Capítulo 12
—Quédate en la cama relajada un rato mientras voy a por pan y preparo el desayuno.
—Te acompaño.
—No, está lloviendo muchísimo. Disfruta de la cama.
—Bueno, entonces te espero en la cocina tomando un café.
—No dejas que te mime… —protestó mientras me besaba en los labios.
—¿Más? Me estás mimando demasiado.
—Quiero mimarte y cuidarte hasta el infinito —respondió sonriendo sin dejar de besarme.
—Necesito un café y un cigarrillo.
—Venga, te dejo que te levantes y, mientras tanto, voy a por el pan recién hecho.
—Vale —respondí con una sonrisa.
Me quedé en la cocina tomando un café que acababa de prepararme con la cafetera de cápsulas y encendí un cigarrillo. Era la única estancia de la casa en la que Liam fumaba.
No tardó ni cinco minutos en regresar porque la panadería estaba prácticamente puerta con puerta.
—He aprovechado también para comprar unos pasteles.
—Pero si tienes la crema de limón —respondí poniendo los ojos en blanco mientras negaba con la cabeza.
—El día es muy largo.
—Y los kilos se cogen muy rápido. —Rebufé entre risas.
—Tienes un cuerpo impresionante. Todavía puedes permitirte un fin de semana tras otro de caprichos.
—¿Uno tras otro? —Arqueé una ceja.
—Te voy a raptar cada fin de semana del año.
—¿Del año? —Carraspeé.
—Hasta que consiga hacerme con aquella casa y decidamos dónde vivir —murmuró junto a mi oído.
Lo miré con atención.
—¿Cómo es eso de hacerte con aquella casa? ¿A qué te refieres?
—Ya te he dicho que, por ahora, no puedo contártelo, pero te garantizo que recuperaré todo lo que Glen se quedó y que me pertenece.
—Me estás asustando.
—No tienes que preocuparte por nada. Lo tengo todo bajo control y solo estoy intentando hacer las cosas de la mejor manera posible.
Aquella revelación me había dejado completamente desconcertada.
Era como si existiera mucho más de lo que mi mente podía llegar siquiera a imaginar.
Por sus palabras, tenía la sensación de que Glen se había apropiado de manera indebida de cosas que pertenecían a Liam, y no solamente de aquella casa.
Por un lado, me moría de curiosidad por saber qué pasaba exactamente entre ellos y, por otro, una parte de mí prefería mantenerse al margen de algo que posiblemente terminaría dándome más dolores de cabeza de los necesarios.
Todo lo relacionado con aquella casa y con las personas que la rodeaban me producía una sensación extraña. Sin embargo, había algo que tenía bastante claro: confiaba en Liam. No sabía explicar exactamente por qué, pero confiaba plenamente en él.
Mientras yo seguía dándole vueltas, Liam preparaba un desayuno que cada vez tenía mejor aspecto.
Había colocado sobre una tostada queso cremoso, beicon, huevos revueltos, jamón de York y aguacate, además de unas pizcas de un topping que añadió por encima.
El queso que utilizó me gustaba muchísimo y era el mismo que solíamos tener en la casa de Glen.
—Te felicito. Es la mejor tostada que me he comido en mi vida —exageré un poco porque, aunque estaba riquísima, yo misma me había preparado otras bastante parecidas.
—Te estás riendo de mí —respondió soltando una pequeña carcajada.
—¿Qué pasa? ¿Me tienes puesto un detector de mentiras o qué? —pregunté poniendo los ojos en blanco.
—No, pero sé que no es la mejor tostada que te has comido en tu vida. A ti se te pilla todo. Veo perfectamente que te está gustando mucho, pero también veo que no es la mejor que has probado.
—Yo me preparo muchas de este estilo —reconocí entre risas.
—Lo sabía. Pero, por lo menos, sé que está entre tus mejores desayunos.
—Eso sí —respondí apretando los dientes—. Lo que nunca había hecho era mezclar el queso crema con todo esto.
—Ahí tienes un pequeño secreto para potenciar la tostada. Por cierto, me encantas así, desenfadada y en pijama.
—Y tú me encantas así de sencillo. Eres una persona digna de admirar.
—Soy el reflejo de cómo son conmigo —respondió mientras me acariciaba la mano por encima de la mesa y después se la llevaba a los labios para besarla.
Por mucho que intentara disfrutar de aquel momento, no conseguía dejar de preguntarme si Isla estaría bien o si seguiría triste por todas las cosas que había estado escuchando. Me dolía muchísimo pensar que pudiera estar sufriendo en silencio y me invadía una enorme sensación de impotencia.
—Estás muy pensativa.
—Isla. No consigo quitármela de la cabeza.
—Te entiendo, pero ya faltan muy pocas horas para que puedas abrazarla.
—Me muero por hacerlo.
—Lo imagino. Le has cogido muchísimo cariño durante estos meses.
