El ogro de las Highlands Capítulo 21
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Capítulo 21

Me desperté mucho antes de lo normal y bajé a tomarme un café mientras me fumaba un cigarrillo antes de ir a despertar a la pequeña.

La noche anterior había estado mensajeándome con Liam, que hablaba como si fuera el dueño del mundo.

Yo no hice referencia absolutamente a nada de lo que había ocurrido porque hacía tiempo había aprendido que escuchar las dos versiones de una historia era la única forma de intentar comprenderla.

A Glen nunca lo había escuchado y, antes de sacar ninguna conclusión, quería ver todas aquellas pruebas que había prometido enseñarme.

Si era cierto todo lo que me había contado, estaba ante un auténtico psicópata y debía tener muchísimo cuidado con él.

Mi cabeza iba a mil y sentía el corazón latiéndome más deprisa de lo normal. Ya me había pasado buena parte de la noche intentando ordenar todo aquello sin conseguirlo y, con aquel primer café de la mañana, volví a romperme la cabeza buscando respuestas.

Subí para preparar a Isla y me encontré a Fiona en las escaleras. Llevaba consigo una pequeña maleta y me indicó que me quedaba a cargo de todo porque se marchaba a Glasgow hasta el jueves.

En cierto modo, sentí alivio al saber que iba a perderla de vista durante unos días. Serían pocos, pero suficientes para recuperar un poco de paz mental.

Cuando entré en la habitación, la pequeña me abrazó con todas sus fuerzas y, en cuanto le conté que Fiona se había marchado, comenzó a aplaudir de felicidad.

Desayunamos juntas y después la llevé al colegio. Antes de despedirnos, le prometí que, para merendar, le prepararía unos crepes con Nutella y se puso de lo más contenta.

Cuando regresé a la casa, Glen se asomó desde su despacho y me pidió que entrara con un par de cafés. Fui a la cocina a prepararlos y, unos minutos después, me reuní con él.

Me senté al otro lado de la mesa mientras colocaba el portátil de manera que ambos pudiéramos ver la pantalla.

Lo primero que me enseñó fueron las denuncias que Sophie, la madre de las niñas, había interpuesto años atrás y que posteriormente habían sido archivadas.

Había fotografías de las palizas y multitud de pruebas que demostraban que había sufrido malos tratos.

Las denuncias estaban selladas, fechadas y formalizadas, al igual que la documentación correspondiente al archivo del caso.

Se me erizó la piel.

Después me mostró la denuncia que Sophie presentó cuando intentó recuperar a su hija y reabrir el caso de los malos tratos tras el nacimiento de Isla. Cada documento que aparecía ante mis ojos conseguía que me estremeciera todavía más y las lágrimas no dejaban de caerme.

Por si aquello no fuera suficiente, abrió su correo electrónico y comenzó a enseñarme mensajes de los últimos años con el equipo encargado de la investigación. Había fotografías, vídeos, conversaciones y numerosas pruebas que habían ido recopilando y que involucraban a Liam en la muerte de Sophie.

Según Glen, ya lo tenían prácticamente acorralado. Era cuestión de dos o tres semanas que todo aquel material llegara al juzgado y pudieran detenerlo.

También me explicó que Liam no vivía con Erika por ningún problema relacionado con el carácter de su hija, sino porque había sido un padre egoísta y bastante desentendido de sus obligaciones.

Al parecer, siempre había puesto a Erika en contra de su madre y le había contado historias que no se correspondían con la realidad.

Y sí, también me había utilizado a mí para hacer daño, incluso sirviéndose de Isla. De repente, todo empezaba a encajar.

Lo peor era descubrir que Fiona también formaba parte de aquella investigación y que terminaría cayendo junto a Liam. Isla había acertado cuando dijo que aquella mujer estaba enamorada de Glen y, precisamente por eso, me habían contratado a mí para cuidar de la pequeña.

Fiona pasaba completamente de Isla, pero Glen la mantenía en la casa porque necesitaba conseguir más pruebas.

Según me explicó, estaba involucrada en lo ocurrido con Liam, no porque estuviera de su parte, sino porque, por el amor que sentía hacia Glen, le había convenido quitar a Sophie de en medio.

Recordé entonces aquello que Isla había escuchado sobre las llamadas de su padre con una mujer que parecía ser su pareja y decidí preguntárselo.

Glen soltó una carcajada mientras negaba con la cabeza y me explicó lo que había ocurrido realmente.

La conversación se parecía a lo que había escuchado la pequeña, pero no tenía nada que ver con lo que ella había interpretado.

En realidad, hablaba con su hermana menor, que vivía en Glasgow y se había metido en multitud de problemas.

Por el amor que sentía por ella, Glen había soportado y permitido muchas cosas.

Me enseñó numerosos mensajes que respaldaban lo que acababa de contarme.

Según él, solo había amado a una mujer en toda su vida, Sophie, y estaba dispuesto a llegar hasta el final y dejarse la vida si hacía falta para demostrar que Liam le había provocado un daño irreparable que había terminado llevándola a la muerte.

Ver a Glen contándome todo aquello mientras me mostraba una prueba detrás de otra y lloraba consiguió partirme el alma.

