Capítulo 9
Tótems en el mazo: Uno de seis
Cartas totales en el mazo actual: Cinco
ENTRANDO EN LA ARENA DE BATALLA DE PRUEBA.
Aviso: No tienes el mazo completo.
Aviso: Tienes una carta consumible en el mazo. Se perderá aunque la uses en la arena.
Aviso: Los monstruos generados no pueden hacerte daño en esta ubicación, pero el entorno sí que puede. Y también puedes hacerte daño a ti mismo. Intenta no morir aquí, porque la verdad es que sería muy estúpido y anticlimático.
Elige dificultad.
—Carl, ¿qué elijo? —preguntó Dónut—. ¡Eh!
Luchar contra un oponente fácil cuesta mil de oro, uno de nuestro nivel de mazo cuesta dos mil y, si queremos un «desafío» serán cinco mil.
¡Esto es un ultraje! Un momento, aquí dice que aparecerán más opciones si superamos un enfrentamiento en dificultad desafío. ¡Vamos!
—No —respondí—. Pon el fácil primero para ver cómo nos va. Además, no sabemos si la foca va a obedecernos. Estaba muy enfadada cuando le clavé la bandera.
Nos habíamos reunido con el pelotón de sor Inés en el exterior para entrar juntos en la arena de batalla de prueba, que no era más que otra puerta en aquel pasillo situacional entre estancias.
Todos habíamos entrado al mismo tiempo, pero cuando se cerró la puerta solo estábamos Dónut, Mongo y yo en aquella estancia cavernosa.
Mongo graznó y oí cómo reverberaba su voz.
El lugar era enorme. La habitación parecía un hangar gigantesco, similar a la estancia donde habíamos elegido subclase al principio del sexto piso.
Tenía paredes de metal corrugado gris y anodinas, iluminadas de un azul turbio que no parecía venir de ninguna parte.
El suelo era de hormigón. Soplaba una brisa fresca.
Dónut soltó un grito ahogado de repente.
—¡Puedo elegir entorno! ¡Y hay muchas opciones!
—Ten cuidado —comenté—. ¿Has leído el aviso? No elijas un lugar que suene peligroso.
La estancia se iluminó de repente y sentí un acceso de náuseas, momento en el que el suelo se convirtió en tierra.
Mongo chilló sorprendido antes de empezar a oír vítores a nuestro alrededor.
Me estallaron los oídos. Me di la vuelta al completo y eché un vistazo, impresionado.
Nos encontrábamos en una arena llena de gente y gigantesca, más que antes.
No había techo y un sol amarillo que casi parecía un dibujo animado nos iluminaba inclemente.
Vi el resplandor de una burbuja en lo más alto, como si estuviésemos bajo una cúpula.
La gravedad del lugar parecía de unos tres cuartos de lo normal. Pegué un brinco y salté mucho más alto de lo que esperaba.
—Espera, Carl. Voy a intentar que pesemos lo mismo de siempre —dijo Dónut. Movió la pata como si estuviese ajustando un deslizador. Me sentí un poco más pesado—. Listo. La verdad es que se pueden personalizar muchas cosas.
Un campo de flores púrpura que me llegaban a la altura de las rodillas brotó de repente de la tierra.
Mongo empezó a olisquear, y Dónut agitó de nuevo la pata para quitar las flores y dejar una extensión llena de césped verde.
Gruñó alguna que otra vez más y aparecieron algunos árboles por aquí y por allá.
Cada vez que cambiaba algo, el público vitoreaba con entusiasmo.
Todos eran el mismo tipo de criaturas. Miles y miles de personas con túnicas que llevaban unos grandes sombreros.
Los reconocí. Nos habíamos enfrentados a cazadores vestidos de manera similar en el sexto piso.
Era una secta perteneciente a una religión nómada llamada los nebulares.
—Pero ¿qué cojones has elegido? —pregunté.
La batalla dará comienzo en 10 segundos. Ya no se puede cambiar el mazo.
—Se llamaba Anfiteatro del panegirista o algo así.
La imagen era la de un coliseo con muchos aficionados que no dejaban de animar.
No me di cuenta de que eran de estos tipos —comentó la gata—.
No me deja cambiar a la gente, lo que me parece muy desafortunado.
Pero sí que puedo elegir cuánto les gustamos. Lo he puesto al máximo.
Mongo volvió a chillar, con miedo en esta ocasión.
—¿Puedes elegir quién será nuestro oponente? —pregunté.
—Por desgracia no. Solo dice que estamos en el modo fácil.
Empieza el combate.
Eché un vistazo alrededor, pero no vi nada.
—Esto… ¿Ves al monstruo? —pregunté. Dónut respondió, por lo que bajé la vista para mirarla.
Se quedó paralizada en el suelo junto a mí.
Había cuatro cartas flotando en el aire frente a su cara, a la misma distancia y como si fuesen el parabrisas de un coche.
Cada una de ella había crecido hasta alcanzar el tamaño de una revista y le bloqueaban por completo la visión.
Eran las dos cartas de PROLONGACIÓN DE TIEMPO , la carta COMBINACIÓN y la carta tótem FOCA MONJE .
—Carl, Carl. ¿Qué hago? ¡Ayuda! ¡No veo nada!
Tenía que gritar para que la oyese por encima del ruido de la multitud. Las cartas seguían el movimiento de su cabeza por mucho que la girase. Dónut saltó sobre mi hombro, y las cartas la siguieron. Ahora también bloqueaban mi visión.
