5. Justos por pecadores #3
Suspiró. Le gustaría que Manuel fuera más profesional, o más serio, pero al mismo tiempo agradecía que se esforzara en tratar su primera quedada para desbaratar sus sospechas sobre Tirso así, como un…
Bueno, como un juego. Pero al mismo tiempo le hacía preguntarse una vez más por qué Tirso lo habría arrancado de cuajo de su vida.
«No hubo ninguna discusión, ni ningún altercado; nada», recordó.
Eso, y que Manuel no sabía del fallecimiento de los padres de Tirso, con lo que la teoría del duelo mal llevado también quedaba descartada.
Menos mal que no se había hecho científica, como su madre quería, porque con semejante historial de hipótesis fallidas Julia sería un peligro para la sociedad.
No puedo hablar por todas las chicas del mundo, pero nosotras hacemos maratones
Esta vez toca una serie de Batman
No será la de cuando es crío
La misma
Hostia, planazo. Puedo unirme?
No.
Los segundos que tardó Manuel en contestar fueron tan expresivos como la propia respuesta:
Empiezo a entender por qué piensas que Tirso querría matarte
Vaya muermo de tía
Pues no fue a mí a quien dejó tirada tras 20 años de relación
JULIA!!!!n!!
No puedes usar mis traumas contra mí!
Tú has usado contra mí el miedo universal femenino a que su novio se la cargue!!
SOLO PORQUE NO PARECES TENER MUCHA PRISA POR REFUTARLO
Tocada y hundida. Mientras hacía transbordo, Julia tuvo tiempo de reconocerse que, en efecto, mucha prisa no tenía.
Sí, estaba desesperada por saber la verdad, descubrir de una puñetera vez si estaba loca o no, pero también cagada.
Antes de «verbalizar sus traumas», como lo llamaba Manuel, todavía había tenido la opción de barrerlo todo bajo la alfombra.
Ahora ya no. Ahora ya lo sabía otra persona.
Si quisiera recobrar la seguridad del silencio primero tendría que deshacerse de Manuel.
Mmm, mejor no seguir por esa línea de pensamiento.
Aunque sería gracioso, ¿no? «Hola, cielo, te vi esconder un cadáver y entré en pánico así que se lo conté a tu amigo de la infancia pero volví a entrar en pánico por todo cuanto habérselo contado podría conllevar así que me lo cargué.
¿Qué tal si me enseñas a esconder cadáveres y así estamos en paz? ».
Sería aún más gracioso si resultara que Tirso jamás se cargó a nadie y ahora tuviera que ayudarla con el fiambre para luego entrar en una espiral paranoide que desembocara en él contactando con su infame amiga de la infancia Sonia para averiguar si Julia había hecho algo así antes.
Estaba intentando autodistraerse, ¿verdad?
Vale
Si quieres, podemos quedar antes, pero a las 8 tengo que estar en casa con todo el picoteo comprado
Tirso solo se creería que he abandonado mi cueva para coger provisiones
Por mí perfe pero
Tirso no es omnipresente
No puede saber cuándo sales o entras de casa
O es que sabes que te tenga vigilada?
Para nada
Es que tenemos una cámara en el salón para chequear cómo anda nuestra gata cuando estamos fuera y suele meterse a verla de vez en cuando
A verla y a decirle monerías a través del altavoz, pero eso se lo guardó para sí.
Incluso estando tú en casa?
La quiere mucho
Y, además, a veces también le decía monerías a ella. De hecho, seguramente les daría la sorpresa en algún punto de la mañana del sábado, allá por el meridiano de su escapada anual. A Julia no le avergonzaba admitir que lo esperaba como agua de mayo.
Fíjate que hubiera dicho que Tirso era más de perros, pero bueno
Te parece que te mande un cabi a casa mañana a las 5?
Solo 3h? Tendrás suficiente?
Y te sobrará tiempo para hacer la compra
Tu sabrás
Te paso mi dirección para el cabi
No hace falta gracias
Ya la tengo ;)
Decidió no preguntar cómo.
Puntual como un reloj inglés (o previsible como un actor siguiendo un guion), la voz de Tirso rompió la quietud del salón a las 12:30 exactas de la mañana del sábado, mientras ella leía en el sofá y Muu roncaba en su regazo.
Por supuesto, Muu se desenroscó ipso facto con las pupilas dilatadísimas y las orejitas volteadas hacia la cámara de vigilancia.
Julia sonrió, rascándole bajo la barbilla.
—¿Quién es ese? —canturreó—. ¿Quién es, Muu?
Como en respuesta, su gata maulló larga y vehementemente. Tirso rio por lo bajini a kilómetros de allí, sonido angelical que a ellas les llegó desfigurado y robótico a través del altavoz. Una pena.
— ¿Cómo están mis chicas?
—Tristes y solas. ¿Y tú?
— Triste y solo.
Muu había empezado a amasarle la tripa. Sí, Julia también se alegraba de oírlo.
—Siempre puedes salirte a jugar a la pelota con Patato.
— Pff, duraría dos rondas. No soy muy de perros.
«Muu 1 - Manu 0», no pudo evitar pensar. Volvió la vista hacia la cámara, una esfera diminuta con orejas de gato sobre la balda más alta del salón. Estaba ya un poco vieja y, como podía verse, sonaba fatal, pero cumplía su función. Y le tenían cariño.
—Bueno, ya en nada estás aquí. ¿Cuento contigo para la cena de mañana?
— Sí, porfa. Pasadlo bien esta noche.
—Lo intentaremos.
— Y tú pórtate bien, Muu.
Muu maulló.
—Dice que también lo intentará.
Otra risita distorsionada. Vino seguida de un adiós un tanto ininteligible y del chasquido inconfundible del fin de retransmisión.
Muu seguía sin despegar los ojos de la cámara, ronroneando a volumen de tractor.
Tardó mucho, muchísimo, en volver a acurrucarse sobre su regazo, pero no tanto como lo que tardó Julia en volver a concentrarse en su lectura.