Capítulo 4 #3
Bufó de repente y se le encrespó el pelaje al instante. Una manada de unos tres o cuatro perros callejeros pasaron frente a nosotros y cruzaron la calle, en dirección a un vendedor que tenía bocadillos de huevo frito. Los perros tampoco estaban allí de verdad.
—Bueno —dije cambiando de tema—. Creo que quizá tuvieses razón con lo de bloquear la carretera.
Pero, si lo hacemos, tenemos que pensar muy bien el lugar exacto.
Un choque, por pequeño que sea, podría causar que todos los coches empiecen a acumularse y no tardaría en parecerse a aquella maraña de trenes.
Será una reacción en cadena y cada vez habrá más y más.
—Va a terminar pasando te guste o no. Sobre todo si Samantha está suelta por ahí. ¡Mira, Carl! —dijo la gata mientras señalaba algo.
Un tipo pasó flotando por la carretera, ataviado únicamente con unas gafas de sol.
Venía del norte, la dirección hacia la que nos dirigíamos.
Lo único que parecía del todo corpóreo eran su cabeza y sus brazos.
El tipo iba volando por la carretera como si nada.
Parecía haber ido sobre una escúter, pero le había pasado algo al vehículo.
Lo había perdido, así como toda la ropa.
Fuera lo que fuese, no había sido en la carretera principal.
—Pues a la mierda —dije mientras lo veía alejarse. Me pregunté si no habría sido cosa de Samantha.
S AMANTHA : NADIE HABLA CONMIGO, CARL. NO ME GUSTA QUE ME IGNOREN. HIERE MIS SENTIMIENTOS. SOY MUY SENSIBLE.
Gruñí en voz baja.
C ARL : Samantha, te repito que la gente no está aquí de verdad. Son ilusiones. Estamos dentro de un sueño y no te ven. ¿Por qué no estás volando?
S AMANTHA : LOS MATARÉ A TODOS. Y TARDO BASTANTE EN RECUPERAR LA MAGIA. TENÍA MUCHA CUANDO ESTÁBAMOS LUCHANDO EN EL PISO ANTERIOR, PERO AHORA NO. UN MOMENTO. ¡VEO UN MONSTRUO RATA! LLEVA SOMbrERO.
D ÓNUT : ¿QUÉ SOMbrERO ES?
S AMANTHA : PUES TE ENCANTARÍA. ES MUY GRANDE. BUENO, ES PEQUEÑO. LA RATA ES DE TAMAÑO NORMAL, PERO EL SOMbrERO LE QUEDA GRANDE. ES DEMASIADO PARA SU CABECITA. QUÉ MONO. OH, NO. ¡HA SALIDO CORRIENDO! ¡QUÉ RÁPIDO!
Suspiré y abrí otra ventana de chat.
C ARL : Katia, Imani. ¿Habéis visto alguna reacción en cadena?
I MANI : Estamos en una zona rural, pero la I-5 está cerca y solo la han cruzado unos pocos coches en dirección sur, a Portland. Hay muchas cabezas y brazos flotando por ella. Creo que algo está bloqueando la autopista más adelante. Los coches siguen llegando desde el norte, eso sí.
E LLE : Es muy raro. He visto un puñetero bigfoot cruzando la carretera. Casi lo atropellan. Y llevaba unas bermudas.
D ÓNUT : ¿QUÉ SON BERMUDAS? SUENA COMO ALGO DE SEÑOR MAYOR.
E LLE : Lo que está claro es que no es algo que lleven los sasquatch. Eso seguro.
K ATIA : Aquí igual. Cuando salimos de la estancia segura vi un nykur.
Es un tipo de caballo que se supone que es gris.
Pues este era rosado por alguna razón que desconozco.
Y sí que lo atropelló un coche, lo que provocó un bloqueo que ha ido creciendo a medida que otros chocaban.
Todo está congelado, y eso no ayuda nada.
Los vehículos ya bloquean la entrada principal de nuestra estancia segura.
Vamos a intentar bloquear los alrededores para que la cosa no se ponga peor.
Y luego tendremos que despejar la entrada.
Louis y Britney están atrapados en el interior por el momento.
I MANI : Hay mucha gente hablando del tema por todas partes. No sé si es que no lo habían pensado bien o si es exactamente lo que querían que ocurriese.
E LLE : Creo que deberíamos bloquear las carreteras lejos de las estancias seguras para que no ocurran cerca de las escaleras.
D ÓNUT : ES JUSTO LO QUE LE HE ESTADO DICIENDO A CARL, PERO SE HA PUESTO EN PLAN GRUÑÓN.
C ARL : Aseguraos de que están muy lejos de las escaleras si podéis. Esas montañas de coches van a ser muy altas y muy largas. Más de lo que creéis. Creo que, dentro de unas horas, no habrá manera de usar las carreteras.
Un tipo salió de una puerta y me sorprendió.
Me atravesó y la ropa le salió volando. Dónut saltó de mi hombro al instante y escupió un auricular.
Él siguió su camino convertido en poco más que una cabeza y brazos flotantes, con el resto del cuerpo convertido en un contorno borroso y translúcido. Dejé la ropa tirada en la acera.
—Mierda —dije mientras el hombre se largaba—. Tienes razón. Esto es imposible.
Para dejármelo más claro aún, resonó un choque de algún lugar del interior de la ciudad. Seguido por otro. Y luego otro. Solté un taco.
