El Ojo de Atlas (Las aventuras de Quim Mora 3) Capítulo 57
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Capítulo 57

Pasado

Piso franco

Tras el calor abrasador y la luz que me ha atravesado como un cuchillo, llega por fin la calma.

La oscuridad cae sobre mí como un velo tibio y el silencio se instala en cada rincón de mi cuerpo.

Prefiero esto, sin duda. Es menos punzante, menos cruel.

Casi dulce. Me acuna, me invita a dejarme ir, a hundirme en un sueño profundo del que no deseo volver.

En el fondo de mi mente, algo golpea. Un trueno en forma de voz, lejana al principio, insistente después. Me llama.

Me arrastra hacia arriba, hacia la luz que no quiero ver.

—¡Quim! ¡Despierta!

Es Lucía. La reconozco antes incluso de sentir cómo me sacude la cara. Abro un ojo con esfuerzo. Su rostro está encima del mío. A su lado, Tiram me observa con una mezcla de miedo y expectación.

—¡Quim! ¿Me oyes?

Habla demasiado alto.

No entiendo por qué grita.

Solo quiero que me deje dormir, volver a esa oscuridad tranquila y silenciosa donde nada duele.

—¡Quim! ¡Hemos saltado! —dice la voz de Lucía, deformada, como si llegara desde un túnel—. No sé a qué época, pero estamos en otro tiempo, sin duda.

Intento responder.

Solo consigo que salga un ligero murmullo.

—Vale, pero dame… solo un minuto —balbuceo.

La oscuridad vuelve a tirarme de los tobillos y esta vez no me resisto. Me deslizo otra vez hacia ella antes de perder la consciencia por completo.