Capítulo 12 #2
¿Cómo pueden hacer algo así? ¿Es que no nos ven?
¿No somos reales para ellos? Somos iguales.
Por todos los dioses, antiguos y actuales, somos iguales.
Nos matan como si no fuésemos nada. Camaradas, si consigo salir de esta, lo que cada vez me parece menos probable, juro por las lunas que pasaré el resto de mi existencia asegurándome no solo de que este mal queda erradicado de las estrellas, sino de que todos pagan por sus crímenes.
Lo juro. Lo juro. Lo juro.
—No, no, no —dijo Dónut, que parecía irritada—.
Gossip Girl y Las chicas Gilmore son dos series completamente diferentes.
Las chicas Gilmore fue fantástica de principio a fin, sí, pero Gossip Girl es la cumbre del entretenimiento televisivo.
No pueden compararse siquiera. Es… no sé, como poner en un mismo plato un bizcocho relleno con caviar.
Me gustaría saber una cosa, señora Thagra, ¿cuál se considera el mejor programa de todo el universo?
Rosetta Thagra se movió incómoda en la silla.
La mujer de aspecto casi humano era pálida, guapa y parecía tener veintipocos años.
Llevaba un traje pantalón de aspecto muy profesional.
Una masa extraña de pelo rubio destacaba sobre su cabeza, que por lo demás estaba calva.
Parecía el tupé rubio oscuro de un surfista ya entrado en años.
No fui capaz de discernir si era real o una peluca, o si se suponía que era una especie de sombrero.
Cuando la vi, empecé a cuestionarme de inmediato si aquella sería la misma persona que había escrito la novena edición del libro de cocina. Tenía una apariencia mansa. Si Zev no nos hubiese dicho que era una antigua mazmorrera, de una o dos temporadas antes de Mordecai, jamás me lo hubiese creído.
Zev había comentado que le gustaban los explosivos. Rosetta, la del libro de cocina, había dejado por escrito muchísimas «recetas» para crear explosivos. Tenía que ser ella.
Lo único que delataba su verdadera edad era su voz.
No sabía qué clase de sistema de rejuvenecimiento había en el universo para lograr que siguiese aparentando ser joven, pero estaba claro que fallaba en ese aspecto.
Sus palabras denotaban de vez en cuando un tono propio de una edad que no casaba con su aspecto.
Según Zev, lo primero que había hecho Rosetta al salir de la mazmorra era grabar un documental, programa o lo que fuese sobre su planeta natal.
Se llamaba El otro lado del espejo . Tanto Zev como Quasar habían comentado que había tenido mucho éxito y era entretenido, aunque yo sospechaba que ninguno había entendido nada.
Después del éxito de aquella primera grabación, la misteriosa Organización Activista y Pacifista de Intelecto Abierto le había financiado Sombras de Boxeo , un programa semanal que ahora estaba contando la historia de la Tierra mediante entrevistas que estaban diseñadas para parecer conversaciones normales y corrientes.
Como había dicho antes Zev, era muy parecido a Bonito planeta , el programa al que habíamos ido en una ocasión. Pero este era mucho más… «directo».
—¿Y bien? —preguntó Dónut a Rosetta.
Ella sonrió con gesto impostado.
—Supongo que tengo que decir que el mejor programa de la galaxia es Sombras de Boxeo .
—Sí, claro —dijo Dónut—. Pero me refería a series. ¿Cuál es el programa de ficción más popular?
—Pues no tengo tiempo para ver muchas —aseguró Rosetta—. Pero cuando era guía del juego, me gustaba mucho Señorita colonizadorcita . Era muy popular.
Dónut se inclinó hacia delante.
—Pues una cosa te voy a decir, señorita Thagra, Gossip Girl es mejor. Sin duda alguna.
Rosetta asintió con gesto reflexivo.
—Sé que no eras un ser con consciencia antes de entrar en la mazmorra. Eso me ha hecho plantearme que… ¿Crees que de verdad veías…?
—¡No! —gritó Dónut, que la interrumpió y agitó una pata hacia la pantalla en la que aparecían imágenes de la serie—. Esas imágenes están mal. Son del primer spin-off de Acapulco , que es horrible. Y las otras son del reboot que hizo la HBO, que ni siquiera merece que lo nombremos aquí. De verdad.
