Capítulo 8
La semana se me estaba haciendo interminable, aunque ya era viernes y solo faltaba un día para volver a ver a Liam, con quien hablaba a diario.
Con Glen no había tenido ningún problema. No me había dicho absolutamente nada sobre Liam y seguía comportándose conmigo con la misma amabilidad de siempre. Con Fiona, en cambio, la tensión era más que evidente y parecía que nos habíamos convertido en dos enemigas.
Tenía algo bastante claro: si no fuera por Isla, ya estaría planteándome seriamente marcharme de aquella casa porque cada día soportaba menos trabajar con esa mujer.
De la herencia de mi padre conservaba ciento diez mil libras esterlinas en el banco, pero aquella cantidad no era suficiente para comprar una vivienda en la zona y, sin un empleo estable, tampoco tenía claro que fueran a concederme una hipoteca por el resto.
Precisamente por eso había tomado la decisión de venirme a las Highlands.
Podía permitirme alquilar algo y buscar trabajo, sí, pero todo había ocurrido demasiado deprisa y preferí asegurarme primero cierta estabilidad.
Aquel empleo me proporcionaba alojamiento y un sueldo de tres mil libras esterlinas al mes, lo que me permitía ahorrar una buena cantidad durante el año de contrato sin necesidad de tocar el dinero de la herencia.
Después podría alquilar una vivienda mientras buscaba otro trabajo y planificaba mi futuro con más calma.
En aquel momento me asusté ante todo lo que se me venía encima y aquella fue la decisión que tomé. Ahora, sin embargo, había días en los que me daban ganas de mandarlo todo a la mierda y salir de aquella casa sin mirar atrás.
Si todavía no lo había hecho era, sobre todo, por Isla. No quería dejarla sola después de descubrir que no lo estaba pasando bien y, además, a esas alturas ya sentía por ella un cariño inmenso.
Precisamente aquella tarde esperaba a la pequeña a la salida del colegio. Habíamos quedado en ir a merendar juntas uno de nuestros crepes preferidos y, después de la semana que llevaba, pasar un rato a solas con ella también me apetecía más que nunca.
—Ojalá fueras mi mami —me dijo nada más abrazarme en la puerta del colegio.
Sentí que se me encogía el corazón.
—No soy tu mami, pero te quiero como si lo fuera, mi preciosa niña.
Isla hablaba con mucha fluidez y era capaz de darse cuenta de más cosas de las que cualquier adulto podría imaginar, pero seguía siendo una niña de seis años y no siempre sabía cómo expresar todo aquel revuelo que se le estaba formando en la cabeza por culpa de las conversaciones que escuchaba a escondidas.
Llegamos cerca de la cafetería, aparqué el coche y recorrimos andando los últimos metros. Nada más sentarnos y pedir los crepes y las bebidas, Isla me miró de esa forma que ya empezaba a reconocer. Quería contarme algo.
—¿Qué te pasa, preciosa? —pregunté mientras le acariciaba la mejilla.
—Creo que mi padre va a hacer algo que no me va a gustar nada.
—¿Por qué dices eso, cielo?
—Lo escuché decir que el curso que viene me mandará a un colegio de Glasgow y que estaré interna de lunes a viernes.
Los ojos se le llenaron de lágrimas casi al instante.
—¿De verdad escuchaste eso?
—Sí —murmuró con un hilo de voz que me partió el alma—. Se lo estaba diciendo a Fiona.
—No creo que sea capaz de hacer algo así sin hablar antes contigo.
—Yo sí lo creo. Creo que soy una molestia en su vida.
—Pero siempre lo he visto pendiente de ti.
—No es como tú crees. Yo no tengo a nadie más que a él… y a ti. Fiona está siempre de su parte y lo apoya en todo. Creo que, cuando acabe tu contrato, me mandará a ese colegio para que deje de ser un estorbo.
—No llores, mi niña —le dije mientras le secaba las lágrimas—. Si de verdad pretende hacerlo y tú no quieres ir, intentaremos averiguar qué está pasando antes de sacar conclusiones.
—No podrás hacer nada. Este año te contrató para que me cuidaras porque escuché que todavía no podía mandarme allí por algo que le convenía. Después, cuando tú te vayas, ya no le haremos falta ninguna de las dos.
Aquella frase me dejó helada.
—Mírame, Isla. No sé qué está pasando ni qué ha querido decir tu padre exactamente, pero te prometo que no voy a dejar que cargues tú sola con todo esto.
—¿Crees que podrás hacer algo?
—Haré todo lo que esté en mi mano para ayudarte, eso te lo prometo.
—Son malos. Los dos son malos —afirmó con una seguridad que consiguió dejarme sin palabras.
No dejaba de preguntarme qué cojones estaba pasando en aquella casa. Cada vez tenía más claro que todo estaba rodeado de secretos y que no solo Isla conocía algunas piezas del puzle. Liam también sabía mucho más de lo que me había contado hasta ahora.
Conseguí sacarle una sonrisa cuando nos trajeron los crepes y le dije que, mientras averiguábamos qué estaba pasando, al menos podíamos endulzarnos un poco la vida.
