El Ojo de Atlas (Las aventuras de Quim Mora 3) Capítulo 92
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Capítulo 92

Casa de Ruth

Don Emilio y don Alfonso tardan veinticinco minutos en llegar a la dirección donde se supone que están Mario y Félix. Octavi los ha acompañado en su coche. No quería dejarlos solos porque sabe que son capaces de meterse en más líos de los que sus ancianos y castigados cuerpos pueden aguantar.

—¿Qué hacemos ahora? —pregunta el ayudante.

—Aparca ahí, delante de la puerta —dice don Alfonso.

—Es solo para minusválidos —advierte.

—¿Acaso te piensas que somos parte del equipo olímpico de atletismo? —le suelta su jefe mostrándole el bastón que siempre lo acompaña—. Aparca que ya me encargaré yo de dar explicaciones si es que aparece algún gendarme.

Nada más apagar el motor del coche y antes de que ninguno de ellos se baje, otro vehículo se detiene en la entrada del garaje privado de Ruth.

—Esperad —susurra don Emilio, sentado en la parte trasera del coche—. Está pasando algo extraño.

Del todoterreno se bajan varios hombres armados. Van vestidos y equipados como las fuerzas de asalto de la policía, pero está claro que no pertenecen al cuerpo.

Uno de ellos fuerza la puerta lateral que da acceso al jardín de Ruth. Antes de que algún vecino los vea, todos se pierden en el interior.

—Ahora podemos bajar —dice don Alfonso.

Octavi hace el amago de salir del coche, pero su jefe lo sujeta del hombro desde el asiento del copiloto.

—Tú espera aquí. Si viene un gendarme y te dice algo, te marchas sin protestar y nos esperas en la calle de al lado.

Octavi asiente.

Don Alfonso no quiere perder a su pupilo. Es demasiado valioso y no está acostumbrado al trabajo de campo. Ellos dos, a pesar de sus achaques y la edad, se mueven por ese terreno fangoso como pez en el agua.

Octavi ve desde el coche como la pareja se acerca con cautela hasta la misma puerta que los tipos acaban de forzar. Miran a izquierda y derecha, disimulan un momento y se pierden dentro de la propiedad.