero no conseguí matarlo. Ambas partes, la cabeza y el cuerpo, volvieron a la vida y empezaron a atacar.
Unos tentáculos brotaron del agujero en el cuerpo sin cabeza de esa cosa y se dirigieron hacia nosotros.
En ese mismo instante, un cuerpo de serpiente grande y a rayas salió del cuello de la cabeza de burro decapitada, tras latiguear de un lado a otro para salir.
El cuerpo de serpiente era enorme, de al menos tres metros de largo, tanto como una boa constrictora.
Y había salido de la nada. Desperdicié unos segundos muy valiosos mirándolo con la boca abierta mientras Antón, que aún se estaba poniendo en pie, empezaba a gritar.
—Pero ¡qué cojones! ¡Qué cojones, joder!
El burro me siseó y reptó hacia delante, momento en el que Dónut lanzó un proyectil a la otra mitad, el cuerpo tentacular.
El impacto lo hizo caer en la niebla y le separó dos extremidades más antes de desaparecer en el suelo.
Me centré en aquel burro serpiente. Usé Garrazo, recé para que no se me congelase el pie e intenté aplastarle la cabeza.
Se movió a la velocidad del rayo y consiguió evitar la patada. Aquella cosa no era como las demás. Era rápida. Estuve a punto de caerme hacia atrás después de dar la patada, en plan Charlie Brown. El burro soltó un aullido cuando recibió el impacto de un rayo de sor Inés.
Había estado a punto de atacarme. La monja me había salvado la vida.
—¡Vamos! —grité mientras señalaba la puerta y empezaba a moverme. El suelo había pasado de ser una carretera a césped húmedo y resbaladizo. Nos abrimos paso a duras penas hacia la entrada. La mayoría de las criaturas estaban aturdidas por el humo, pero unas pocas eran inmunes o lo habían resistido.
—¡Venga! —gritó Antón.
Seguimos caminando hacia la puerta destrozada del templo.
Empujé a Bomo para que avanzase frente a mí y acercase a Paz a sor Inés, para que ella lo curase.
Los demás entraron uno a uno. Dónut se bajó de mi hombro para pasar al templo, maullando desesperada cuando empezó a deslizarse por las baldosas del interior.
Me giré para enfrentarme a los monstruos restantes.
El puñetero burro serpiente seguía acercándose, inmune sin duda al efecto del humo. Al fin me di cuenta de que aquel tenía mucho más nivel que los demás. Sor Inés había estado a punto de matarlo, y la salud baja le parpadeaba en rojo. No había dejado de aullar, esta vez con la vista centrada en mí.
La IA puso un tonó burlón y despectivo.
¡Logro desbloqueado! ¡Llorica!
¡Estás Aterrado!
Vaya. ¿Y esto ahora? ¿Por qué eres tan llorón? Oooh, ¿el bebé meón se ha hecho pipí encima? ¡No podrás mover las piernas hasta dentro de quince segundos o hasta que ese monstruo horrible esté muerto!
Recompensa: No recompensamos a los que se mean encima en público.
No me había meado encima. De hecho, no tenía miedo.
Sí que estaba enfadado porque la situación de mierda en la que nos encontrábamos había sido más complicada y peligrosa de lo que esperaba.
Me pareció algo interesante en lo que pensar, pero no tenía tiempo.
Saqué una bandera del inventario, la agarré como si fuese una daga y apunté hacia el burro fantasma cuando este se abalanzó sobre mí. Dejé que la bestia se empalase sola.
La fuerza del golpe me tiró hacia atrás y caí dentro del templo. Me choqué contra el suelo de baldosas y me deslicé por él, con la carta en la mano después de que la desventaja hubiese desaparecido. Me detuve entre unos escombros tras hacer que Dónut gritase y se apartase de mi camino.
Entrando en la Iglesia de los Olvidados.
Combate completado. Se ha reiniciado el mazo.
Gruñí y alcé la vista. Sentía el cuerpo pesado, y la luz de la luna se proyectaba a través de un agujero que había en el techo. A pesar de la puerta rota, los ghommid no habían entrado. Parecía como si se estuviesen alejando.
Daba la impresión de que aquello había sido un vestíbulo de entrada en el pasado, pero la pared interior parecía haberse derrumbado y el lugar se había convertido en una estancia diáfana.
Detrás de mí empecé a oír toses que reverberaban un poco.
Olía a tierra y a podredumbre. El suelo lleno de barro estaba cubierto de moho.
Dónut lanzó el conjuro Antorcha, cuya luz iluminó el lugar con un resplandor amarillo y reveló un techo de madera también cubierto de moho.
—He lanzado un conjuro para que no puedan entrar durante un tiempo —gritó Asojano—.
Aquí dentro soy más fuerte. —Me giré para mirar y vi que estaba en la parte trasera del templo, de pie sobre una pila de rocas que brillaban con una tonalidad verde en su presencia—.
Esta es mi capilla. Dadme un momento para prepararlo y después podrás acercarte para arreglarla, santero.
Me fijé en la carta roja que tenía en la mano. Dónut se acercó para mirarla.
—Carl, ¡por qué le clavaste la bandera a esa cosa! ¡Es fea! ¡Y qué clase de nombre es ese!
—Era fuerte de cojones —dije—. Es un monstruo raro. Era diferente a los demás. Hemos tenido suerte.
—Extraño sí que es —insistió—. ¿Y ese nombre? Menuda estupidez. Deberían dejarnos cambiarles los nombres.
Carta T’Ghee. Rara.
Carta tótem.
Skylar Espinaca. Dos terceras partes de un ghommid enfurecido separador.
Nivel: 66.
Origen: Cuba.
Duración de la invocación: 60 segundos.
Constitución: 90*.
*Esta criatura es un separador. Se romperá en dos partes tras recibir un golpe mortal, una de las cuales será la principal. Seguirá dividiéndose hasta que la parte principal se mate un total de dos veces. Cada iteración de la principal tendrá más Constitución.
Es una criatura incorpórea.
Es una criatura que inflige aflicciones.
Ataques destacados:
Congelar.
Esquivar.
Aterrar.
Dividirse.
+5 habilidades y conjuros adicionales.
En la pestaña de detalles del pelotón de tu interfaz tienes una lista completa de características, habilidades y conjuros.
Aviso: Tienes espacios vacíos en tu pelotón. La carta se activará y se colocará este tótem automáticamente en tu pelotón al recogerla. No podrás quitar ni cambiar miembros del pelotón hasta que este se llene. Si quieres quitar una carta antes de que el pelotón esté lleno, tendrás que romperla.