El ogro de las Highlands Capítulo 20
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Capítulo 20

Salí temprano de la habitación y me encontré con Glen, que me pidió que vistiera a su hija y la llevara al colegio.

La noche anterior, Liam me había escrito para contarme que le había dicho de todo por el comportamiento que había tenido Isla conmigo y que no iba a permitir que siguiera ignorándome de aquella manera cuando yo no había hecho nada para merecerlo.

No me dio demasiados detalles, pero sí dejó caer que las cosas cambiarían a partir de ese día. Y, por lo visto, así era, porque lo primero que había ocurrido era que Glen volvía a pedirme que llevara a la pequeña al colegio.

Entré en su habitación y, en cuanto me vio, Isla se lanzó a abrazarme.

—Mi papá me ha dicho que vuelva a ser contigo como antes —me murmuró al oído con una sonrisa.

—Te quiero muchísimo, pequeña. No sufras por nada.

La ayudé a ponerse el uniforme y bajamos juntas a desayunar. Fiona tenía una cara capaz de espantar a cualquiera y nos saludó a las dos de muy malas ganas. Yo le hice un guiño a Isla para que no se preocupara por nada.

Cuando le serví el desayuno, cogí mi café y salí a fumarme un cigarrillo. Desde detrás de la puerta de cristal podía observarla.

Pasaba completamente de Fiona y, por lo que veía, la indiferencia era mutua. Cada vez tenía más claro que aquella mujer no quería a la pequeña y la venda que durante un tiempo había tenido puesta sobre los ojos comenzaba a desaparecer del todo.

Cuando terminamos, nos dirigimos al coche y, en cuanto salimos del jardín, Isla soltó todo lo que llevaba dentro.

—Mi padre vino anoche a hablar conmigo y me dijo que ya podía volver a ser contigo como antes, pero estaba muy enfadado. Se le notaba muchísimo en la cara.

»Creo que Liam debió de decirle cosas que no le gustaron —comentó con aquella sonrisilla que yo podía ver por el espejo retrovisor—. Pero le dije que con Fiona no quería volver a ser igual porque no me gusta.

—¿Eso le dijiste?

—Sí —confirmó moviendo la cabeza.

—¿Y cómo se lo tomó?

—Me dijo que hiciera lo que quisiera, que ya estaba cansado de todo.

—¿En serio?

—Sí. Me parece que Liam se la ha liado bastante.

—Puede ser.

—Tengo ganas de hacerme mayor e irme de esa casa —me confesó con una claridad que me sorprendió.

—Tranquila, cariño. Todo pasará.

La dejé en la puerta del colegio y le di un abrazo antes de que entrara. La profesora me saludó desde dentro con la mano y yo le devolví el gesto con una sonrisa.

Regresé a la casa y, al aparcar, vi que Glen estaba desayunando en el porche delantero, cerrado con paneles de cristal correderos.

Fiona me pidió las llaves del coche porque iba a ir a la ciudad a hacer la compra y, cuando pasé junto a Glen, él me pidió que, por favor, me sentara.

Me sirvió café de la cafetera italiana que Fiona había dejado sobre la mesa.

—Creo que ha llegado el momento de que escuches mi versión.

—No entiendo —respondí, intentando aparentar que no sabía absolutamente nada.

—No sé qué te ha contado Liam, pero, conociéndolo, puedo esperarme cualquier cosa.

—Yo no quiero entrar en vuestros asuntos, Glen.

—Pero has entrado. Te has metido de lleno en su vida, en su casa y has arrastrado a mi hija contigo.

—¿Arrastrado? —Arqueé una ceja.

—Entiendo que con Liam has tenido más roce y complicidad, pero detrás de todo esto hay una historia muy dolorosa.

—Yo no sé qué pasa entre vosotros. No me ha contado nada.

—Bueno, a veces no hace falta contar demasiado para ir dejando pinceladas a favor de uno mismo y conseguir que las personas se posicionen.