—Demasiado —respondí con una sonrisa.
—No te preocupes, estará bien. Puede que se haya aburrido un poco, aunque todo dependerá de si ha jugado o no con su primito.
—Me hizo un guiño—. El verdadero problema llegará cuando te vayas esta tarde y yo no vuelva a verte hasta el sábado, cuando regreses para quedarte conmigo. Te voy a echar muchísimo de menos.
—No sé yo si vendré a quedarme o solo a hacerte una visita —respondí apretando los dientes para contener la risa.
—Repite eso… —dijo mientras se acercaba para hacerme cosquillas.
—¡Es broma! ¡Me quedaré! —grité entre carcajadas.
—Así me gusta.
Me dio varios besos cortos en los labios antes de volver a sentarse.
Estaba completamente tranquila cuando recibí un mensaje de mi hermano. Bufé antes de abrirlo y Liam arqueó una ceja, esperando a ver con qué me encontraba aquella vez.
Fergus: Eres el ser más malo sobre la faz de la tierra. Lo pagarás todo; el karma existe para todo el mundo. Tu cuñada dice que no quiere volver a verte.
—¿Este hombre está bien? —preguntó Liam, que había leído el mensaje al mismo tiempo que yo.
—Parece ser que no. Lo que no entiendo es qué pretende conseguir diciéndome que mi cuñada no quiere volver a verme, cuando siempre ha pasado de mí porque se creía muy superior o perteneciente a una clase que ella misma se había inventado —respondí poniendo los ojos en blanco.
—Pues ya sabes que tienes dos opciones: volver a mandarlo a la mierda o bloquearlos a los dos.
—¿Y no se pueden hacer las dos cosas?
—Has madurado —soltó antes de echarse a reír.
Kenna: Dile a mi cuñada que la echaré muchísimo de menos por toda la complicidad que hemos tenido. Siempre recordaré los cafés que tomamos juntas, nuestras escapadas de chicas para cenar o las tardes que nos íbamos de compras. Pero dile también que es la mejor decisión.
»No os merecéis tener cerca a una persona tan mala como yo. Que la vida os dé todo lo bonito que os merecéis, porque veo que el karma está siendo muy injusto con vosotros. Siempre os llevaré en mi corazón, donde guardaré todos esos recuerdos tan valiosos que tengo de vosotros.
Obviamente, todo era pura ironía porque con mi cuñada jamás había compartido ninguna de aquellas cosas. Acto seguido, los bloqueé a los dos.
—Muy buena respuesta, cariño —comentó Liam sonriendo mientras me acariciaba la espalda.
—Qué tristeza que mi hermano esté actuando de esta manera. Si mi padre levantara la cabeza, se volvería loco.
—No quiero hacerte sentir mal, pero tu padre, de alguna forma, debía saber cómo era tu hermano y podría haber dejado las cosas organizadas de una manera más justa para evitar que te ocurriera lo que pasó.
—Imagino que no esperaba morir tan pronto.
—Puede ser, pero siempre digo que las cosas hay que hacerlas con previsión.
—Mi padre era una gran persona, te lo garantizo.
—No lo dudo, pero no hizo las cosas bien.
—Bueno, yo también he llegado a pensarlo alguna vez, pero prefiero quedarme con todo lo bonito que hizo por mí y con lo generoso que fue conmigo mientras vivía.
—No debería haber sido de otra manera. Te sacrificaste para cuidarlo.
—Pero antes del accidente ya era igual conmigo. Es cierto que debería haber dejado previsto que, si le pasaba algo, yo pudiera disfrutar de la casa durante unos años, por lo menos.
»Quitando eso, de verdad, no fue una mala persona en absoluto. Mi hermano, en cambio, sí podría haber mirado un poco por mí y decidió no hacerlo. Ha sido mi mayor decepción.
—Eso no tiene nombre. ¿Siempre fue así?
—No, te prometo que no. Pero desde que su mujer apareció en su vida, se volvió mucho más frío y distante.
—Le habrá lavado el cerebro.
—Mi padre siempre decía que ella era muy oscura y que mi hermano estaba completamente doblegado a ella.
—Puede ser, pero también es una persona adulta y puede tomar sus propias decisiones.
—Dicen que el amor ciega —respondí con una sonrisa.
—Solo una mala persona ciega a otra.
—Ya, te entiendo —suspiré.
Liam me envolvió entonces en un abrazo que duró varios segundos, durante los cuales el silencio se convirtió en una necesidad. Nuestros cuerpos unidos hablaban por sí solos y no hacía falta decir nada más.
Había llegado a mi vida justo en un momento en el que lo necesitaba, casi como si hubiese aparecido por arte de magia.
Pasamos buena parte de la mañana en el sofá frente a la chimenea, entre risas, abrazos y besos que no dejaban de sucederse. Sentía que éramos como dos imanes incapaces de mantenerse separados.