S AMANTHA : ESO NO HA SIDO CULPA MÍA.
Todo se estaba saliendo de madre.
—Vamos, Dónut —dije mientras empezaba a trotar por la acera—. Vamos a esa otra escalera.
Seguí evitando personas, pero con algo menos de cuidado.
La ropa y los teléfonos móviles salían disparados en el momento en el que rozaba a alguien.
Le di una patada al carrito de un bebé, que se volcó a un lado.
Mientras avanzábamos, oí otro choque, en esta ocasión desde una dirección diferente.
Todo quedó lleno de humo, como si algo se estuviese quemando.
No tardamos demasiado en toparnos con el primer enemigo.
Llegamos a la costa septentrional de la isla y, como esperábamos, encontramos esa gran autovía de varios carriles que iba de este a oeste.
Una vez en la acera, empezamos a avanzar en dirección este.
No me atreví a usar el Carruaje Real, pero sí que me planteé hacerme con una bicicleta o con una de los cientos de escúteres que nos adelantaban a toda velocidad.
Dónut permaneció sobre mi hombro mientras corría, con el viento soplándole en la cara. Soltó más de un comentario sobre los colores de la arquitectura, la ropa y los vehículos, y no dejaba de bufar y de quejarse por la cantidad de perros callejeros que acechaban en cada esquina.
El océano se extendía a nuestra derecha, con olas azules que rompían plácidas contra la playa.
El aire olía raro. Como había dicho Dónut, no es que fuese desagradable, pero sí como si no casara del todo con el olor que debía tener el mar.
Unos apartamentos y edificios de todos los tamaños y en condiciones de todo tipo se alzaban en la ciudad a nuestra izquierda, moteados por parques llenos de palmeras por aquí y por allá.
En la autovía, los vehículos seguían viniendo del oeste, pero los carriles que venían del este estaban prácticamente bloqueados.
Al igual que en la zona de Imani y Elle, solo veíamos a grupos de personas flotando por la carretera, lo cual me resultaba muy extraño.
Samantha también nos daba información de vez en cuando. Cuanto más lejos se encontraba, más grandes eran los monstruos. Su descripción de las habilidades no es que fuese perfecta. Lo último que había descrito, de hecho, era una señora que lloraba mientras un cesto le tiraba huevos.
Cuando estaba a punto de decir algo sobre lo raro que me parecía, Dónut bufó y me hizo detenerme.
Apareció un punto rojo en el mapa, sobre una colina que había en un parque junto a la carretera.
La criatura pegó un gritó estruendoso y agudo.
Me giré a tiempo para ver cómo galopaba hacia nosotros. Empezó a ladrar.
Pero los ladridos no eran… ladridos. Era como si fuese una persona imitando a un perro.
—Pero ¿qué cojones, joder? —murmuré mientras cerraba el puño.
Empieza el combate.
El mensaje llegó de la nada y con una voz que no había oído antes. ¿A qué había venido eso?
La criatura blanca y marrón de cuatro patas era más o menos del tamaño y la forma de un lobo extragrande, pero con patas delanteras muy largas que no tenían articulación en las rodillas. Avanzaba hacia nosotros con estas estiradas y rebotando arriba y abajo.
Pero la parte más extraña de la criatura era la cabeza.
Era la de un humano, pero quizá un cincuenta por ciento más grande que la de una persona normal, lo que la hacía cómicamente llamativa en aquel monstruo extraño.
Tenía la mirada iracunda de un tipo con barba que llevaba una boina roja.
La boina brillaba para indicar que era mágica.
La cabeza de esa cosa se parecía sospechosamente a la de Che Guevara.
Siguió ladrando con rabia mientras cargaba hacia nosotros. Sonaba como un tipo usando un megáfono para ladrar.
—Pero ¿qué es eso? —gritó Dónut mientras lanzaba un proyectil mágico a la criatura—. ¡Se parece al perro que sale en la película de alienígenas con el presidente Snow!
El proyectil impactó en la criatura, que aulló de rabia. La salud le bajó un diez por ciento. Después, la gata le lanzó una bola de fuego, que chocó contra el monstruo y lo tiró bocarriba. Se prendió fuego y empezó a aullar de dolor.
Examiné a esa cosa lamentable.
La Experiencia. Nivel 55.
Se dice que la Experiencia, que es una de las criaturas más temidas del folclore taíno precolombino, es el guardián del mundo de los muertos.
A saber por qué los muertos necesitan un guardián, la verdad.
Están muertos, ¿no? Los humanos tenéis unas tradiciones muy extrañas que no tienen puto sentido.
Sea como fuere, esta monstruosidad poderosa y despiadada no suele aparecer en el mundo de los vivos, pero será mejor que tengáis cuidado cuando lo hace. Es fuerte, mágica y bastante enérgica.
—¿Esta cosa pertenece a la mitología de este lugar? ¿En serio? —preguntó Dónut—. ¿Y por qué se llama así? Parece un personaje rechazado de Jersey Shore o uno de esos imbéciles del Imperio Calavera.
—Pues… —dije al tiempo que veía cómo la criatura volvía a enderezarse. Seguía en llamas—. A mí me parece una mezcla de las leyendas locales y de los dibujos animados de los sábados por la mañana.
—No sé qué quieres decir con eso, Carl, pero me ha sonado ofensivo.