Verla sufrir de aquella manera siendo tan pequeña me destrozaba por dentro.
Estábamos terminando los crepes cuando empezó a llover a mares. Los truenos retumbaban con fuerza y el cielo se iluminaba de vez en cuando con los relámpagos.
Aprovechamos un momento en el que la lluvia perdió algo de intensidad para salir corriendo hacia el coche, aunque llegamos empapadas a pesar de llevar los chubasqueros.
Cuando regresamos a la casa, nos encontramos con la noticia de que Glen se llevaba a Isla a pasar el fin de semana a Glasgow, a casa de uno de sus hermanos. La pequeña intentó sonreír, pero su expresión dejó bastante claro que aquella noticia no le había hecho ninguna gracia.
Glen me comentó que no regresarían hasta el domingo por la tarde.
Acompañé a Isla a su habitación para ayudarla a preparar la maleta. Me parecía extraño que fueran a ponerse en carretera con aquel tiempo, teniendo por delante casi tres horas de trayecto y con la noche prácticamente encima.
—Ahora me dejará en casa de mi tío y él se irá con esa mujer —murmuró mientras negaba con la cabeza.
—No sabes si va a hacer eso, cariño.
—Yo creo que sí.
—El fin de semana que viene jugaremos muchísimo y veremos todas las películas que quieras.
—Te voy a echar mucho de menos.
—Y yo a ti, pero aprovecha para jugar con tu primo Kevin.
—Sí, aunque a veces se pone insoportable —respondió poniendo los ojos en blanco.
La acompañé con su maleta hasta la entrada, donde su padre ya la esperaba dentro del coche. Antes de subir, me dio un abrazo fuerte y después se acomodó en la sillita del asiento trasero.
Cuando me giré, vi a Fiona observándonos desde la puerta.
Pasé por su lado como si no estuviera allí. Después de la semana que habíamos tenido, lo único que nos faltaba era empezar a lanzarnos cuchillos.
Cada vez estaba más convencida de que había algo en ella que no había sabido ver al principio. Durante mis primeras semanas me había parecido una mujer seria pero cercana, y ahora, en cambio, cada conversación con ella terminaba dejándome una sensación desagradable.
—Hoy no prepararé la cena —dijo cuando yo ya estaba subiendo las escaleras.
Me giré ligeramente.
—¿Y a mí qué me cuentas? ¿Te la he pedido? Tengo dos manos para prepararme algo.
Negué con la cabeza y continué subiendo.
La escuché murmurar que era una descarada, pero decidí no responder. No tenía ninguna intención de entrar otra vez en una discusión absurda con ella.
Lo único que me preocupaba de verdad era lo que Isla me había contado sobre aquel colegio interno en Glasgow.
No conseguía quitármelo de la cabeza, así que, en cuanto llegué a mi habitación, me dejé caer sobre la cama y cogí el móvil con intención de escribir a Liam.
Sin embargo, al desbloquear la pantalla, descubrí que ya tenía un mensaje suyo.
Liam: Buenas tardes, mujer de mis locuras. ¿Con ganas de que llegue mañana?
Kenna: Buenas tardes, caballero. Con ganas de matar a alguien, más bien. Hoy Isla me ha contado algo que me tiene subiéndome por las paredes.
Liam: Dame un adelanto.
Kenna: Escuchó a su padre hablando con Fiona y diciendo que el curso que viene pretende mandarla interna a un colegio de Glasgow. ¿A ti eso te parece normal?
Liam: Antes le corto los huevos y lo cuelgo bocabajo en la plaza del pueblo. Como eso sea cierto y tenga de verdad esa intención…
No terminó la frase, pero entendí perfectamente que, al igual que yo, no pensaba quedarse de brazos cruzados.
Kenna: La niña lo está pasando fatal.
Liam: Te juro por mi vida que no va a hacer algo así sin encontrarse conmigo delante. Si es verdad, entonces sí que empezará la guerra. Y sé perfectamente de lo que hablo. Voy a averiguar qué hay detrás de todo eso.
Kenna: Dice que escuchó que me contrató durante un año para que me hiciera cargo de ella porque, por algún motivo que le beneficia, todavía no puede mandarla a Glasgow. Según Isla, en cuanto termine mi contrato, ella irá directa para allí.
Liam: Está jugando con fuego, pero esa partida no la va a ganar. Quédate tranquila porque no pienso quedarme de brazos cruzados. Mañana hablaremos con calma sobre algunas cosas que creo que ya ha llegado el momento de que sepas.
Kenna: Te lo agradezco, Liam.
Tenía muchísimas ganas de verlo y poder hablar tranquilamente con él. Cada vez estaba más segura de que Liam podía aclararme muchas de las cosas que se me acumulaban en la cabeza y que ya empezaban a formar un auténtico caos.
Pasé el resto de la tarde en mi habitación y, cuando escuché que Fiona se había retirado a la suya después de cenar, bajé a la cocina para prepararme un sándwich.
No me apetecía verla ni mucho menos volver a discutir con ella.
Cada día me resultaba más difícil entender quién era realmente Fiona y qué papel jugaba en todo aquello.