Rosetta respiró hondo. Vi cómo la antigua mazmorrera levantaba la mano derecha para luego empezar a frotarse el costado del muslo. Un gesto que denotaba nerviosismo. No dejaba de mirar de reojo a Heraldo, quien se encontraba de pie en la oscuridad con ojos relucientes.
—Lo siento, princesa. ¿Sabes qué? ¿Por qué no nos quedamos por aquí después de la entrevista? Podrías ayudarnos a elegir imágenes para cuando se tunele la entrevista.
—Negativo —dijo Heraldo, que habló por primera vez desde que había empezado el programa.
Rosetta me miró rápidamente antes de girarse del todo hacia Heraldo.
—¿Y entre las entrevistas? Será todo automático de igual manera. Puede limitarse a señalar las buenas. Ni siquiera estaré en la misma estancia que ella.
Heraldo no dijo nada.
—Bueno… —continuó Rosetta, que se giró hacia Dónut—. Si te parece bien, Dónut. Te mostraremos una recopilación de imágenes y les pondremos número. Podrás decirle cuáles son las mejores a un productor.
Dónut se acicaló.
—Eso sería aceptable, sí. Pero bueno, ¿qué me acababas de preguntar?
Siguieron así un buen rato. Nos encontrábamos en un estudio de producción adyacente al camerino.
Era la misma estancia en la que los Popov y yo habíamos firmado los autógrafos, donde yo había apuñalado a aquel reportero en el cuello con un bolígrafo.
Nos habían sentado en un par de sillas cómodas, con Rosetta frente a nosotros.
El lugar estaba a oscuras, con un foco que me apuntaba directo hacia la cara.
A nuestro alrededor había pantallas flotantes en las que se veían imágenes y vídeos de una Dónut más joven que ganaba concursos felinos, así como de series de televisión y películas variadas con las que la gata estaba obsesionada.
Desde Los científicos rebeldes hasta Downtown Abbey , pasando por Stranger Things , momento en el que Dónut empezó a dar un sermón de cinco minutos sobre Barb. Y luego estaba Gossip Girl , claro.
Rosetta no era Odette. Estaba nerviosa, sin duda, y no se le daban tan bien las entrevistas hasta que la conversación empezaba a fluir con más naturalidad.
En ese momento, intentó cambiar de tema y, en lugar de hablar de las series en sí mismas, se centró en procurar que Dónut hablase de cómo la hacían sentir.
¿Cómo podían compararse dichas series con el mundo real?
¿Qué impacto creía que estas tenían en la cultura?
Era un poco ridículo que hiciese aquellas preguntas a una puñetera gata, la verdad, pero Dónut daba respuestas muy entretenidas y fascinantes.
Al principio se había mostrado muy fría con Rosetta, probablemente porque era una cimera, pero cuando empezó a sentirse cómoda comenzó a hablar con la mujer como si fuese una de sus mejores amigas.
Durante todo aquel tiempo, Quasar, Zev y Heraldo se mantuvieron a un lado en la oscuridad, sin hablar entre sí siquiera.
La pequeña Zev sostenía una tableta y parecía estar trabajando con algo mientras miraba.
Había aparecido una silla, y Quasar se había dejado caer sobre ella a mitad de la entrevista mientras contemplaba a Rosetta con ojos de corderito degollado.
Una nube de humo flotaba en un cuadrado a su alrededor, lo que dejaba claro que no estaba en la estancia con nosotros.
Heraldo estaba detrás de ambos, imponente en comparación, inmóvil y sin decir ni una palabra mientras observaba.
Rosetta no me preguntó nada durante toda la parte de Dónut. De hecho, casi ni me miró.
Cuando terminó la entrevista con la gata, la mujer se levantó de la silla y dijo:
—Gracias, princesa. Voy a cambiarme de ropa para la siguiente sección del programa. Mientras lo hago, pasaremos varias imágenes con números en la pantalla, como te había dicho. Dinos cuáles crees que serían las indicadas para tu parte del programa, ¿vale? Volveré pronto para la entrevista con Carl.
—Sin problema, cielo —dijo la gata.
Una voz masculina resonó de repente en la estancia.