El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 12 #3
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Capítulo 12 #3

—Princesa Dónut, te mostraremos algunas escenas de series. Limítate a gritar los números.

Dónut dio un brinquito en la silla y alzó la vista hacia las pantallas. Le encantaban ese tipo de cosas.

—La número uno no, por Dios. Ni siquiera sé de qué serie es. ¿Dónde está el resto de la camisa de ese tipo?

—Es de Corrupción en Miami —dije.

—¿La serie donde ese tipo tiene un Florin de mascota en su barco? Solo vi unos pocos episodios.

Me reí.

—Esa, sí.

Mientras miraba las pantallas, Quasar aprovechó la oportunidad para ponerse en pie y acercarse a mí.

—Una cosa, chico —dijo hablando muy rápido—.

No es que pueda decir mucho si no quiero tener problemas legales, y menos aún con ese tipo ahí detrás.

No te puedo responder gran cosa, por lo que cierra bien el ojete y escucha con atención.

Están pasando muchas cosas con el tema de la Guerra de Facciones.

El castillo de tu equipo ha aterrizado en mitad del campo de batalla de la Insaculación Lemig y ha aplastado a la mitad de su ejército.

—No, no. La número seis es de Las chicas de oro . Me gustaba esa serie, pero ¿por qué tenían todos los muebles de mimbre? —Dónut miró hacia atrás—. Zev, ¿has visto Las chicas de oro ? Creo que mi favorita era la más zorra.

—Me encantó —comentó Zev un momento después. Había dejado de mirar la tableta para centrarse en las pantallas, con un gesto extraño en el rostro. Heraldo nos fulminaba con la mirada a Quasar y a mí.

—La número siete está bien —continuó Dónut—, pero es de Las chicas Gilmore .

Es del episodio de las vacaciones de primavera.

Creo que la número ocho es de Dexter . A Carl le gustaba esa serie, pero en mi opinión está bien sin más.

¿Sabíais que, en la vida real, el tipo estaba casado con su hermana en la serie?

Es muy raro, ¿verdad? Al menos no era al revés.

Creía que ibais a ponerme imágenes de Gossip Girl , la verdad.

—Soltó un grito ahogado—. ¡La diez es de Jane the Virgin ! ¡Me encantaba esa serie!

Quasar siguió hablando.

—Esos necrófagos que han aparecido debido al conjuro Zerzura siguen dando problemas, pero la mayoría de vuestro ejército ha conseguido escapar y se ha asentado en vuestro campo de batalla.

La Lemig se ha apostado en ese castillo élfico ruinoso y lo están usando como fortaleza, pero todo el mundo dice que están bien jodidos.

¿Sabíais que su comandante sigue atrapado en el club Desperado?

Han puesto una reclamación asegurando que el lugar donde cayó el castillo podría considerarse un ataque, pero conseguimos librarnos asegurando que había sido decisión de la IA.

Esos gólems que son tatuajes del recuerdo que te dio la señorita Signet siguen por ahí.

A la gente le gusta mucho el tiburón. Tina sigue convertida en alosaurio y no deja de provocar problemas.

Lo de su madre es otra historia. He apostado diez créditos al aspecto que va a tener ese bebé.

Los cambiados han empezado a construir vuestra nueva fortaleza.

El gato Ferdinand perdió su sombrero y fue directo a la ciudad.

Es una pena que ese castillo gigante no haya caído en vuestro territorio.

Espero que muchos de vosotros sobreviváis a este piso, porque vais a necesitar todos los efectivos posibles.

Heraldo soltó un gruñido.

—Y tú será mejor que te guardes bien esa polla de cabra que tienes y dejes de joder —dijo Quasar al intermediario—.

No hay normas explícitas que me impidan esto.

Es un patrocinador. —Volvió a girarse hacia mí—.

Lo siento, chico. Han pasado muchas cosas más y ojalá pudiese contártelo todo.

Hay muchas tareas pendientes que tratar.

Por lo pronto, vosotros dos tendréis que ir a una reunión de preproducción que tendrá lugar dentro de un día o dos.

Solicité acompañaros, pero me lo negaron.

Las pantallas se apagaron de repente, y las imágenes quedaron reemplazadas al momento por fotos en las que salía yo, incluyendo una que no había visto antes. Era yo, con unos diecisiete años, mirando a la cámara con una cría de cabra entre los brazos.

—Mira, Carl. ¡Eres tú! —exclamó Dónut—. ¡Con un bebé Prepotente!

—Hablaremos tan pronto como podamos —comentó Quasar, que volvió a separarse.

Rosetta apareció de nuevo con un traje diferente.

Había pasado de aquel traje pantalón a un vestido corto, que dejaba entrever un enorme tatuaje de flores que le rodeaba el muslo derecho hasta desaparecer.

El tupé de la cabeza le cambió de lado y ahora lo tenía pelirrojo.

Se sentó en su silla, se acomodó y me guiñó el ojo.

Una foto de mi madre y de mi padre flotaba sobre mí. De su boda. Recordaba verla en el salón.

Había estado sobre mi pecera. El recuerdo me sobrevino de repente, como un puñetazo en la boca del estómago. Estaba muy preocupado por la identidad de Rosetta y me había olvidado del tema del que íbamos a hablar a continuación.

—Bueno, camarada —dijo la presentadora—. Hablemos de tu madre muerta.