Capítulo 7 #2
Apareció una nueva habilidad en la interfaz.
EL BESO DE LA HIJA . Una vez activada, drenaba por completo la barra de esencia y hacía que mi próximo ataque cuerpo a cuerpo fuese muy poderoso.
Tenía que usarla lo más pronto posible, porque al parecer era peligroso ir por ahí con la barra llena.
Aún no tenía claro por qué, pero tampoco tenía demasiadas ganas de descubrirlo.
Cada vez que la llenaba y la usaba, la barra en sí crecía un poco, por lo que requería más almas para llenarse antes del siguiente ataque especial, que también sería más potente.
Dónut escupió un pegote de veneno a un duende que no dejaba de gritar.
La masa verde se quedó pegada en la cara de la criatura y la tiró al suelo.
La consistencia del pegote me recordó a los mocos de Cazafantasmas .
La piel del duende empezó a burbujear y no tardó en morir.
Era una habilidad, no un conjuro, y la tenía a nivel 5, pero era muy efectiva contra los monstruos de poco nivel.
También tenía muy poco tiempo de recarga, como 15 segundos.
—Carl, ese parche de espalda horrible que tienes en la chaqueta se ha puesto a brillar. ¿Qué has hecho? ¡Mongo, no! ¡Vas a arruinar tu cena!
Mongo voló por los aires y aterrizó en el techo de un autobús mientras el metal chirriaba contra sus garras. Tenía en la boca un duende que no dejaba de gritar. Mordió con fuerza y tragó.
—Probablemente sea porque tengo llena la nueva barra de esencia. ¿Qué aspecto tiene?
—Espera. Es difícil verlo con esa capa tuya.
—Saltó a mi hombro y la apartó a un lado.
Soltó un quejido de asco y volvió a bajarse—.
Las puntadas horribles alrededor de la pila de calaveras no dejan de brillar, pero en marrón.
No tengo ni idea de qué imagen se supone que están formando.
No todas están iluminadas. Parece un cerdo hormiguero. Es repulsivo.
—No es un cerdo hormiguero —dije. Y en ese momento destrocé a un duende.
Se me había acercado corriendo por la calle para alejarse de Mongo.
Estaba mirando por encima del hombro cómo el dinosaurio graznaba sobre el autobús.
La criatura cargaba con un zapato mientras corría.
Yo activé la habilidad el Beso de la Hija.
Salté hacia ella y la aplasté con el pie.
Esperaba tirarlo al suelo con el ataque, ya que era demasiado grande como para aplastarlo por completo.
Pero la criatura explotó sin resistencia alguna.
La acera de hormigón que tenía debajo se resquebrajó, reducida a polvo y rocas.
Noté una onda expansiva que brotaba de mi pie y que tiró al suelo al resto de los duendes.
Mongo chilló con rabia cuando el autobús destrozado se alzó un poco del suelo.
Una ventana de un edificio cercano se hizo añicos.
Al otro lado de la calle, los otros tres mazmorreros dejaron de luchar para quedárseme mirando.
Yo me quedé muy quieto unos instantes. Noté algo que me recorría el cuerpo, como la réplica de un terremoto provocada por las almas al abandonar mi cuerpo. Fue una sensación momentánea que desapareció al instante. En su mayoría.
—Guau —dijo Dónut, que saltó sobre mi hombro—. Eso sí que ha sido impresionante. Y la imagen del cerdo hormiguero de tu espalda desapareció cuando lo hiciste.
—También será más potente cada vez que lo use —dije.
Levanté el pie y ni siquiera lo tenía manchado.
Había vaporizado por completo a esa cosa.
No quedaba nada, ni objetos que saquear.
El zapato que llevaba consigo estaba chamuscado y aplanado en el suelo, como si le hubiese pasado por encima una prensa industrial.
—Carl, ¿estás bien? Tienes un gesto raro.
—E-eso creo… No esperaba sentirme así. Vamos, acabemos con el esto.
Al terminar, Dónut y yo recogimos un total de tres cartas de utilidad comunes.
Dos de ellas eran las cartas PROLONGACIÓN DE TIEMPO , que doblaban la cantidad de tiempo que duraba un tótem invocado.
Y la tercera era una carta CORPULENTO , que añadía un 25 % a la salud de una criatura durante la duración del combate.
Esas cartas no eran consumibles de un solo uso, como sí era el caso de nuestra carta Combinación.
El equipo de sor Inés también recibió tres cartas.
Dos eran la misma, la de Prolongación de tiempo.
Y también se hicieron con una infrecuente «especial» llamada DARSE A LA FUGA .
Esta solo podía usarse una vez y servía para teletransportar a todo el escuadrón lejos del combate.
No decía a qué distancia ni adónde, eso sí.
Seguíamos sin tener muy claro cómo funcionaba el mazo de combate. Dónut comentó que había intentado invocar a la foca monje mientras luchábamos con los duendes, pero había recibido un mensaje de error. Yo sabía que nos lo explicarían bien todo durante el próximo anuncio del piso.
Nos dirigimos hacia la estancia segura, que era una pequeña cafetería llamada Cuba Libro. A una calle de distancia había un parque con muchas más criaturas en el interior. Dónut comentó que tenían tamaño humano. Ya le echaríamos un ojo más tarde.
—Bueno, chicos. ¿Estáis en un gremio? —pregunté a sor Inés mientras entrábamos en el establecimiento.
—No —respondió la monja—. El equipo Flamenco quería que nos uniésemos, pero decidimos seguir por nuestra cuenta.
—Deberíais uniros a nosotros —dijo Dónut—.
Compartimos todas las mejoras y hay una ducha que es divina.
Y también camas que usas y casi ni hace falta dormir.
Tendréis la sala de entrenamiento mejorada y también hay un bopca muy amable en la zona común.
¡También podríais conocer a Katia y a Bomo y a Mordecai!
Mordecai el verdadero, no el duende que Mongo se acaba de comer.
—Preferimos seguir así —insistió Inés—. Ya tenemos la mejora de cama.
—¿Y el arenero mejorado? Apuesto lo que sea a que no tenéis el arenero mejorado.
—No uso arenero, Dónut.
Dónut soltó un gruñido de rabia y farfulló algo ininteligible.
Salimos al pasillo situacional que llevaba a la puerta de nuestro espacio personal. Decidimos volver a reunirnos después del episodio resumen. Habíamos despejado el parque y empezado a salir de la ciudad hacia la zona rural en busca de criaturas más poderosas que cazar y capturar.
Vimos cómo los tres entraban en su espacio personal. Cuando abrieron la puerta y pasaron me fijé en que era uno de los pequeños, donde todos dormían en la misma estancia.
D ÓNUT : ME GUSTA PAZ. Y ANTÓN ME CAE BIEN AUNQUE SEA UN GRUÑÓN Y NO PUEDA CONSEGUIR TRABAJO POR LOS TATUAJES. PERO NO CONFÍO EN ESA MUJER. Y NO SOLO PORQUE SEA UNA CHICA GATA. TIENE ALGO RARO.
C ARL : Yo aún no sé qué pensar. Creo que son buena gente, pero les damos miedo. Tampoco ayuda que les hayan dicho que vas a matarlos. Todas las personas que conozcamos a partir de ahora habrán sufrido mucho. Tenemos que tenerlo en cuenta.
D ÓNUT : NO USA ARENERO, CARL. ES MUY SOSPECHOSA.