El ogro de las Highlands Capítulo 13
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Capítulo 13

Llegué a la habitación para ayudar a vestir a la pequeña antes de ir al colegio, pero ya no estaba allí. Me lo había imaginado porque, unos minutos antes, había escuchado unos pasos por las escaleras que me parecieron los suyos.

Bajé a la cocina y me la encontré desayunando con Fiona.

—Buenos días —dije en general.

—Buenos días —contestaron las dos al unísono, sin levantar la cabeza.

Conocía a Isla y sabía perfectamente que estaba cabizbaja, representando un papel para el que, seguramente, la habían preparado durante el fin de semana.

—Te has levantado antes de lo normal, cariño —le dije para comprobar si me respondía.

—Su padre la llevará al colegio —contestó Fiona en su lugar.

Hice de tripas corazón para no responderle una barbaridad. No quería montar ningún espectáculo delante de la niña y prefería esperar a que Liam tratara el asunto al día siguiente y después me pusiera al corriente.

Me preparé un café y salí al porche para fumarme un cigarrillo. Me eché por encima una especie de manta que teníamos allí para esos momentos porque el frío era de los que calaban hasta los huesos.

Tenía ganas de llorar, chillar, patalear y coger de los pelos a Glen y a la bruja, pero aquel no era el momento. Por Isla no lo era. Porque, si por mí hubiera sido, habría hecho todo eso y más antes de marcharme de la casa tan ancha.

Entré para servirme otro café mientras la niña seguía desayunando y esperaba a que su padre apareciera para llevarla al colegio. En ese momento entró Glen.

—Buenos días —lo saludé, siendo la única que lo hizo.

Seguramente ya había visto antes a las otras dos.

—Buenos días, Kenna. ¿Todo bien? —preguntó con absoluta calma y esa media sonrisa tan suya.

—Todo bien, señor —respondí devolviéndole la sonrisa mientras lo miraba fijamente.

—Hoy llevaré yo a la niña. Está castigada y enfadada con el mundo.

Tuvo un episodio de celos con su primo y tuve que ponerme serio con ella.

Le he advertido que durante unos días no tendrá el privilegio de que la lleves al colegio ni de que la recojas, y mucho menos podrá jugar.

Hasta que no admita su error y demuestre que se equivocó, seguirá así.

No te extrañe que no te hable, porque ni siquiera me habla a mí.

—Bueno, espero que sea algo transitorio —respondí con una sonrisa antes de salir de nuevo con mi café.

Me quedé en shock por lo que acababa de contarme. ¿Sería verdad?

Isla ni siquiera había levantado la cabeza del plato mientras su padre explicaba lo sucedido.

Por otro lado, no podía evitar pensar que todo aquello podía ser una estrategia de Glen para quitarle importancia a la situación y evitar que yo sospechara que estaba detrás de la actitud de la pequeña hacia mí.

Tal vez intentaba limpiar su imagen antes de que yo pudiera llegar a alguna conclusión.

Aquella casa iba a volverme loca, aunque lo que más me dolía era que Isla ni siquiera me mirara a los ojos buscando de alguna manera nuestra complicidad.

Volví a entrar para empezar con las habitaciones justo cuando Glen salía con la niña. Él se despidió de mí con una sonrisa y de forma amable, pero Isla se limitó a levantar la mano por encima del hombro sin girarse siquiera para mirarme. Tampoco lo hizo con Fiona.

Subí a mi habitación y le mandé un audio a Liam contándole lo sucedido. Unos minutos después me respondió.

Liam: Buenos días, mi chica. De él me espero cualquier cosa. Como siempre, intentando quedar de buena persona y fingiendo que no tiene nada que ver con la actitud de su hija. No me lo creo.

»Es más, estoy convencido de que todo está perfectamente preparado y tuvo tiempo de sobra durante su visita a Glasgow. Sigue manipulando a todo el mundo y ahora lo hace hasta con la niña. Se le está agotando el tiempo conmigo. Tic, tac…

Kenna: Si no fuera por ella, ya habría perdido la compostura con esos dos. Está claro que es mejor que no haga nada y lo deje en tus manos. Confío plenamente en ti.

Liam: El viernes estaremos los tres juntos. No te quepa la menor duda.

Kenna: Ojalá que así sea.

¿Qué habría ocurrido entre ellos para que Liam estuviera tan convencido de poder conseguir que nos lleváramos a la pequeña? ¿Por qué decía que iba a recuperar todo lo que era suyo, incluida la casa? ¿Y por qué no lo solucionaba directamente por la vía judicial?

