Capítulo 3
Respiré hondo y apareció la hilera de cajas frente a mí, extendiéndose hasta el fondo de la estancia.
La caja celestial estaba al final y era enorme.
Tenía la forma de una calavera giratoria de ojos relucientes.
Me fijé en que el contador de visitas había subido de improviso, algo muy poco común cuando uno se encontraba en una estancia segura.
Empezaron a abrirse las cajas de aventurero, donde conseguí pociones de sanación y de maná buenas, algunas de las de atravesar paredes, de invisibilidad y muchos objetos inservibles.
La caja de misión de Tina era la misma que le habían dado a Dónut, con un cupón para una mejora de asentamiento. No era algo que pudiésemos usar en aquel momento.
En la misión La venganza de la hija se había comentado que una de las recompensas sería la posibilidad de saquear el castillo de los altos elfos, pero lo habíamos teletransportado al noveno piso y era muy probable que hubiese aterrizado en un lugar inoportuno.
También me habían dado una caja de misión de oro por completarla.
Esta se abrió y salieron de ella varios objetos. Los reconocí de inmediato.
—Carl, ¿eso es lo que creo que es? —preguntó Dónut con asco.
—Pues diría que sí —comenté mientras el kit de tatuaje manual se guardaba en mi inventario. Eran los mismos objetos que Edgar la tortuga había usado para hacerle los tatuajes mágicos a Zarina Signet.
—Es asqueroso —dijo Dónut.
—Estoy de acuerdo —comentó Samantha. Había aparecido de repente sobre la mesa para contemplar cómo se abrían las cajas. Tenía una pluma de Mongo en el pelo.
La caja de pacifista dorada contenía un pequeño parche de mejora para mi chaqueta. Era un símbolo de la paz redondo. Dónut hizo un comentario burlón sobre la calidad del bordado.
La caja de esquirol dorada contenía una poción de habilidad que desapareció antes de que me diese tiempo a examinarla.
La caja de orgía me dio otro de esos cupones de mercenario.
La caja de Toma Mierda de la Buena Porque la Vas a Necesitar de platino también tenía lo mismo que había recibido Dónut, una poción de mejora cósmica. Cabeceé en dirección a Mordecai, quien casi no podía ocultar su emoción. Quería examinarla en su mesa antes de que yo la usase.
La caja de apóstata de platino que me habían dado por sobrevivir a Diwata contenía un anillo. Un aro de pezón.
—¡Ja! —exclamó Dónut triunfante—. ¡Te lo merecías! —Miró hacia el techo—. Ahora ya no le quedan espacios en los pezones, así que tendrá que usar los aros en otros sitios.
—Sí… —comenté—. Verás cuando me salga de una vez el kit de esterilización felina para principiantes.
—No tiene gracia, Carl. Ni se te ocurra hacer ese tipo de chistes.
Me quedaban tres cajas. Vamos allá.
La caja de jefe legendaria por matar a Imogen revoloteó frente a mí. Las pequeñas bandas de metal que la rodeaban se deslizaron para abrirse con exagerada fanfarria.
La muñequera brillante de cuero cayó sobre la mesa con un golpe seco. Desapareció en mi inventario.
La caja de campeón cazador legendaria del logro «El azote» se abrió con la misma pomposidad.
Es la que me habían dado por matar la mayor cantidad de cazadores en el piso anterior.
Contenía 20.000 de oro, dos cupones de mejora de mesas de creación y un cofre de estilo steampunk cuyos engranajes no dejaban de sisear.
—Qué raro —dije—. Una caja dentro de una caja.
—Es un kit de mesa de creación —explicó Mordecai—. Tendrá varios suministros raros para una de tus mesas.
—Anda —dije. No me parecía algo de calidad legendaria, la verdad, sobre todo si lo comparaba con lo que había recibido Dónut.
La caja de depredador celestial apareció frente a mí en ese momento.
Tenía la forma de una calavera diablesca brillante y reluciente del tamaño de un barril.
No dejaba de girar en círculos, cada vez más rápido, mientras la tapa se abría.
De su interior brotaron unas luces. Dónut y Samantha gritaron sorprendidas por el espectáculo luminoso.
Mongo pio aterrado y corrió a esconderse al fondo de la estancia.
La calavera de la caja abrió la boca y emitió un siseo, antes de explotar al completo dejando tras de sí una nube de luciérnagas que voló en todas direcciones hasta desaparecer.
Lo único que quedó fue un parche.
Era uno grande de tamaño espalda que estaba diseñado para colocarlo en la parte trasera de mi chaqueta. Y no había nada más.
Lo agarré antes de que desapareciese. Dónut dio un paso al frente y lo olisqueó. Hizo un mohín.
—La calidad del bordado es divina —dijo—.
Pero el dibujo es realmente nauseabundo.
¿De verdad te lo vas a poner en la espalda?
Y también tiene algunas puntadas muy raras que son transparentes.
No distingo el dibujo que forman. Vas a parecer uno de esos punkis roqueros.
Y no eres un punki roquero, Carl. No tienes buena estructura ósea para hacerte una cresta.
—Interesante —fue lo único que dijo Mordecai.
La chaqueta sin mangas se llamaba Atuendo de batalla mágico de anarquista.
