El Ojo de Atlas (Las aventuras de Quim Mora 3) Capítulo 32
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Capítulo 32

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Castillo de Huelva

En cuanto noto el peso de mi cuerpo, una oleada de calor sofocante me invade de repente.

Me falta el aire. Apenas puedo respirar.

Intento abrir los ojos, pero pesan demasiado para la fuerza que ahora mismo tengo.

Palpo a mi lado y compruebo que el chaval sigue conmigo.

Noto sus manos. Deben de ser las de él, digo yo, sino vamos mal.

—¡Chiquillo! —dice una voz a mi lado.

—¿Qué le pasa, Miguel? —pregunta otra distinta.

Parecen las voces de dos hombres ancianos.

—¿Estás bien?

—Déjeme un teléfono —le digo a la vez que consigo abrir los ojos. Estoy sentado en un suelo de arena. Delante de nosotros hay una especie de fuente sin agua. Creo que ahí mismo estaba la estatua de aquel hombre.

Uno de ellos me pasa su teléfono.

—¿A quién vas a llamar? No será una conferencia, ¿no?

Sonrío sin apenas fuerzas.

El hombre no. Mira los números que marco.

Es el teléfono de Víctor.

—Dime —contesta.

—Castillo de Huelva... Necesito ambulancia... Somos dos... Heridas infectadas con veneno de serpiente.

Los dos abueletes abren mucho los ojos al escuchar lo de la herida por veneno de serpiente y empiezan a mirar a su alrededor, dando pequeños saltos.

Uno se aleja de nuestro lado.

El otro, dueño del teléfono, se queda allí parado y con la mano estirada.

Le entrego el teléfono al hombre.

—Gracias… —logro decir antes de desmayarme.