Mientras Liam preparaba la carne y la salsa de queso que acompañaríamos con unas patatas fritas, yo me dediqué a barrer toda la casa. Intentó convencerme varias veces de que me quedara quieta, pero no podía permanecer sentada mientras él lo hacía todo.
Durante la comida me comentó la posibilidad de llevarnos a la pequeña con nosotros el fin de semana siguiente, algo que yo veía prácticamente imposible porque dudaba muchísimo que su padre accediera.
—Déjalo en mis manos —me dijo completamente convencido.
—Pero eso puede provocar una guerra entre vosotros.
—Ahora estoy más preparado que nunca para ir a ella.
—Me da que no te lo va a poner nada fácil.
—Menos se lo pondré yo a él. Mi paciencia empieza a agotarse.
—Me da vértigo solo de pensarlo, Liam.
—Tengo que verlo el martes, así que aprovecharé para decírselo.
—¿Y por qué crees que va a permitir que su hija venga con nosotros si eres su enemigo?
—Porque le conviene el silencio que estoy manteniendo durante nuestras negociaciones —respondió con un guiño.
—A saber qué os traéis entre manos.
—Te lo repito: recuperaré todo lo que me pertenece.
—Vale —contesté, conformándome con sus palabras sin entrar en más detalles.
La tarde pasó volando y, después de cenar, Liam me llevó de regreso a la casa y paró justo delante de la entrada.
—Cuídate mucho y ya sabes que quiero mensajes todos los días —dijo antes de besarme en los labios.
—Vale —respondí sonriendo.
—Te voy a echar muchísimo de menos, pero el sábado volveremos a estar juntos.
—Sí, Liam. Estoy deseando que llegue el momento.
—El martes soluciono lo de Isla.
—Gracias —contesté con una sonrisa nerviosa.
Abrí la puerta del coche y atravesé el jardín hasta llegar a la casa. Todavía no habían regresado de Glasgow y Fiona debía de estar en su habitación, algo que agradecí por el bien de mi tranquilidad.
Justo cuando estaba a punto de entrar en la mía, escuché una voz a mi derecha.
—Kenna…
Casi me mata del susto. Solté el aire de golpe y giré la cabeza hacia donde provenía la voz.
Era ella, la bruja.
—Sí, dime.
—Estás jugando con fuego. Ese hombre va a ser tu mayor fracaso.
—¿Algo más, señora Fiona? —pregunté con desprecio.
—Ya estás avisada.
—Muy bien. Gracias por su advertencia no solicitada.
Entré en la habitación y, justo cuando estaba deshaciendo la bolsa, vi por la ventana cómo el coche de Glen entraba en el jardín. Me quedé observando, esperando impaciente a que apareciera la pequeña.
Isla bajó del coche y entró directamente en la casa, momento que aproveché para salir a su encuentro.
—Hola, tesoro —la saludé cuando comenzó a subir las escaleras.
—Hola, Kenna —respondió sin levantar la cabeza y sin detenerse en su camino hacia la habitación.
Me quedé unos segundos sorprendida por su reacción antes de ir detrás de ella. ¿A qué venía aquel cambio?
—Isla, ¿qué te pasa? —pregunté cuando dejó la mochila sobre la cama.
—Nada. Quiero estar sola.
—¿Estás bien?
—¿No te ha quedado claro que quiere estar sola? —preguntó Fiona desde la puerta, consiguiendo sobresaltarme de nuevo.
—Sí, me ha quedado claro —contesté mientras la retaba con la mirada, cada vez más convencida de que allí estaba pasando algo.
Salí de la habitación y me encerré en la mía para contarle a Liam lo que acababa de ocurrir. Leyó mi mensaje prácticamente al instante.
Liam: No te agobies más de lo necesario. Era una posibilidad con la que ya contaba. Está claro que Glen le ha dado instrucciones muy concretas a la pequeña y la ha intimidado para que actúe así.
»El martes me reúno con él y no solo voy a conseguir que Isla pase el fin de semana con nosotros, sino que os vendréis el viernes. Te lo prometo.
Kenna: Eso lo veo todavía más imposible, pero bueno, esperaré que al menos podamos sacarla de aquí aunque sean veinticuatro horas. Me da la sensación de que esa será la actitud que tendrá durante estos días. Me ha partido el alma ver el desprecio con el que me ha tratado.
Liam: Es una niña coaccionada por su padre. Estoy convencido de que lo está pasando mal. Déjalo todo en mis manos y, por ahora, intenta relajarte y no darle demasiadas vueltas al asunto.
Kenna: Veremos si mañana no me impide llevarla o recogerla del colegio.
Liam: Pues hazte a la idea porque es muy probable que ocurra. No sufras más de lo necesario. Te prometo que voy a solucionar esto. Ya te dije que Glen es un hombre frío y capaz de cualquier cosa. No entres al trapo y espera a que yo me reúna con él.