Capítulo 6
Desperté con una sonrisa de esas que aparecían solas y que, en mi caso, tenían un motivo muy claro: Liam.
La noche anterior me lo había pasado genial con él. Habíamos tenido una velada increíble y, para qué negarlo, tenía muchísimas ganas de repetir.
Me metí en la ducha después de sacar unas mallas y una camiseta para bajar a desayunar. A pesar de haberme acostado tarde, apenas eran las ocho de la mañana y yo ya estaba completamente despejada.
—Buenos días, fiestera —me saludó Fiona con una amplia sonrisa cuando me vio entrar en la cocina.
—Buenos días, Fiona —respondí sonriendo.
—Te oí llegar pasadas las dos de la madrugada.
—Sí, me recogí prontito —bromeé apretando los dientes, lo que le arrancó una pequeña risa.
—Toma, tu café.
Salimos con las tazas al porche porque los demás todavía dormían y nuestro cigarrillo con el café de la mañana parecía haberse convertido ya en una costumbre inamovible.
—¿Y qué tal lo pasaste?
—Genial. Estuve cenando en la taberna de la esquina de las flores y después me tomé unas copas en un pub .
—¿Sola? —preguntó arqueando una ceja.
Por su expresión estaba claro que esperaba algo de cotilleo y yo dudé unos segundos, sin saber si contarle la verdad o dejarlo estar.
—No. Estuve con Liam.
—¿En serio? —preguntó.
La sonrisa que apareció entonces en su rostro resultó tan forzada que me di cuenta enseguida de que la noticia no le había hecho ninguna gracia.
—Sí. Me lo encontré la otra mañana y quedamos para cenar.
Lo dije con total naturalidad. Al fin y al cabo, Liam ya me había dejado claro que él no tenía nada que esconder, así que mucho menos yo.
—Me sorprende.
—¿Qué te sorprende?
—No sé… Es alguien cercano a la familia y tanto tú como yo formamos parte del servicio.
—Ante todo, soy una persona, empecemos por ahí. Y, por lo que tengo entendido, no es simplemente alguien cercano a la familia, sino amigo de Glen. Eso no impide que yo también pueda caerle bien o que quiera conocerme.
—Yo no he dicho nada.
—Pues por tu cara parece que haya cometido un crimen.
—No he dicho eso en ningún momento.
—Ya, pero a veces los gestos y las frases a medias dicen bastante más que las palabras.
—Bueno, simplemente me ha sorprendido. Cuídate, eso es todo lo que te digo.
—¿Por qué? ¿Es mala persona? Porque no entiendo tu actitud. Si no fuera alguien de confianza del señor Glen, dudo mucho que lo dejara entrar en una casa donde vive su hija. De verdad que no comprendo tu reacción.
—Soy muy estricta con el puesto que ocupo y sé cuáles son las barreras que no debería traspasar.
—Y entiendo que quieras actuar así con tu vida, pero yo no veo nada malo en cenar o tomar algo con alguien a quien conocí por casualidad en la ciudad mientras iba con Isla y con quien me llevo bien.
»Trabajar como interna no me quita mis derechos personales ni significa que no pueda tener una vida tan digna como la de cualquier otra persona. Desde luego, Liam no me mira por encima del hombro por el trabajo que hago.
—No debería haber dicho nada —murmuró poniendo los ojos en blanco, aunque seguía teniendo aquella expresión de desaprobación.
—Y quizá yo tampoco debería habértelo contado. Al fin y al cabo, es mi vida.
—Pero no olvides que le debes respeto al señor Glen.
—El mismo que él me debe a mí. Que sea mi jefe no significa que yo pierda mis derechos como persona. Faltaría más.
Negué con la cabeza y se hizo entre las dos un silencio bastante incómodo.
No estaba dispuesta a aceptar que me hiciera sentir que, por trabajar en aquella casa, no podía relacionarme con nadie que tuviera algún vínculo con Glen.
Hasta ahí podíamos llegar. Y, para colmo, no me habían gustado nada ni su tono ni la manera en la que me había mirado, como si hubiese hecho algo inapropiado o le hubiera faltado el respeto a alguien.
Había aceptado aquel trabajo porque fue la forma más rápida de salir adelante después de la muerte de mi padre, pero tenía dinero suficiente para alquilar algo si llegaba el momento y buscar otro empleo.
Una cosa era ser educada, cumplir con mis obligaciones y respetar la casa en la que trabajaba, y otra muy distinta permitir que alguien intentara decidir por mí.