Fue como si, de repente, todo el dolor que sentía se transformara en rabia y comenzara a odiar a Liam con todas mis fuerzas. Me daba asco pensar que me había acostado con él y, todavía más, haber desarrollado unos sentimientos que, si aquello era verdad, no se merecía.

—Te creo, Glen. Ahora dime qué favor querías pedirme porque estoy de tu lado —le dije con firmeza, aunque las lágrimas seguían cayéndome.

—No lleves más a la niña a casa de Liam. Cuando él provoca y presiona, yo termino accediendo porque sé que estás tú y que jamás permitirías que le hiciera nada, pero quiero que deje de ir.

»Ya falta muy poco para descubrirlo todo. Me gustaría apartar a Isla desde ahora, buscar una excusa creíble y que no vuelva hasta que Liam y Fiona estén detenidos.

»Y, por supuesto, quiero que tú te vayas con ella. Yo pondré todos los medios necesarios, pero necesito que salgáis de la ciudad siguiendo una estrategia que resulte creíble.

—Explícame cómo hacerlo porque estoy totalmente dispuesta.

—Gracias, Kenna.

—Se va a hacer justicia, Glen. Estoy completamente segura.

—Lo que necesito es que Liam no sospeche absolutamente nada. Si tú te marchas de repente, puede enfurecerse, así que necesitamos una explicación que se crea.

Pensé unos segundos antes de responder.

—Liam sabe que estoy en guerra con mi hermano. Puedo decirle que ha aparecido algo pendiente relacionado con la herencia de mi padre y que un familiar me ha avisado de que se ha vendido, ya sea un garaje, un trastero o un local.

»También podría contarle que mi hermano me engañó con algún bien de la herencia que otro familiar acaba de descubrir y que necesito marcharme durante dos o tres semanas para solucionarlo.

—Puede funcionar. Yo, mientras tanto, le diré a Fiona que he mandado a la niña a Glasgow con la familia para que se encarguen de ella hasta que tú regreses.

—Sí. Tenemos que hacerlo. Tú necesitas terminar de arreglar todo esto y conseguir que se haga justicia.

—Tengo un piso en Irlanda. Podríais iros a Cork. Es una ciudad preciosa y a la pequeña le encanta. La he llevado un par de veces.

—No lo sabía, pero me parece una buena opción.

—Ve diciéndole a Liam que te ha llamado el gestor que se ocupó de los trámites de la herencia.

Así sonará mucho más creíble. Dile que vas a hablar conmigo para dejar la casa durante unas semanas porque ha aparecido algo relacionado con la herencia que tu hermano ocultó y necesitas solucionarlo.

También puedes decirle que te alojarás en casa de un familiar.

—Vale.

Cogí el teléfono y le escribí un mensaje a Liam contándole aquella historia inventada. No tardó demasiado en contestar.

Liam: Te iba a escribir. Esta mañana he tenido un choque con el coche y me han escayolado la pierna. Me esperan unas semanas jodidas y me fastidia muchísimo no poder acompañarte. Tendré que quedarme en casa de mi madre porque no estoy para estar solo.

Me mandó una fotografía para que pudiera verlo.

—La vida no ha podido ponerse más de nuestra parte —comentó Glen, consciente de que aquel accidente facilitaba muchísimo nuestro plan.

—Voy a responderle de forma que no sospeche nada.

—Vale.

Kenna: Me duele mucho saber lo que te ha pasado y no poder cuidarte ahora. Me tranquiliza saber que tienes a tu madre y a tu hija para que estén pendientes de ti. Necesito solucionar esto y, cuando regrese, te compensaré.

Liam: No te preocupes y lucha por lo que te pertenece. Sabes que te amo y que te estaré esperando. ¿Cuándo te vas?

Kenna: En dos días como mucho, aunque, si puedo, mañana mismo.

Se lo dije aprovechando que necesitábamos salir antes de que Fiona regresara.

Liam: Vale. Mantenme al tanto de todo y, si Glen te pone algún impedimento, me lo dices y lo arreglo rápido.

Kenna: Te cuento en cuanto hable con él.

Mientras Glen comenzaba a buscar los vuelos, yo subí a mi habitación para preparar mi maleta y después la de la pequeña.

Tenía que sacarla de allí cuanto antes y, al mismo tiempo, yo necesitaba huir de todo aquello que acababa de destrozarme por dentro.

¿Cómo podía Liam ser una persona tan horrible y yo haber sido tan tonta como para confiar ciegamente en él?

Me sentía engañada, aunque también tenía la sensación de haberle fallado a Glen pese a que, desde que había llegado a aquella casa, siempre había estado completamente ajena a todo.

Lo peor era pensar en Isla y en la imagen que se había formado de su padre debido al enorme caos que todos aquellos secretos habían provocado en su cabeza.

Deseaba con todas mis fuerzas que pronto pudiera descubrir la verdad y comprendiera que tenía un padre increíble que únicamente buscaba justicia por su madre, aunque seguramente necesitaría años para entender todo lo que estaba ocurriendo.

Glen permaneció en su despacho, no solo organizando los vuelos, sino también solucionando el tema del colegio. Había conseguido que Isla pudiera incorporarse provisionalmente al centro de Cork, perteneciente a la misma escuela privada que contaba con sedes en distintos lugares de Europa.