El novio ideal 7. Tan poco Tirso #3
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7. Tan poco Tirso #3

—Perdón, rearticulo: he entrado por el aparcamiento por si acaso Tirso hubiera instalado trackings en las distintas cámaras de vigilancia de tu Obramat.

De ser así, limitaría los faciales a los accesos principales, ya que el acceso del parking solo lo usan quienes vienen en coche.

—Agitó elocuentemente el brik de promo—.

Y, para el tracking matricular, cualquier servicio rollo taxi vale. ¡Soy un puto genio!

Mmm, vale. Mejor obviar esa última parte, que no estaba de humor. Aquí lo importante era que:

—OK, pero ¿por qué iba a poner ningún tracking en mi Obramat?

Cómo no, Manu estaba demasiado ocupado presumiendo de cerebro gigante para leer entre líneas (o mismamente detectar la histeria en la voz de Julia), así que solo resopló y volvió a la carga:

—Es obvio, ¿no? Eres la persona más cercana a él. Si alguien puede sospechar algún día de lo que ha hecho, esa serías tú. —Y, para más inri, se encogió de hombros—. Yo también lo haría. Al más mínimo indicio de que algo te hueles, revisaría quién viene a verte al trabajo. Por si las moscas.

Otro retortijón. Julia se abrazó el estómago, más sobrepasada que asustada pero más preocupada que sobrepasada.

—¿Y por qué has venido entonces?

—Pues porque me sonaste un poco rara anoche y quería comprobar que todo iba bien.

Silencio. Le había sonado rara anoche porque estaba medio sopa postpolvo.

Julia recordaba haber ido al baño para lo propio y para avisarlo por app de que Tirso ya estaba en casa.

A cambio, Manu le había informado de que, tras revisar el archivo completo de los seis meses disponibles de grabaciones, no había encontrado más agujeros.

O, al menos, «ninguno que pareciera intencionado».

Manu sorbió agua ruidosamente. Todo un maestro del disimulo (no).

—Todo va bien —suspiró Julia al fin—. No hacía falta que te arriesgaras a venir solo por eso, pero muchas gracias. De corazón.

—Nah, tranquila —rio él, y le dio una palmadita a la bandolera que llevaba al hombro—. Total, tenía que pasarme igual a abrir una incidencia. Le compré unas tiras LED con sensor a mi madre y ya no funcionan.

Julia se quedó tiesa.

—Ah —dijo, seca.

—No quería que pegaras un bote al verme y que si algún día el tracking fac…

—Ya, claro —le cortó—. Y seguuuro que no vas a pedirme que te extienda la garantía.

—¡Qué va! Vale que justo cumplieron el año la semana pasada…

— Pff. Si es que no hay nada más tacaño que un rico.

Manu reaccionó como escaldado, siseo incluido. Pero no contraatacó, como ella creía que haría. En su lugar, se cruzó de brazos y la miró de arriba abajo con un mohín disgustado.

—Oye, ¿tú por qué siempre estás de uñas conmigo? ¿O eres así con todos? Porque dudo que tu novio deje que le sueltes estos cortes.

—Mi novio nunca hace nada para merecerse estos cortes.

—¡Ajá! —Y el mohín dio paso a una de sus infantiloides sonrisas de granuja—. O sea que no sabe que está saliendo con una alimaña disfrazada de Hello Kitty.

—Quieres la garantía o no.

Al instante, Manu asintió todo angelical, efusivo cual dibujo animado, y Julia puso los ojos en blanco con un suspiro resignado.

¿Cómo podía Tirso haber sido amigo de semejante personaje?

¿Tanto tiempo, además? ¡Si eran la noche y el día…

! No le extrañaría que su pobre novio le hubiera hecho ghosting por puro hastío y no por nada chungo.

—Pues tira. —Julia chasqueó los dedos hacia la puerta—. Tú primero; que vaya atendiéndote Yoli. Siempre se aturulla con las garantías, así que intentará encasquetármela en cuanto llegue.

—¡Gracias!

Y se fue tan pancho, sin decir ni adiós.

Normal, suponía, ya que iban a verse enseguida…

Se le escapó otro resoplido, agotada de tanta emoción fuerte en tan poco tiempo, y mientras aprovechaba para hacer un pis rápido no pudo evitar darle vueltas a lo que le había reprochado Manu.

A Julia ni siquiera le parecía que hubieran hablado muchas veces.

¿De verdad había sido maleducada con él en todas ellas?

Repasó mentalmente sus conversaciones. Mmm, pues un poco ácida sí había sido, sí.

A lo mejor por lo mismo de antes; porque la sola existencia de Manu le recordaba que su vida no era tan perfecta como había creído.

O a lo mejor porque, para ella, la suya era una relación pasajera.

No se veía obligada a ser ninguna Julia en especial con él. Y tampoco se lo debía.

Se sintió un poco mal, igualmente. Manuel la estaba ayudando sin exigir nada a cambio, y encima se preocupaba por ella. ¿Lo de la garantía? Excusas. Podría haberle pedido el favor de extendérsela por chat y, sin embargo, se había plantado allí a riesgo de que el asunto lo salpicara de lleno.

Un barullo al otro lado de la puerta le dijo que la profetizada familia numerosa había llegado, así que se apresuró a lavarse las manos.

OK, iba a intentarlo. Iba a intentar ser un poquito más amable con Manu, aunque su primer instinto fuera echarlo a ladridos de su vida.

Insoportable o no, no se lo merecía.