La multitud empezó a abuchear y a silbar, pero no estaba seguro de si era por nosotros o por el monstruo. Junto a mí, Mongo chilló con rabia y consiguió que se oyese por todas partes.
—Entra en el menú de las cartas y mira a ver si se puede ajustar la posición —grité—. E intenta descartar la carta Combinación. No queremos usarla.
—¿Eso no sirve para desecharla? ¡Pensé que queríamos guardarla para luego!
—Y queremos guardarla. Solo la descartarías para este enfrentamiento. Puedes descartar una carta cada treinta segundos. Y, diez segundos después de que descartes o uses una, aparecerá una nueva.
Dónut había abierto el menú y no dejaba de agitar las patas con frenetismo.
—¿Cómo es que sabes tantas cosas, Carl?
Mongo aulló y se alejó a la carrera.
—Pues porque estaba prestando atención y me leí las reglas.
Las cartas crecieron de repente y se superpusieron entre sí. La primera, la carta de utilidad PROLONGACIÓN DE TIEMPO , me atravesó la cara. Vale. No estaban allí de verdad.
—No, no. Eso no —dijo Dónut. Aún tenía que gritar—. Ahora sí.
Las cartas se encogieron hasta el tamaño de naipes normales, se juntaron más y luego descendieron un poco para dejarnos ver lo que teníamos delante.
… Justo a tiempo para ver cómo Mongo volaba por los aires y aterrizaba sobre un monstruo púrpura que no dejaba de gritar.
Le cayó en la espalda y empezó a agitar las patitas mientras Mongo lo destrozaba sin piedad.
La sangre brotó hacia los cielos, seguida de un estallido y de una nube de humo, como si la criatura hubiese sido mitad mecánica o un robot.
Un reguero de intestinos salió disparado, como una hilera de salchichas que ascendiese al cielo.
Poco después se convirtieron el polvo. Mongo intentó morder de nuevo, pero el monstruo había desaparecido.
El velociraptor graznó de rabia mientras la multitud rugía de emoción. El lugar al completo empezó a temblar.
Lo único que quedó fue una pequeña cartera manchada de sangre que también desapareció poco después.
Combate completado. Se ha reiniciado el mazo.
¿Quieres probar de nuevo?
—Pues qué desperdicio de dinero —comenté.
—Carl, ¿has visto eso? —exclamó la gata—. ¡Creo que era un teletubby!
Lo volvimos a intentar en fácil, pero en esta ocasión guardamos a Mongo.
Obligué a Dónut a cambiar el entorno por una «anfiteatro abandonado», que era el mismo lugar pero sin ese público que no dejaba de gritar.
La cúpula tenía una grieta y el sol amarillo se había vuelto azul. Ella gruñó, pero terminó por obedecer.
—No entiendo cómo no puedes saber lo que son los teletubbies, Carl —se puso a decir mientras nos preparábamos para el nuevo combate—. La señorita Beatrice los veía siempre. Hasta los tenía grabados.
—¿Un programa para niños pequeños? —pregunté—. ¿Y lo veía? Pues no lo recuerdo. Es muy raro.
—Lo veía y a veces se ponía a llorar —comentó Dónut—. Ahora que lo pienso, sí que era muy raro, sí. ¿Qué programas para niños pequeños veías tú?
—Pues de todo tipo —respondí—. Pero lo hacía cuando yo era pequeño.
—Eso no es cierto y lo sabes, Carl. Siempre estabas viendo dibujos animados. Y también jugando a cosas para niños.
—Eso es diferente, Dónut. La mayoría eran series para adultos. Además, no los veía y me ponía a llorar. Eso es raro de cojones.
—¿Para adultos? ¿ Dragon Ball Z es para adultos?
Pero sí, supongo que lo de la señorita Beatrice es muy raro.
Esté donde esté, espero que tenga acceso a su grabadora digital.
Siempre me daba de comer un poco más después de verlo.
Pero bueno, me alegra que Mongo se haya comido a Tinky-Winky.
Va de inocentón, pero seguro que es el típico que te pondría la zancadilla si os estuviese persiguiendo un oso.
Yo a tope con Dipsy desde el primer día.
Tiene el sombrero más mono. Me pregunto si el próximo monstruo será un teletubby.
—Pues descubrámoslo —dije.
Empezó el combate y aparecieron las cartas. Dónut se quedó sobre mi hombro para que yo también viese su mano. Solo teníamos cinco cartas en el mazo, pero no le salió el tótem. Eran las dos PROLONGACIÓN DE TIEMPO , la carta COMBINACIÓN y FORNIDO .
—Si te sale una mano sin tótem, te vuelves muy vulnerable, así que asegúrate de descartar o usar una carta al momento —expliqué—. No tenemos trampas ni cartas místicas, por lo que tienes que descartar Combinación.
Dónut movió la pata hacia abajo, momento en el que la carta Combinación desapareció con una nube de humo. El espacio vacío permaneció tal cual en su mano, y apareció una cuenta atrás de diez segundos.
—Si uso dos cartas, ¿tendrán ambas una cuenta atrás o solo aparecerá una?
—Estoy muy seguro de que solo aparecerá una, por lo que si juegas dos cartas al mismo tiempo, tardarás veinte segundos en volver a tener toda la mano. No vamos a poder probarlo hasta que tengamos más cartas. Iremos a por la criatura cuando recuperes la carta. ¿Ves al monstruo?