—¿Qué quieres decirme?

—He intentado incluso apartar a la niña de ti para evitar que la acercaras a él, pero al final lo único que conseguí fue complicarlo todo —confesó, confirmando algo que nosotros ya sabíamos.

»Tengo una guerra doble: una con Liam y otra con Fiona, a quien le estoy haciendo creer que voy a mandar a la niña interna a Glasgow, algo que jamás haría.

En ese momento comprendí que lo que Isla había escuchado podía formar parte precisamente de aquello que Glen acababa de contarme.

—No entiendo nada.

—Liam estuvo con mi mujer hace muchos años y tuvieron una hija llamada Erika, de cuya existencia imagino que ya tienes constancia.

—Sí, sé que tiene una hija.

—Pues, como entenderás, Erika es hermana de Isla por parte de madre.

—No. Eso sí que no me lo esperaba.

—Isla no lo sabe. Erika, en cambio, sí.

Mi cabeza se convirtió de golpe en un puzle completamente desmontado y no sabía dónde colocar ninguna de las piezas.

—No sé qué decir.

—Quiero contarte mi versión completa, pero necesito confiar en ti. Saca tus propias conclusiones, investiga si quieres, pero, por favor, no hables de esto con él. Estamos metidos en un litigio muy serio.

No sabía si quería escuchar lo que tuviera que contarme, pero también era consciente de que aquella conversación podía ayudarme a entender muchas cosas.

Hasta ese momento solo conocía la versión de Liam, y tampoco era que él me hubiese explicado demasiado: únicamente repetía que Glen era su mayor enemigo y que tenía cosas que le pertenecían.

—Glen, puedes confiar en mí. El tiempo acabará poniendo a cada uno en su sitio. Yo no soy enemiga de nadie. Solo vine aquí a hacer mi trabajo y le he cogido muchísimo cariño a tu hija.

—Lo sé. Y precisamente por eso eres la única persona que puede protegerla desde ambos lados. Necesito hablar contigo para que saques tus propias conclusiones y me ayudes a salvar a Isla de todo este lío.

Sus palabras me provocaron una inquietud enorme.

—Está bien. Te escucho.

—Como te decía, mi mujer fue la madre de Erika. Liam la trató tan mal que, cuando la niña tenía cuatro años, ella decidió huir de aquella relación y vino a trabajar como interna a la casa de mis padres.

»Liam le juró que haría desaparecer a la niña si ella no se quitaba de en medio. Tanto miedo le tenía y tan convencida estaba de lo que podía llegar a hacer que terminó renunciando a su propia hija con tal de que él no le hiciera daño.

No sabía si tomarme aquello en serio o pensar que todo era una locura, porque me parecía imposible creer lo que estaba escuchando.

—No parece que estés hablando del Liam que yo conozco.

—No te está llevando a su terreno por casualidad. Lo ha hecho estratégicamente para presionar todavía más dentro de mi casa y de mi vida. Tú no le interesas, Kenna.

Aquellas palabras me dolieron, pero no quise detenerlo.

—Sigue, por favor.

—Me enamoré perdidamente de ella cuando entró a trabajar como interna, pero estaba rota por todo lo que había vivido con Liam. Me costó años ganarme su confianza y su corazón.

»No salía de la casa bajo ningún concepto porque tenía miedo de que él la encontrara. La había amenazado con que, si no desaparecía de su vida y se mantenía lejos, su hija pagaría las consecuencias.

—Eso suena aterrador. Me cuesta muchísimo creerlo.

—Tengo miles de pruebas en mi despacho y no tengo ningún inconveniente en enseñártelas después.

—Sigue, por favor.

—Tardé varios años en conseguir que confiara de verdad en mí. Un día la besé y le prometí que la cuidaría todos los días de mi vida y que la ayudaría a recuperar a su hija, que por aquel entonces ya tenía ocho años.