La pequeña apareció entonces dando los buenos días con esa sonrisa suya que conseguía calmarme casi de inmediato. Primero me dio un abrazo y después hizo lo mismo con Fiona.
—Voy a prepararte el desayuno —le dije mientras le hacía un guiño.
—Pero quiero desayunar contigo —me pidió.
Miré de reojo a Fiona, que todavía no conseguía disimular del todo su enfado.
—Por supuesto, cariño. A mí no hay nada que me quite el hambre.
Sí, había soltado la indirecta a propósito. Me había parecido demasiado feo lo que Fiona había insinuado como para quedarme callada. Y, además, desde el momento en que mencioné que había salido con Liam, su expresión se había transformado en una especie de rechazo que jamás le había visto.
Preparé unas tostadas con mantequilla y mermelada y les añadí unos trocitos de fruta por encima. A Isla le encantaban así y yo decidí comer lo mismo.
Fiona se puso a preparar un guiso en silencio. Bastaba mirarla para saber que no le había hecho ninguna gracia ni mi reacción ni, mucho menos, enterarse de que había pasado la noche con Liam.
Por un momento incluso pensé que su actitud se parecía demasiado a los celos, aunque no entendía qué sentido podía tener aquello.
A mí tampoco me había sentado nada bien la forma en la que había dejado entrever que estaba haciendo algo incorrecto. Me había quedado una sensación bastante desagradable.
Ya estaba cansada de ponerme siempre en último lugar para complacer a los demás y terminar recibiendo una patada a cambio. Esta vez no. A partir de ahora pensaba hacer con mi vida lo que me diera la gana, siempre que mis decisiones no perjudicaran a nadie.
Después del desayuno me fui con Isla a su habitación. Nos acomodamos en el sofá con una manta sobre las piernas y nos pusimos a jugar al ¿Quién es quién?
A la hora de comer la dejé con su padre en el comedor y subí a mi habitación con un cruasán de jamón de York y queso que me había preparado. No me apetecía sentarme a la mesa con Fiona mientras siguiera con aquella cara de desaprobación que parecía anunciar que estaba a punto de darle algo.
Cogí el móvil y vi que tenía un mensaje que no esperaba y que consiguió sacarme una sonrisa enorme.
Liam: Feliz domingo, chica guapa. Me preguntaba si, por casualidad, me habías echado un poquito de menos.
Kenna: Feliz domingo, chico conquistador.
Claro que sí, pero solo un poquito. Por cierto, hoy Fiona me ha preguntado qué hice anoche y le he contado que estuve contigo.
Creo que lo ha visto casi como un asesinato o una deslealtad hacia el señor Glen, porque no te puedes imaginar la cara que ha puesto ni lo que me ha dado a entender.
»Como si, por formar parte del servicio, no tuviera derecho a relacionarme con nadie cercano a la familia. Hoy me ha encendido por completo, pero tampoco me he quedado callada. Le he dejado bastante claro que con mi vida hago lo que me da la gana.
Liam: A estas alturas ya habrá puesto al día de la noticia a mi querido amigo Glen. Es su perra faldera. No me extrañaría nada que él también te hiciera algún comentario o alguna sugerencia. En tus manos está todo.
Kenna: ¿A qué te refieres con que está en mis manos?
Liam: Son tal para cual. En tus manos está dejarle claro también a Glen que tienes derecho a hacer lo que quieras con tu vida. No he querido hablarte demasiado de ellos, pero digamos que son bastante especiales. Solo espero que no consigan quitarte las ganas de volver a verme.
Kenna: No van a quitarme las ganas de nada. Hago mi trabajo, cuido de Isla incluso cuando no me corresponde y lo hago encantada porque la adoro, pero de ahí a que intenten manejar mi vida fuera de esta casa hay un trecho enorme. Y eso no pienso permitirlo.
Liam: Me encantas en todas tus versiones, y ese carácter tuyo debería tenerlo mucha más gente. Estoy deseando que llegue el sábado. Ojalá no te compliquen demasiado la semana. Solo una cosa: ten cuidado con Fiona. No es tan buena como puede parecer.
Kenna: Creo que cuando nos veamos vas a tener que ponerme un poco más al día. Me da la sensación de que sabes mucho más de lo que cuentas.
Liam: Tú trátame con cariño y yo te daré las armas para que puedas defenderte. Te echo demasiado de menos.
Kenna: Cada vez que hablas, me dejas con más intriga. Yo también estoy deseando verte.