El Ojo de Atlas (Las aventuras de Quim Mora 3) Capítulo 3
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Capítulo 3

En cuanto el humo se disipa, Nadia entra en la cámara principal.

Pasea la mirada por la zona y se da cuenta que nada de lo que hay allí le interesa.

Sin duda alguna, esta sala sirve como vía de escape, más que de almacén.

Tras apartar varias planchas caídas del techo ve el cadáver del señor Arango.

Su cara mira hacia una pared con los ojos cerrados.

Tiene medio cuerpo bajo enormes piedras y otros objetos esparcidos por la onda expansiva.

—¿Está muerto? —pregunta uno de los hombres de su equipo.

—Muerto para siempre. No se puede quejar. Ha vivido mucho más de lo que nadie querría.

—¿Y el otro tipo?

—Ha huido por allí —indica Nadia, señalando hacia una puerta cerrada al final de la sala.

Varios gritos se oyen a través del enorme agujero que ha dejado la detonación.

—La policía ha llegado. Debemos irnos.

La mujer asiente en silencio.

Caminan hacia la misma puerta por la que ha huido el joven ayudante, para evitar encontrarse con los agentes que acaban de entrar en el local. No tardarán demasiado en encontrar esa sala. Solo deben seguir el humo.

Antes de llegar al final, Nadia ve un brillo inusual entre las cajas. Se acerca para comprobar qué es.

—¡Vámonos! ¡No nos pueden encontrar aquí! —susurra el hombre, con un grito contenido antes de perderse en la negrura.

La mujer se agacha y aparta varias cajas.

Entre el polvo y las piedras lo ve. Sus ojos se agrandan como platos. Está ahí, delante de ella, como un regalo del destino. El medallón que había venido a buscar. La pieza más valiosa de aquella vieja tienda de antigüedades.