El Ojo de Atlas (Las aventuras de Quim Mora 3) Capítulo 70
67%

Capítulo 70

Casa de Ruth

Barcelona

Ruth apenas había podido pegar ojo en toda la noche.

Su mente volvía una y otra vez al medallón y a lo que, según la mujer a la que se lo arrebató, era capaz de hacer.

Ella misma lo había visto. Aquella asesina había regresado de una muerte segura, había resucitado mientras el colgante emitía una luz azulada, imposible, inquietante y hermosa a la vez.

Se prepara otro café con un toque de vainilla y se sienta en uno de los taburetes de la cocina, frente a la gran isla de mármol claro que domina la estancia. Acaricia el medallón de nuevo. Sigue colgado de su cuello. Es incapaz de quitárselo.

Sin pensarlo dos veces, toma uno de los muchos cuchillos del bloque de madera que descansa sobre la encimera y se hace un corte en la palma de la mano.

La sangre brota al instante.

Un grito escapa de su garganta.

Levanta la mano y la observa de cerca.

La sangre cae sobre el mármol, dejando una mancha grotescamente roja, casi obscena. Después, el goteo cesa. La herida empieza a cerrarse poco a poco, como si alguien rebobinara la realidad ante sus ojos. La piel se regenera hasta no dejar más rastro que la sangre seca.

Una sonrisa desquiciada se dibuja en su rostro.

—Soy inmortal —susurra.

Mientras se lava las manos y limpia la encimera, en su cabeza late con fuerza la idea de conseguir la única cosa que puede arrebatarle su recién adquirido poder: la daga.

En la calle, a pocos metros de la entrada, un hombre y una mujer vigilan desde el interior de una furgoneta blanca rotulada como la de una floristería.

Ambos trabajan para el Sumo Sacerdote de Roma.

Ella, además, es la asistenta de Ruth, lo que le permitió instalar cámaras de vigilancia por toda la casa. Las imágenes de una de ellas, la cámara oculta en el reloj de la cocina, son justo las que acaban de ver.

— Presto! —ordena una voz firme.

—Lo tiene, Su Eminencia —informa el hombre—. Tiene el medallón que anda buscando. Lo lleva colgado al cuello y…

El hombre se detiene unos segundos.

— Parla! —ordena el Sommo .

—Aunque parezca increíble, el objeto funciona tal y como nos contaron.