Eran tantas las preguntas que me hacía que no conseguía encontrar respuesta para ninguna. Una parte de mí prefería mantenerse ajena a todo aquello, pero también era cierto que mi curiosidad iba creciendo al mismo ritmo que mis sentimientos por Liam.

Sí, necesitaba que llegara el fin de semana y volver a abrazarlo. Era como si esos momentos con él se hubieran convertido en una parte importante de mi felicidad, esa que tanto me había faltado durante mucho tiempo.

Por otro lado, estaba Isla. El simple hecho de que me hubiera ignorado me había partido por dentro, pero todavía me dolía más pensar que pudiera estar haciéndolo coaccionada y pasándolo mal por ello.

Necesitaba encontrar un momento a solas con ella para comprobar si era capaz de contarme qué le ocurría realmente.

Dedicaría la mañana a una limpieza más profunda para evitar tener que estar cerca de Fiona, algo que sospechaba que ella también agradecía. A esas alturas era más que evidente que ninguna de las dos sentíamos ya la menor simpatía por la otra.

A la hora de comer, Fiona hizo sonar la campana que utilizaba para llamarme. Cuando llegué a la cocina, vi la mesa preparada para las dos y ocupé mi asiento sin decir absolutamente nada.

No tenía hambre, pero tampoco quería despreciar la comida y darle otro motivo para interpretar cualquier gesto mío como un ataque con el que iniciar una nueva guerra.

Había preparado unos filetes de ternera con verduras salteadas. Estaban buenos y era una comida que normalmente me gustaba, pero aquel día me estaba costando incluso tragar. Tenerla sentada frente a mí me provocaba una sensación demasiado desagradable.

Glen apareció entonces por la cocina y nos comentó que saldría a comer con un amigo cerca del colegio de Isla y que después la recogería. Seguía intentando mostrarse simpático y yo no hacía otra cosa que fingir que lo respetaba y que todo estaba bien, cuando la realidad era muy distinta.

Me habría gustado agarrarlo del cuello, sí, pero ¿qué iba a conseguir con eso?

—Te iba a comentar que este fin de semana me gustaría que me ayudaras a limpiar el trastero.

Me la vi venir.

Dios sabía que me la había visto venir, aunque recordé que debía dejar que Liam actuara con el tema de marcharme el viernes.

—Claro, siempre que sea hasta el sábado antes de la comida, no hay ningún problema —respondí con toda la tranquilidad del mundo.

—Me refiero a hacerlo entre el sábado y el domingo.

Sabía perfectamente por dónde iba y solo estaba esperando a que lo confirmara.

—No puedo. Tengo planes y eso no forma parte de mi horario laboral.

—Eres muy desagradecida —intervino Fiona.

La miré directamente.

—Cuidado con lo que dices. Te recuerdo que, si alguien tiene que estar agradecida aquí, eres tú. Yo cumplo con mi trabajo y nadie ha hecho nada excepcional por mí como para que puedas llamarme desagradecida. Hago lo que me corresponde, pero lo que hago con mi tiempo libre lo decido yo.

—Se te pagarán las horas extras.

—No las quiero. Ya he dicho que tengo planes.

—Te debes a la casa.

—Fiona, para ya. Si queréis, podemos hacerlo estos días por la tarde cuando terminemos nuestro horario, pero el fin de semana ya te digo que no.

—No vamos a hacerlo cuando tú digas.

—Pues lo haces tú sola.

Me levanté de la mesa dejando el plato a medias y sostuve su mirada.

—Eres una desagradecida —volvió a insistir.

—¿Y qué tengo yo que agradeceros exactamente? —pregunté con una expresión burlona.

—Vas a salir por la puerta de esta casa antes de lo que piensas —me advirtió justo cuando estaba a punto de abandonar la cocina.

Me detuve en seco y me giré hacia ella.

—Puede que tú salgas detrás de mí. O quizá incluso antes —respondí con un guiño.

Continué mi camino mientras la escuchaba murmurar que contratarme había sido el peor error que habían cometido.

Preferí quedarme en la planta de arriba terminando las tareas que todavía tenía pendientes y, de paso, haciendo tiempo hasta que Isla regresara del colegio. Necesitaba verla y comprobar cuál sería su reacción conmigo después de todo lo ocurrido aquella mañana.

Cuando finalmente llegó acompañada de su padre, volvió a pasar por mi lado con la misma actitud distante y, si no llego a saludarla yo primero, ni siquiera me habría dicho hola.

Juro por mi vida que tuve que contar hasta mil mientras regresaba a mi habitación para no ponerme a gritar y exigir explicaciones.

Pero ¿quién era yo para pedirlas?

Lo único que podía hacer era tener paciencia y confiar en lo que Liam me había dicho.