Capítulo 4 #4
La gata disparó otro proyectil mágico y volvió a tirar a la criatura al suelo.
Tenía la salud por un poco menos de la mitad.
Empezó a rotar en círculos en el suelo para intentar apagar las llamas, mientras no dejaba de aullar y gimotear.
Se quedó muy quieta para mirar hacia nosotros y, de repente, empezó a gritar y a insultarnos en su idioma.
—Será mejor que uses tu nuevo conjuro de silencio antes de que descubramos por las malas sus capacidades mágicas —dije.
Dónut lanzó el conjuro, momento en el que un rayo amarillo brotó de ella.
Avanzaba rematadamente lento. La criatura gimoteó de nuevo e intentó apartarse, pero la especie de burbuja amarilla se giró en el aire y chocó contra Dónut.
En ese momento apareció un contador de un minuto, junto al icono de un pequeño altavoz tachado que indicaba que no podía lanzar conjuros.
El monstruo siguió rotando en círculos y gimoteando.
—¿Recuerdas el programa al que tuvimos que ir? —pregunté—. Ese para el que nos hicieron grabar unas voces en off. ¿Bonito planeta?
—¿Ese en el que le conté a todo el universo la verdad sobre los cocker spaniels? —preguntó Dónut—. Claro que lo recuerdo.
Soltó un grito ahogado de repente y lanzó un nuevo conjuro. Apareció otra desventaja sobre la criatura. El icono de esa era una cabeza con unas líneas onduladas encima.
El monstruo gritó y luego empezó a morderse la pata con rabia. Dónut rio.
—¡Mira, Carl! ¡Ha funcionado! ¡Mira! ¡Es el conjuro! Pero ¿por qué te pegas?!
Gruñí. La salud del monstruo empezó a bajar cada vez más rápido, sin que dejase de moverse y gruñir a todo volumen mientras se mordía. Seguía con las patas en llamas.
—Tenemos que comprobar qué más criaturas hay por ahí, pero algo me dice que la interpretación de estos tipos sobre las «criaturas mitológicas» va a ser un poco inexacta.
Supongo que será parecido a lo que vimos en Bonito planeta .
El productor del programa me dijo que habían conseguido la información gracias a una copia incompleta de internet.
La investigación que habían hecho mezclaba hechos reales con cosas inventadas.
Es como si hubiesen buscado durante cinco minutos para luego inventarse todo lo demás. Creo que esto es igual.
El monstruo cayó de lado y se le resbaló la boina que tenía en la cabeza. Estaba chamuscado y no dejaba de sangrar.
«Joder —pensé—. Dónut le ha hecho eso y casi ni ha tenido que levantar una pata».
La gata resopló.
—¿Por qué tienen una grabación perfecta de la gente, los coches, todo lo que llevan encima y cómo iban por ahí, pero no tienen datos mitológicos correctos? A los miembros de la Pandilla no les van a gustar estas cosas inexactas.
—En este caso, juega a nuestro favor. Hay mitos y leyendas muy chungos —comenté.
—¿Crees que deberíamos clavarle una de las banderas? —preguntó Dónut—. No tenemos por qué quedárnoslo, pero hay veinte de esas cosas y deberíamos ir probando cómo funcionan. Ahora, si lo añadimos al pelotón voy a tener que insistir para que se afeite. Y también me voy a quedar su gorro.
—Tarde —comenté cuando monstruo gruñó antes de morir.
Combate completado. El mazo se ha reiniciado.
—¡Me pido el gorro! —gritó Dónut mientras se acercaba dando brinquitos.
Dónut saqueó al monstruo, que apestaba a muerto y perro mojado. También se quedó la boina roja y soltó un grito ahogado cuando leyó la descripción.
Mientras lo repasaba, eché un vistazo por los alrededores.
Nos encontrábamos en un parque pequeño que daba al océano.
Una zanja de piedra cruzaba la hierba. También vi una placa conmemorativa en el extremo y movimiento en el agua distante.
Apareció algo sobre la superficie, para luego volver a desaparecer en un instante.
Me dio la impresión de ver una serpiente de algún tipo.
¿Cuánto habían dicho que nos podíamos alejar mar adentro?
No me acordaba, pero eran al menos unos pocos kilómetros.
Después vi unos puntos rojos adicionales en la costa.
Eran algo más pequeños. Uno se deslizó hacia el agua y desapareció. Focas. Teníamos que tener cuidado.
También estaba terminando de ponerme al día con los chats de grupo, donde comentaban el nuevo sistema de combate. Por el momento, parecía que nada había cambiado a excepción de esas extrañas notificaciones. Nadie tenía nada claro aún.
—Carl, mira. Una de esas cartas —comentó Dónut—. Estaba en su inventario. Creí que solo íbamos a recibir cartas cuando atravesásemos a los monstruos con las banderas.
—A verla —dije.
Extendí el brazo y apareció el objeto. Era una carta grande y rectangular, del tamaño de una postal.
Era rígida, pero seguía pareciendo que estaba hecha de papel.
Me pareció que podía rasgarla como si nada.
El dorso estaba decorado con el logotipo del Sindicato, que ya me resultaba familiar.
La imagen tridimensional se movía y ondulaba por sí sola.
En la otra cara solo había un símbolo rojo y estilizado flotando en un campo de estrellas.
Carta T’Ghee. Muy rara.
Carta de utilidad.
Combinación.
Consumible.
¿Has mezclado alguna vez dos comidas incompatibles para ver a qué saben? A veces está para chuparse los dedos. ¡Como pollo y gofres! Pero otras es… una mala idea.
Como en el caso del atún y el haggis.
Combina temporalmente dos cartas de monstruo en una única criatura. El tiempo de invocación será el de la más corta de las dos fases de invocación. Tras usarla, ambos monstruos desaparecen durante el resto del combate aunque les quede vida.
Aviso: Es una carta consumible. Se destruirá al usarla.
—Me pregunto si de verdad serán tan poco comunes —comenté mientras le daba la vuelta a la carta. No iba a saber lo valiosa que era hasta que añadiésemos algunos monstruos al pelotón.
Intenté guardarla en el inventario, pero recibí un error.
Aviso: El líder de pelotón es el único que puede almacenar las cartas.
—Ya empezamos —murmuré.
—¿Qué te parece? —preguntó Dónut. La boina roja apareció en su cabeza en ese momento. Aún no había podido examinarla—. ¿Me queda bien? Prefiero la tiara blanca, pero me estoy planteando rendirme al look revolucionario mientras estemos… —Se quedó en silencio y giró la cabeza—. Mazmorreros. Por allí.
Me giré y vi a tres mazmorreros caminando hacia nosotros desde el lugar al que nos dirigíamos.
—Carl, ¿has visto eso? —preguntó Dónut al tiempo que saltaba sobre mi hombro. Bufó mientras ellos seguían acercándose. Uno levantó la mano para saludar.
Sonreí e imité el gesto. Intenté no reírme. Aún estaban lejos, pero no los reconocí. Dos eran hombres. El tercero era una mujer. Los hombres eran humanos.
La mujer era una chica gata.
Dónut soltó otro leve bufido en mi oreja.
—Es lo más desagradable que he visto en toda mi vida, Carl. Es una abominación. Es peor que la mujer ninja de experiencia con cara de perro.
Me reí.
—Es como si usásemos la carta de utilidad que nos acaba de salir contigo y con Katia.
—Ni se te ocurra hacer bromitas al respecto, Carl.