6. De 85033 a 182600 #3
—¿Y ya? —preguntó Julia, sin despegar los ojos de la estampida de caracteres—. ¿Pones la matrícula y el programa te la localiza en todos los vídeos?
—Eh, hum… Es algo más complicado que eso, pero sí. Dale un par de minutos y…
Un estruendoso berrido emergió del ordenador, sobresaltándolos.
Julia se llevó una mano al pecho del susto, pero él se inclinó hacia el monitor con el ceño fruncido.
En su experiencia, aquel sonido (el típico del pantallazo azul de Windows) combinado con un mensajito parpadeante como el que ahora leía y releía Manu, nunca eran buenas noticias.
—¿Qué pasa?
—Que la calidad de las cámaras es una mierda, eso pasa —masculló él, reabriendo el comando para añadir más datos al barrido—. No ayuda que sea de noche. A ver. Ford Focus de primera generación, color negro, sin personalizaciones ni alerones ni… No y no y esto tampoco. ¿Se me olvida algo?
Julia negó con la cabeza. Dudaba de que ella misma pudiera haber dado tantos detalles del viejo Focus de Tirso, y eso que (vale, sí) solía prestarle mucha atención a los coches que la rodeaban. Especialmente si habían contenido un cadáver.
Satisfecho, Manu pulsó Intro de nuevo.
—Vale, ahora sí que s…
Otro berrido. Otro mensajito de error. Al parecer, ningún vehículo con dichas características había circulado durante tal tramo de tiempo bajo ninguna de las 353 cámaras de la red madrileña de tráfico. Manu resopló, claramente fastidiado.
—Pues nada, a la vieja usanza. Será más coñazo, pero bueno. —Se volvió hacia ella—. ¿Por dónde quieres empezar? ¿Quieres que miremos de dónde venía o a dónde se fue?
Para Julia estaba claro:
—Lo primero. Supuestamente se pasó el día trasteando en el IFEMA, así que deberíamos poder volver sobre sus pasos hasta allí.
—Perfe.
Por alguna razón, el proceso manual la puso más nerviosa de lo que había estado hasta entonces.
Quizá porque era más lento; le exigía más atención.
Abrir el mapa dinámico, consultar el código de la cámara vecina, buscarlo en la carpeta de grabaciones, doble clic para abrir el vídeo, arrastrar el cursor por la barra de progreso, darle al play, esperar, retroceder, avanzar…
La diferencia era abismal. Era justo como la diferencia entre depilarse con cera, de un tirón, y depilarse con pinza pelito a pelito a pelito.
«Por favor», no paraba de repetirse Julia durante cada uno de los pasos.
Porfavorporfavorporfavor que viniera del IFEMA por favor, aunque sabía que eso tampoco garantizaría nada.
Tirso podría habérselo cargado a primera hora de la mañana porque a quien madruga Dios le ayuda, o aprovechado su descanso del mediodía para escabullirse.
O a lo mejor la víctima trabajaba en IFEMA y la había matado dentro.
O a lo mejor llevaba días en su maletero, macerando.
Aunque entonces ella lo hubiera olido, ¿no?
Y no recordaba haber advertido ningún hedor específico.
Solo el olor tan, tan característico del cemento húmedo.
—Vaya por Dios. —Manu chasqueó la lengua—. La primera que miro y perdió señal justo cuando iría a pasar Tirso.
Julia se rio por lo bajini, con el corazón en la boca.
—Lo típico. ¿Pillaba con alguna intersección o algo?
—Sí, tendré que mirar las tres cámaras de cada salida…
Pero ninguna de las tres dio señal. No durante los segundos en que el coche de Tirso debería haber atravesado su zona.
Sin decir palabra, Manu buscó en el Maps de su móvil el recorrido del piso de Julia al IFEMA, y fue comprobando una a una las cámaras de tráfico que pillaban de camino.
Nada.
El silencio entre ambos era pesado, casi meloso. Respiraba con pulmones propios. Julia miró de reojo a Manu, tensa, sabiendo perfectamente lo que significaba aquello aun no queriendo saberlo. El leve temblor en sus dedos sobre el ratón era confirmación suficiente, de todas formas.
Manu tragó saliva antes de abrir una carpeta distinta con más grabaciones numeradas. Clicó en la primera de ellas, que mostraba el aparcamiento del IFEMA.
—¿Cuándo se fue de casa? —graznó.
Se lo dijo. Él introdujo la hora de salida en el Google Maps y luego avanzó el vídeo de la cámara de vigilancia hasta la hora en que debería llegar.
A las 8:50:33 del 14 de febrero, la cámara privada del parking del IFEMA se quedó en negro, y no retomó la imagen hasta las 18:26:00.
Clicó en el siguiente vídeo. Mismo parking, diferente ángulo. Nada de 8:50:33 a 18:26:00.
Siguiente. Vía de entrada este al parking del IFEMA. Nada de 8:47:21 a 8:50:33 ni de 18:26:00 a 18:29:45.
Siguiente. Vía de entrada oeste al parking del IFEMA. Nada de 8:47:21 a 8:50:33 ni de 18:26:00 a 18:29:45.
Siguiente. Rotonda frente al IFEMA. Nada de 8:44:09 a 8:47:21 ni de 18:29:45 a 18:32:07.
Muy, muy despacito, Manu se reclinó en su butaca de piel. Aún tardó toda una eternidad en volver la mirada hacia ella. Julia se la sostuvo, revuelta.
—Vete a casa —dijo—. Tengo que hablar con mi contacto.
—¿De…?
Aunque ya lo sabía. Ya sabía la respuesta antes incluso de oírle decir:
—De que Tirso le ha hackeado el servidor.