El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Prólogo #3
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Prólogo #3

En ese mismo instante, Chaco veneró a Dodola. Era el primero del grupo que veneraba a una deidad. Odette les había dicho desde el principio que era un problema atarse a cualquiera de ellas.

—¿Qué acabas de hacer? —gritó En Sus Trece.

—Lo siento, amigo mío —dijo Chaco a Uzzi, quien se giró para contemplar al bardo corpulento.

El aveceleste bajó la mirada hacia el dardo que Chaco tenía en su mano de hombre lobo, sorprendido.

El dardo de Ofiotauro. Uzzi alzó la cabeza hacia la lluvia que caía del cielo y graznó.

Fue un grito de guerra. Luego, se acercó un paso al rompecabezas y extendió las alas como si se hubiese puesto a rezar. Lo había entendido.

Chaco lanzó el dardo al pecho de Uzzi. Detrás de ellos, Dodola rugió indignada y volvió a moverse. Corrió hacia ellos e intentó lanzar un conjuro, pero desapareció antes de poder hacerlo.

—¡Trece, atrás! —gritó Chaco mientras lanzaba el conjuro Círculo de contención de nivel 15 y encerraba a Uzzi, que había caído bocarriba, con el rompecabezas. Su cuerpo empezó a titilar y a chisporrotear.

—¡No! —rugió Mordecai mientras se acercaba. Tenía forma de salvaje rata, la primera que había aprendido. Se detuvo frente al semicírculo del conjuro y cayó de rodillas. Apoyó las manos en la barrera mágica—. ¡Uzzi! ¡Uzzi!

El aveceleste siguió teniendo espasmos. En Sus Trece graznó de rabia mientras seguía centrado en el rompecabezas, al otro lado del escudo mágico. Podían lanzarse conjuros a las cosas que había dentro del escudo, pero no al revés.

El pecho de Uzzi se abrió hacia fuera cuando se completó la invocación involuntaria.

El mazmorrero Uzzi ha caído.

—¡No! —gritó Mordecai.

Quedaban quince unidades de tiempo para el derrumbe. El escudo iba a desaparecer dentro de diez.

Dodola volvió a formarse dentro del conjuro, obligada a adquirir un tamaño mucho más pequeño.

El rompecabezas, atrapado con ella en el interior, quedó destrozado.

Apareció una chispa de luz reluciente. La llave.

Flotó en dirección al portal de la escalera, pero seguía encerrada dentro del escudo mágico.

A RMITA : Odette, ¿qué has hecho? Acaba de enviarme un mensaje para asegurarme que va a matarnos a todos. También a mí.

Dodola aulló de rabia. Disparó un rayo, pero este rebotó contra la cara interior del escudo una y otra vez, cada vez más rápido. El disparo atravesó sin problema la llave, ya que esta también estaba hecha de rayos.

—Oh, Huanxin —murmuró Odette—. Pobre imbécil. Eso no ha sido muy inteligente por tu parte, ¿a que no?

O DETTE : No puede matarte si abandona el juego.

El dardo funcionaba más o menos como una granada sagrada, pero tenía dos diferencias. La granada sagrada no requería recipiente para que funcionase la invocación. Con el dardo, se habían visto obligados a elegir a alguien.

No quedaban criaturas con vida en el piso, así que tenía que ser Uzzi.

La segunda gran diferencia era que la inmunidad de la diosa no empezaría hasta cinco unidades de tiempo después de que terminase de formarse por completo.

Dodola era inmune al rayo, pero no al ataque de área que este lanzaba al final de su trayecto.

—Cubríos los ojos —gritó Odette.

El conjuro Rayo reboteador de nivel 20 explotó en el interior del escudo. La luz fue muy similar a la de una supernova.

La deidad murió. No se oyó absolutamente nada de lo que había ocurrido en el interior del escudo. Solo se vio la luz.

Una deidad ha caído. Los cielos se agitan con rabia.

Chaco soltó un grito ahogado detrás de ella. Una corona de laureles brillante apareció sobre su cabeza y subió diez niveles. Se había llevado la muerte.

—No —siguió repitiendo Mordecai una y otra vez.

—¿Qué has hecho? —preguntó En Sus Trece mirando a Chaco—. Has asesinado a Uzzi.

—Yo… ¡No! —dijo Chaco mirándose las garras.

—Un momento…, ¿qué? —dijo Mordecai, que alzó la cabeza y lo miro con gesto confundido en su rostro de rata—. ¿Has usado el dardo? ¿Con mi hermano?

El escudo desapareció en ese momento.

El cadáver de Dodola cayó al suelo y se disipó en una nube de ceniza. La llave, a la que no le había ocurrido nada, flotó hasta la escalera para abrirla.

A RMITA : Me quedan tres temporadas, Odette. Y ella viene todos los años. Podrá matarme sin problema. Tú vas a salir, pero yo no. ¿Qué has hecho?

O DETTE : Lo siento, amiga mía.

—¡Pedazo de cabrón! —gritó Mordecai mientras se abalanzaba hacia Chaco. Lo empujó y ambos cayeron por las escaleras antes de desaparecer. En Sus Trece gritó y voló detrás de ellos antes de hacer lo propio. Odette se quedó sola.

El silencio se apoderó del lugar.

Chaco estaría bien. El logro Matadioses le permitiría conseguir un buen trato.

Odette le había mentido. Los gremios de ayuda siempre estaban cerca del principio del undécimo piso.

De hecho, aparecería en el interior de uno, igual que había ocurrido en el décimo.

No tenía por qué volver a ver a Mordecai nunca más.

«Lo he conseguido —pensó mientras el piso empezaba a derrumbarse—. He escapado de esta pesadilla. Libre al fin».

M ORDECAI : Te mataré, Odette. Escaparé de este lugar y te encontraré dondequiera que estés. Te mataré.