Antes de examinar siquiera el parche sabía que el premio era fantástico, independientemente de lo que fuese.
De por sí, la chaqueta ya me daba un +1 a todas las características por cada parche que le pusiese.
Tenía cinco en total: el símbolo de la Tierra, las flechas, el de la bomba, el parche antivampírico del Sibarita de Medianoche y el nuevo del símbolo de la paz.
Al colocar uno grande de tamaño espalda iba a recibir una mejora del doble de puntos de característica.
El parche celestial era un pedazo de tela negro y grueso en el que destacaban una montaña de calaveras blancas bordadas de varias criaturas, que se alzaba para conformar una pirámide.
Le pasé la mano por encima y me percaté de que la tela al completo estaba cubierta de puntadas hechas con hilo transparente, como si fuese de fibra óptica.
La hija del carroñero.
Parche de mejora. Parche de espalda.
Es un objeto divino.
Es un objeto único.
Es un objeto efímero.
Solo puedes colocar un parche de espalda al mismo tiempo.
Este parche muestra una montaña de calaveras escalofriantes amontonadas de forma perfecta. Me pregunto si será por algo…
Cuando se añade el parche a una prenda con espacios, proporcionará las siguientes mejoras:
(Mejoras ocultas hasta que se cosa el parche al objeto y te lo equipes).
Aviso: Los parches de mejora son objetos efímeros. Puedes quitarlos, pero se destruirán al hacerlo.
¡Segundo aviso! Es un objeto divino. Esto quiere decir que tendrá diferentes capacidades, ventajas y posibles desventajas dependiendo de lo cerca que estés de algunas deidades y demonios concretos. ¡Podrás hacer nuevas y emocionantes combinaciones!
—Pero ¿qué cojones? —murmuré.
Tenía que ponérmelo para saber qué me daba. Se lo di a Mordecai junto a la poción de mejora cósmica. En ese momento me dieron un logro.
¡Logro desbloqueado! ¡Pasarela de los dioses!
¡Has recibido un objeto divino! Es un objeto que quizá una deidad llevase puesto en el pasado. O quizá lo haya estornudado. O usado para limpiarse el culo u otras cosas. Ya me entiendes.
Los objetos divinos son diferentes a los normales.
Normalmente no se sabe para qué sirven hasta que no te los equipas.
Las buenas noticias son que estas mejoras suelen ser magníficas y abundantes.
También dan poderes nuevos y emocionantes cuando uno está en presencia de deidades y de algunos demonios.
Las malas noticias son que algunas de esas deidades pueden causar desventajas desagradables cuando también están presentes.
Y sin razón aparente. No te preocupes, esta temporada hemos eliminado la que hacía que te explotase la cabeza.
Esa era cosa de Yarilo, por ejemplo. Y… creo que la habíamos eliminado, sí.
Bueno, la verdad es que ahora no lo recuerdo bien.
Recompensa: Ahora tienes otra cosa más que te da ansiedad.
—Mierda —murmuré.
—Los objetos divinos son los mejores —comentó Mordecai—. No te preocupes por las posibles desventajas. No son tan terribles como pueda parecer. Es posible que estas sean temporales y que luego recuperes las ventajas.
—Es espantoso —dijo Dónut.
—A mí me gusta —comentó Samantha—. Es algo que Louis llevaría puesto en una cita.
—¿Qué? —pregunté mientras sacaba los nuevos objetos.
La poción de mejora sumaba 3 puntos a mi habilidad Encontrar trampas, que subí a 13. Ahora sería capaz de ver cualquier trampa que hubiese en la mazmorra, excepto que un maestro trampero la ocultase a conciencia. No estaba nada mal.
También saqué los objetos que conformaban el kit de tatuaje. Era una aguja larga y afilada. Un poco de tinta. Una especie de palitos. Y algo similar a papel de lija. No tenía ni idea de cómo podía usar todo aquello.
Kit de tatuaje carcelario mágico.
Estás en la trena, ¿eh? Bueno…, ¿quién soy yo para juzgar a nadie?
Te preguntarás: «¿Cómo he acabado aquí? ¿Cómo he podido cagarla tanto?
». Y pensarás: «A partir de hoy cambiaré las cosas.
A partir de hoy voy a asegurarme de que voy por el buen camino.
Voy a salir de aquí, conseguir un trabajo y hacer que mi familia esté orgullosa de mí.
Y conmemoraré esta ocasión tan importante dejando que el tipo de la celda de al lado, Follacráneos, me dibuje un dragón muy cutre a un lado de la cara».
El kit permite a un artista crear un tatuaje a su elección sobre la piel de un objetivo voluntario o involuntario.
El oficio de tatuador puede proporcionar todo tipo de mejoras mágicas.
O también puede conseguir que tu próximo retrato policial se vuelva viral en redes. Todo depende del talento del artista.
—Pero ¿qué cojones se supone que tengo que hacer con esto? —pregunté.
—La verdad es que espero que no sea para hacerte otro de esos tatuajes repugnantes, Carl —dijo Dónut. Se quedó en silencio—. ¡Eh! ¡La mazmorra me ha robado el chiste! ¡Yo había dicho lo de hacerse viral de otro de tus tatuajes!
Gruñí.