El Ojo de Atlas (Las aventuras de Quim Mora 3) Capítulo 48
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Capítulo 48

Consulta de David

Lucía todavía tiene los ojos rojos de tanto llorar. No puede evitarlo. Llora como una niña siempre que ve una película sentimental, así que ¿cómo no va a hacerlo ahora? La persona a la que quiere está postrada en la cama, medio inconsciente, y no sabe si saldrá de allí.

Víctor no se separa ni un segundo de ella.

David aparece en la sala de espera. Les hace una seña para que lo sigan. Camina hasta la habitación de Quim y entra primero. Prefiere hablar en privado. Ambos lo siguen.

Lo ven postrado en la cama, dormido y pálido. Víctor se coloca a su lado, dejando espacio para que Lucía pueda hablar con David. No se queda fuera porque también quiere saber qué le ocurre a su único cliente. A su amigo.

—Tras todas las pruebas, hemos determinado que tanto Quim como el joven que ingresó con él tienen una infección por estreptococo que ha provocado sepsis —informa David, directo, sin rodeos.

—¿Es grave? —pregunta Lucía, con la voz apagada.

—Sí, pero el laboratorio ha sido rápido identificando la bacteria: Streptococcus pyogenes . Ya hemos empezado a administrarles antibióticos.

Víctor suspira, mira a Quim y percibe su palidez.

—¿Qué necesitas? —pregunta Víctor, viendo que Lucía no dice nada.

—No podemos hacer nada. Solo esperar. La fiebre debería bajar en las próximas horas. La inflamación de las heridas mejorará en uno o dos días.

—¿Cuándo estará Quim al cien por cien? —insiste Lucía. Siente que su vida corre peligro. Lo que pasó con Félix y Mario no terminará ahí. Quim es la pieza más importante.

—No puedo asegurarlo —titubea David—. Depende de cada persona. Pero considerando lo débil que llegó, diría que necesitará al menos diez o quince días para recuperarse por completo.

—Eso es demasiado tiempo —susurra Lucía, casi sin querer. Víctor la mira, callado.

David no duda en preguntar:

—¿Demasiado tiempo para qué?

Sabe que algo extraño ocurre, como siempre que Quim entra en sus dependencias. Nada de lo que le rodea es normal. Lucía lo mira, pero guarda silencio.

David entiende la indirecta.

—Podéis quedaros todo el tiempo que queráis —dice antes de salir de la habitación—. Ambos están en buenas manos.

—Voy a ver al chaval —dice Víctor, siguiendo al doctor.

Lucía se sienta junto a la cama. Toma la mano de Quim.

Está caliente. La fiebre sigue, pero pronto bajará.

Al menos eso dice David. Con la otra mano acaricia su cabello.

La barba de varios días y su aspecto descuidado no importan.

Solo quiere que despierte, que se recupere.

Necesita estar fuerte para lo que seguramente vendrá.

En ese instante, el teléfono de Quim vibra sobre la mesita. Está conectado al cargador. Lucía lo mira. Es un mensaje de voz. Lo abre sin pensarlo. No es que desconfíe de su novio, solo quiere comprobar si es algo urgente.

El mensaje proviene de un nombre que no reconoce: Profesor Alfredo García.

Pulsa para escucharlo con el altavoz activado:

—«Quim, soy yo, Alfredo García, de Sevilla. Espero que estés bien. Hace tiempo que no hablamos, amigo, pero siempre te tengo en mente. Por eso te llamo. Tengo en el laboratorio del museo algo que me dijiste que te interesaba. Solo te diré que es antiguo y azul. Llámame y te cuento».