El ogro de las Highlands Capítulo 39 #2
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Capítulo 39 #2

—Salí de allí jurándome que esta vez sí iba a recuperar todo lo que me habían quitado y que iría a por ellos hasta el final.

Desde aquel momento empecé a sentir auténtico odio hacia ella porque vi algo en sus ojos que me hizo comprender que había mucha más maldad detrás y que existía una parte de la historia que todavía se me escapaba.

—Qué fuerte…

—En realidad, solo habían conseguido llevarse una parte de mi herencia. Había mucho más patrimonio que ella desconocía y que seguía estando bajo mi control, gracias a Dios, porque habría sido capaz de arrasar con todo. Aun así, juré que recuperaría lo que me pertenecía y se lo advertí a los dos.

»Fue entonces cuando contraté a uno de los equipos legales más importantes de Gran Bretaña y también a varios detectives privados para que trabajaran exclusivamente para mí. Son los mismos profesionales que no me han soltado durante todos estos años.

—Los que finalmente consiguieron llevarlo a prisión.

—Exactamente.

Liam respiró profundamente.

—Lo más desconcertante llegó nueve meses después de aquella noche, cuando mis investigadores me informaron de que habían tenido una niña. Me dieron la noticia con cierto tono de sospecha y yo también lo sentí en cuanto la escuché.

»Me prometieron que llegarían hasta el fondo y, para entonces, además, ya habían encontrado indicios de que los contratos relacionados con las deudas de la familia de mi ex no eran del todo fiables. Cada vez estaba más claro que todo se había organizado para quedarse con parte de mi patrimonio.

—No quiero ni imaginar por todo lo que has tenido que pasar.

—Empecé a ir a casa de Glen pocos meses antes de que tú llegaras. Isla pensaba que yo era amigo suyo porque jamás iba a montar una escena delante de ella. La visité varias veces y por eso, desde su perspectiva, parecía que llevaba mucho tiempo frecuentando la casa.

—¿Y por qué empezaste a ir precisamente entonces?

—Porque hasta aproximadamente un año antes no habíamos conseguido pruebas suficientes para confirmar que Isla era mi hija. Además, todavía nos faltaba demostrar que Glen había sido responsable de quitar de en medio a su mujer para poder vivir la vida que realmente quería.

»También descubrí que ella había jugado conmigo conscientemente para conseguirlo a él, porque era a quien realmente amaba.

Y, por último, aunque todavía no teníamos todas las pruebas, yo quería presionarlo y conseguir que se sintiera inseguro, intentar llegar a un acuerdo utilizando todo aquello que ya sospechábamos.

Finalmente, los investigadores y los abogados consiguieron reunirlo todo.

—Menos mal —murmuré con tristeza.

—Había otro problema. Si yo solicitaba directamente una prueba de paternidad y finalmente resultaba que Isla no era mi hija, Glen podía intentar utilizarlo para sostener que lo acosaba con la intención de recuperar lo que había perdido.

Por eso mis abogados no quisieron arriesgarse desde el principio.

Se detuvo un momento antes de mirarme fijamente.

—Y entonces apareciste tú.

Me quedé inmóvil.

—Gracias a ti conseguí las muestras que necesitábamos para realizar la prueba de ADN con toda la tranquilidad del mundo. Y vaya si era mi hija.

Sentí un escalofrío al recordar todo lo que había vivido en aquella casa sin conocer la verdad.

—Antes de obtener el resultado, ya tenía a Glen bastante acorralado con otro asunto. Le hice creer que el forense que había firmado el certificado de defunción de su mujer había muerto, dejando pruebas de que había sido chantajeado para no certificar el asesinato.

Abrí los ojos.

—¿Era verdad?

—No. Era una mentira para presionarlo. A partir de ahí empecé a negociar con él para que me devolviera todo lo que me pertenecía. De Isla todavía no dije una sola palabra porque en ese momento no tenía confirmada la paternidad.

—Estoy en shock .

—Él lo negaba todo y me pedía tiempo para demostrarme que estaba equivocado. Le di de plazo hasta aquel verano. Por suerte, mientras tanto conseguimos el ADN.

»Yo seguí sin mencionar a la niña para que no sospechara que estábamos investigando también ese asunto. Quería que se sintiera tranquilo respecto a Isla mientras toda mi presión se centraba en el asesinato.

Bebió otro sorbo antes de continuar.

—Y entonces apareció un antiguo trabajador suyo con algo que demostraba que Glen había organizado la muerte de su mujer. Había cometido un error y podía terminar implicado en todo aquello, así que nos entregó la información a cambio de que no lo señaláramos directamente.

—La vida termina poniendo cada cosa en su sitio.

—Todavía faltaba lo peor. Los investigadores descubrieron que estaba planeando asesinarme y que incluso había contratado a un sicario. Por eso fingí estar hospitalizado cuando, en realidad, me encontraba en un piso protegido por la policía.

Recordé inmediatamente aquella fotografía.

—¿La escayola…?

—También era falsa. Me la pusieron expresamente para poder enviarte aquella foto y mantener la historia. Y por eso Glen decidió quitarte de en medio mandándote a Irlanda con la niña. Como ya te dije en su momento, nosotros sabíamos lo que estaba haciendo.

—Entiendo.

—Mi equipo legal terminó trabajando en colaboración con la policía y, cuando reunieron suficientes pruebas, procedieron a detenerlo. Durante el registro aparecieron documentos y otros elementos que respaldaban toda la trama que llevaba años desarrollándose contra mí.

Su rostro se endureció todavía más.

—Pero había algo peor. Descubrimos que Isla iba a convertirse en una moneda de cambio. Su intención era matarme y después intentar utilizar a la niña para reclamar derechos sobre el resto de mi herencia y poder administrarla él.

Sentí un escalofrío.

—Me da terror solo de pensarlo.

—Durante el registro aparecieron muchas más cosas. Entre ellas, documentos firmados con mi ex en los que se establecía que Glen se responsabilizaría de Isla y administraría su patrimonio si a ella le ocurría algo.

»Y no solo eso: nunca inscribió legalmente a la niña como hija suya. Isla figuraba únicamente con los apellidos de su madre e incluso la documentación utilizada para matricularla en el colegio contenía irregularidades.

Me quedé unos segundos en silencio intentando asimilarlo todo.

—Has hecho justicia, Liam.

Su expresión se suavizó por primera vez desde que había comenzado a contarme la historia.

—Y ahora puedo casarme tranquilo con la mujer de mi vida sabiendo que ya no existen secretos entre nosotros.

Se inclinó sobre la mesa y me besó en la mejilla.

—Quiero que legalmente seas la mamá de Isla. Nadie más que tú se merece ese título.

Noté que los ojos se me llenaban de lágrimas.

—No me digas eso porque voy a morirme de felicidad.

—Lo digo completamente en serio. Y no es algo que quiera únicamente yo. Ella lo desea con todo su corazón.

Aquello terminó de desarmarme y, sin importarme que estuviéramos en mitad de un restaurante, me levanté y fui directamente hacia él. Me senté sobre sus piernas para abrazarlo y llenarlo de besos mientras las lágrimas seguían cayéndome por las mejillas.

No sé qué debieron de pensar los demás clientes, pero algunos empezaron a aplaudir y aquello consiguió que termináramos riéndonos entre toda la emoción.

Después nos miramos sabiendo que, tras todo lo vivido, ya no quedaba nada escondido entre nosotros y que, de una forma u otra, llevábamos tiempo siendo una familia.

Muy pronto, además, también lo seríamos sobre el papel.