Capítulo 9 #2
—Veo el punto. Está detrás de ese árbol de allí, pero se mueve despacio. No es Tinky-Winky. Es algo más pequeño.
Plin. La carta de tótem apareció en el espacio vacío.
Te has quedado sin cartas en el mazo.
—Vale. Invoca al tótem. Si no nos ataca, intenta usar las tres cartas de utilidad en él.
Dónut extendió la pata hacia el tótem FOCA MONJE , pero se quedó quieta. En ese momento, me miró.
—¿Sabes lo que estaba pensando? Me pregunto si será algo sacado de una serie para niños.
Me gustaría mucho tener la oportunidad de destripar a alguien de Las pistas de Blue .
El único miembro del reparto de esa serie que merece la pena es Periwinkle, y nunca le dan la oportunidad de lucirse.
Además, la señora Pimienta se está haciendo un señorita Beatrice con el señor Sal.
¿Cómo es posible que de esa combinación salgan paprika y salvia?
—Dónut —dije—. Te repito que no he visto la serie, por lo que no estoy entendiendo nada. No sé de qué cojones estás hablando. Ese es el problema con todas estas referencias. Vas a perder espectadores. Ahora, invoca a la puñetera foca.
Ella gruñó y extendió la pata para tocar la carta de la foca.
Geraldo. Nivel 70. Foca monje centinela de piquete. ¡Listo para la batalla!
La carta desapareció en un penacho de humo y Geraldo hizo acto de presencia dando volteretas en el aire.
La foca monje aterrizó en la hierba frente a nosotros, chillando como si practicase kung-fu.
Luego, cuando entró en la arena, apareció en el aire una explosión parecida a las de los combates contra jefes.
—¡Aiiiyá! —gritó Geraldo. Dio otra voltereta y cayó con estruendo al suelo, que tembló.
Luego el animal se enderezó y empezó a mirar alrededor.
Tenía un contador de sesenta segundos sobre la cabeza, así como una barra de salud, visible a pesar de estar llena.
Sobre ella había un pequeño símbolo que bien podría ser un tótem, y plantado en él aprecié una versión en miniatura de la bandera de nuestro equipo.
La foca llevaba una bandana, como en la imagen tipo dibujo animado de la carta, pero esta era blanca con corazones rojos, a juego con la bandera. No la llevaba cuando la capturamos.
—¡Uatá! —dijo al tiempo que se giraba hacia nosotros—. ¿Dónde están los cangrejos?
Agitó las aletas, momento en el que me di cuenta de que su cuerpo hacía ruido cada vez que se movía. Frus. Frus. Frap. Eran ruidos típicos de las películas de kung-fu. Claro. Habían añadido esos ruidos baratos de las películas a todos sus movimientos.
—Pero ¿qué cojones? —murmuré.
—Me gusta —dijo Dónut, que agitó las patas—. Ojalá hiciesen lo mismo conmigo. O contigo cuando das puñetazos. Es mucho mejor esto que hacer que las cosas exploten y lo dejen todo perdido cuando las matas a puñetazos.
Grité a la foca:
—Espera un momento. El enemigo está de camino.
Geraldo la foca gruñó y se dio la vuelta hacia el árbol.
—Al menos no nos ataca —comentó Dónut.
—Intenta usar con él las cartas de utilidad.
Dónut acercó la pata a la carta FORNIDO y tiró de ella hacia arriba.
Giró por los aires como un shuriken hasta golpear a Geraldo.
Se oyó una fanfarria de trompetas y la foca empezó a brillar.
La barra de salud de la criatura creció y apareció la palabra VENTAJA sobre ella durante unos instantes, con una explosión que parecía sacada de un cómic.
—Qué festivo todo, ¿no? —comentó Dónut—. ¿Por qué no pueden ser así todos los combates?
Después activó la primera de las cartas PROLONGACIÓN DE TIEMPO , que aterrizó sobre la foca antes de volver a explotar de igual manera.
Se añadieron otros sesenta segundos al contador de la foca.
Solo nos quedaba una carta, que era la segunda de PROLONGACIÓN DE TIEMPO .
Aparecieron unas equis pequeñas en los espacios donde antes había otras cartas, para indicar que el mazo estaba vacío.
Dónut intentó usar la última carta, pero le fue imposible.
—¡Carl, aquí dice que las cartas infrecuentes solo pueden tener dos cartas de utilidad!
—Anda —comenté—. Pues está bien saberlo.
Nos habían comentado que había siete niveles de rareza para las cartas de tótem: comunes, infrecuentes, raras, muy raras, legendarias, míticas y únicas.
Con las comunes solo podía usarse una carta de utilidad y las únicas, como la araña que se había comido a Samantha, podían llegar a acumular hasta siete ventajas.
—Oye —dijo Geraldo—. Eso no es un cangrejo, chico.
—No —dijo Dónut decepcionada—. Supongo que no. Y tampoco es ese tonto magenta.
—¿Qué cojones es eso? —pregunté mientras me giraba hacia la masa amorfa que había aparecido detrás del árbol. Empezó a bambolearse hacia nosotros.
—Dios mío, Carl —dijo Dónut—. ¡Es asqueroso! ¡Y creo que está llorando! ¡Igual que la señorita Beatrice!
La criatura siguió bamboleándose hacia delante.
Era algo parecido a un cerdo con cara de murciélago, pero con mucha piel sobrante, como uno de esos perros shar pei arrugados.
Me llegaba hasta la rodilla y se sostenía sobre unas patas muy estrechas y tambaleantes.
La piel rosada tenía muchos bultos y estaba cubierta de ronchas y lunares que parecían infectados.
Se movía despacio mientras la piel se le agitaba arriba y abajo.
Squonk. Nivel 35.
Criatura legendaria de la región occidental de Estados Unidos.
El squonk. El pobre y patético squonk.
Este puñetero es tan feo y tan miserable que tiene una depresión constante. No puede parar de llorar. No lucha. No tiene ataques. Huele y se parece al testículo estirado de un halterófilo olímpico con una hernia sin tratar. Haceos un favor y salid de ahí.
—Chico, no pienso tocar esa vaina —comentó Geraldo.
Mientras mirábamos, la criatura rodó a un lado y se tiró un pedo estruendoso para luego empezar a llorar con más intensidad incluso. Entonces, emitió un estallido que la convirtió en agua y se evaporó sin que hiciésemos nada.
Combate completado. Se ha reiniciado el mazo.
¿Quieres probar de nuevo?
—Empiezo a pensar que deberíamos probar en la dificultad media —aseguré.