»Habían pasado cuatro años desde que llegó a mi casa, pero ella seguía sin atreverse a dar ningún paso con respecto a Erika porque le aterraba que Liam cumpliera sus amenazas.

»Había sido una mujer maltratada y, cuando se marchó, lo denunció, pero él tenía tantas influencias que terminaron archivando el caso y nunca llegó a celebrarse el juicio. Todo está documentado.

—Quiero ver esos papeles.

—Luego te lo enseñaré todo, no lo dudes.

—Tragó saliva antes de continuar—. Nos casamos hace ocho años.

A partir de entonces dejó de esconderse y él se enteró de nuestro enlace.

Al principio no hizo nada. No tuvimos noticias suyas y parecía que lo único que le importaba era que ella no volviera a aparecer en la vida de Erika.

—Suena muy feo.

—El caso es que, poco después de casarnos, se quedó embarazada y, cuando nació Isla, decidimos reabrir el caso de los malos tratos e intentar recuperar a Erika. Ahí volvió a aparecer el verdadero ogro.

Soltó el aire despacio antes de continuar.

—Voy a contarte algo que jamás se me habría ocurrido poner en tu conocimiento y que también voy a demostrarte. Lo hago porque sé cuánto quieres a Isla y porque estoy desesperado por impedir que Liam te utilice para sus propios intereses.

—Dime.

—Mi mujer no murió de ninguna enfermedad, como te contó Fiona y como hicimos creer a todo el mundo. Hay una investigación abierta y cada vez estamos más cerca de demostrar que no se suicidó.

»Liam acabó con ella y ni siquiera sabe que lo están investigando. Fue él quien preparó toda la escena para hacer creer que se había quitado la vida. También voy a enseñarte todo el proceso de investigación que tengo en mi poder.

Sentí que se me caían las lágrimas.

—Si todo eso es verdad, me puede dar algo. ¿Y por qué él me dice que tienes cosas que le pertenecen y que te está dando tiempo para llegar a un acuerdo fuera de los tribunales?

—Esa es muy buena —respondió con una risa seca mientras negaba con la cabeza—. Eso es lo que yo le estoy haciendo creer, mareándolo para ganar tiempo y poder cerrar la otra investigación.

»Él piensa que nuestro patrimonio era común y que, al morir ella, su hija tiene derecho a una parte importante de mis bienes y de mis empresas internacionales.

»Yo le he dicho que le entregaré lo que le corresponde, pero que estoy vendiendo una de las empresas con la que podemos obtener más dinero. Estoy jugando con él y ganando tiempo para conseguir encerrarlo.

—Quiero ver todas las pruebas.

—Y quiero enseñártelas. Necesito que protejas a la pequeña. Fiona es otro tema que ya te contaré y que también está a punto de salir a la luz.

»Mañana se marcha a ver a su hermana y se quedará con ella hasta el jueves porque va a acompañarla a unas pruebas médicas. En cuanto dejes a la niña en el colegio y regreses, Fiona ya no estará y podremos ver todo tranquilamente.

—Vale.

—Solo te pido que no le digas a Liam que hemos hablado y que esperes a ver las pruebas antes de sacar conclusiones.

Todo lo relacionado con la niña forma parte de una estrategia.

Por eso hago que parezca que voy a mandarla a Glasgow e incluso que intento ponerla en tu contra, pero todo tiene un motivo.

»Mañana, cuando lo veas todo y puedas formarte tu propia opinión, voy a pedirte un favor para intentar sacar a la pequeña de todo este lío.

—Cuando lo vea todo, si es verdad, haré lo que sea por Isla.

Lo dije con una tristeza que me atravesó por completo porque, si todo aquello era cierto, iba a romperme en mil pedazos.

Me había enamorado de Liam, pero, si realmente era la persona que Glen acababa de describir y había hecho todas aquellas cosas, no lo quería a mi lado y mucho menos cerca de la pequeña.