BLOQUE 3
Elena recuperó los listados antiguos del proyecto.
FV-17 había reunido durante años a especialistas y colaboradores vinculados con procedencia, restauración, valoración y estudio de fondos privados.
Entre ellos figuraba un nombre que hasta entonces había pasado casi inadvertido:
Ramiro Echevarría.
Había trabajado durante unos meses como consultor de procedencia.
Su función principal era actuar como enlace entre colecciones privadas.
Eso explicaba por qué podía conocer documentos y propietarios sin dejar necesariamente consultas directas en archivos públicos.
Aguirre observó una fotografía antigua.
Dijo que podía ser el hombre del almacén.
No estaba seguro.
Elena no lo trató como una identificación.
Orduña fue más firme.
Reconoció a Echevarría como la persona que vio junto a la caja.
Y afirmó que había retirado la carpeta gris para guardarla en una cartera rígida.
Eso coincidía con el recorrido registrado después en el aparcamiento.
La policía comenzó a localizarlo.
Echevarría residía habitualmente fuera de Burgos, aunque disponía de un apartamento temporal en la ciudad.
Su teléfono habitual estaba inactivo.
El dispositivo cuyo recorrido resultaba compatible con el trayecto entre el archivo y el almacén estaba registrado a nombre de una sociedad.
Ramiro Echevarría figuraba como administrador.
Era la primera conexión técnica fuerte entre él y la secuencia material.
Cuando llegaron al apartamento, estaba vacío.
No parecía abandonado de manera precipitada.
El contrato terminaba pocos días después.
Encontraron documentación de tasación y un esquema manuscrito:
Aranda → copia de Inés → descendientes → propiedad Castilla
La fecha era de meses atrás.
Echevarría llevaba tiempo siguiendo aquella ruta.
Otra hoja contenía:
Folio 22.
Relación de bienes.
Propiedad Castilla.
Y una anotación:
“La copia buena no está en Burgos.”
Martín permaneció mirando aquella frase.
Echevarría creía que existía una versión más completa fuera de la ciudad.
No indicaba dónde.
Solo había una abreviatura:
“M.”
Nada más.
Los recibos de combustible y varios peajes eran compatibles con un desplazamiento reciente fuera de Burgos.
No permitían establecer el destino.
El análisis autorizado del portátil de Echevarría aportó algo mucho más sólido.
Entre archivos borrados recuperaron una fotografía de la carpeta gris abierta.
Dentro aparecía una hoja antigua.
Solo se veía una parte.
Una frase resultaba legible:
“…sin perjuicio del derecho que por línea de Fernando…”
Adrián quedó inmóvil.
Era, al menos, parte de la reserva que hasta entonces habían reconstruido mediante copias y referencias.
No podían afirmar todavía que se tratara del folio veintidós.
La fotografía era parcial.
Sí era compatible con una pieza antigua separada del conjunto.
Por primera vez tenían una imagen directa de una cláusula cuya existencia habían inferido durante semanas.
Había una segunda fotografía.
Mostraba la relación de bienes.
El encabezado decía:
“Razón de propiedades y rentas que corresponden a la línea de Fernando de Valderrama.”
Más abajo podía leerse:
“…propiedad sita en Castilla, vinculada a…”
El resto quedaba fuera del encuadre.
No podían completar lo que la imagen no mostraba.
Todavía no sabían qué propiedad era ni a qué persona, institución o derecho estaba vinculada.
El portátil registraba además que las fotografías habían sido copiadas a un dispositivo externo y luego eliminadas.
Clara preguntó por qué alguien que ya tenía imágenes necesitaba llevarse los originales.
Martín señaló la diferencia.
Una fotografía podía demostrar el contenido.
No daba control sobre el soporte ni sobre su procedencia.
Si el interés era histórico, las imágenes podían bastar.
Si estaban en juego valoración, titularidad o el control de una evidencia documental, el original seguía teniendo un valor distinto.
También apareció un borrador de correo sin destinatario:
“La carpeta confirma que la versión breve eliminó la reserva. La relación de bienes remite a la propiedad que buscábamos. Falta comprobar destino posterior.”
Aquello demostraba que Echevarría comprendía exactamente las dos líneas que estaban investigando.
Por un lado, la diferencia entre la copia extensa y la abreviada.
Por otro, la ruta patrimonial abierta por la relación de bienes.
Clara miró a Elena.
—Entonces Echevarría robó el legajo.
Elena negó.
Tenían evidencia fuerte de que había retirado la carpeta gris del almacén.
No de que hubiera generado la orden dentro del archivo ni transportado inicialmente el legajo.
Tampoco podían atribuirle todavía la agresión a Lamas.
Había al menos dos momentos distintos.
Primero se produjo la sustracción de la caja desde el archivo.
Después alguien retiró la carpeta una vez que el legajo llegó al almacén.
Ambas fases podían pertenecer a una misma operación.
Eso no obligaba a que una única persona hubiera ejecutado cada paso.
La secuencia demostrable era ya considerable.
La cuenta de Bermejo había permitido generar la orden.
Una credencial interna había movido la caja.
El legajo llegó al almacén.
Echevarría fue visto retirando la carpeta.
Después la cartera rígida continuó su recorrido fuera de aquel punto.
Las conexiones exactas entre cada fase todavía necesitaban completarse.
Adrián regresó a la fotografía de la cláusula:
“…sin perjuicio del derecho que por línea de Fernando…”
La expresión podía tener una consecuencia importante.
No hablaba simplemente de Alfonso como menor.
Hablaba de una línea.
Eso podía ampliar el alcance de la reserva.
Todavía no podían afirmar que todos los descendientes hubieran conservado idénticos derechos.
Necesitaban el texto completo.
Pero tampoco parecía ya una fórmula limitada exclusivamente a la protección temporal de Alfonso.
Hasta entonces habían demostrado que la descendencia de Fernando continuó biológicamente.
Ahora aparecía una cláusula compatible con que ciertos derechos hubieran sido formulados respecto de la línea.
Era una pregunta nueva.
No una respuesta.
Elena cerró la carpeta policial.
Primero debían localizar a Echevarría y recuperar los originales.
La fotografía quedaría restringida a la investigación.
Adrián volvió a contemplar el itinerario.
Por primera vez el movimiento de un documento no pertenecía a una laguna de siglos.
Podían seguirlo casi paso a paso.
Había salido del archivo y atravesado la ciudad.
El legajo terminó abandonado.
La carpeta continuó viajando.
Y en medio de aquel recorrido habían obtenido una frase que devolvía toda la investigación al pasado:
“…sin perjuicio del derecho que por línea de Fernando…”
Todavía no bastaba para establecer cuáles eran esos derechos.
Ni para decidir quién podía ejercerlos generaciones después.
Pero sí impedía reducir la reserva a la protección de un único menor.
Para saber hasta dónde llegaba, Adrián sabía ahora dónde debía buscar.
En quienes habían continuado la línea de Fernando.