CAPÍTULO 25 Una agresión junto a los depósitos
BLOQUE 1
Sergio Lamas no llegó a la entrevista.
Elena Salcedo llevaba diez minutos esperando cuando recibió la llamada.
No era de Lamas.
Era de un empleado del archivo.
—Inspectora, creo que tiene que venir.
Elena ya se estaba levantando.
Había un hombre herido en el acceso lateral de los depósitos.
Adrián Valcárcel vio el cambio en su expresión.
—¿Lamas?
—Todavía no lo sé.
Salieron de inmediato.
Clara Montalvo y Martín Arce avanzaron con ellos hasta que Elena les advirtió que no entrarían en ninguna zona restringida sin autorización.
El acceso lateral no formaba parte del recorrido habitual de los investigadores.
Era un sector de servicio que comunicaba el edificio principal con una zona auxiliar de almacenamiento.
Varios empleados permanecían apartados junto a una puerta.
Un hombre estaba sentado contra la pared.
Tenía sangre en la sien y mantenía una mano sobre las costillas mientras respiraba con dificultad.
Elena lo reconoció.
Era Sergio Lamas.
Le pidió que no se moviera.
Lamas respondió que no tenía intención de hacerlo.
Creía haber perdido el conocimiento durante unos segundos.
No había visto bien a quien lo había golpeado.
El personal sanitario llegó casi al mismo tiempo.
Elena se apartó mientras lo evaluaban.
Había recibido un impacto en la cabeza y se quejaba de dolor costal.
La gravedad no podía determinarse allí.
Eso correspondía a los médicos.
Adrián llegó hasta donde Elena se lo permitió.
—Entonces estaba en Burgos.
—Sí.
—Y nos había dicho que no hizo aquella solicitud.
—Eso puede seguir siendo verdad.
Una cosa no anulaba la otra.
Alguien podía haber utilizado meses atrás la identidad de Lamas sin autorización y, al mismo tiempo, el verdadero Lamas podía estar ahora investigando por su cuenta.
Cuando los sanitarios permitieron unas preguntas breves, Elena regresó junto a él.
Lamas reconoció que estaba buscando un inventario antiguo relacionado con los Valderrama.
Había empezado tres semanas antes.
No trabajaba para ningún cliente.
Había comenzado porque descubrió que alguien había utilizado su nombre para consultar documentación.
Quiso averiguar qué estaban buscando antes de informar.
Elena no ocultó su desaprobación.
Pero no insistió.
Volvió a la agresión.
Lamas recordaba a un hombre.
No lo había visto bien.
No creía conocerlo.
Podía haberlo seguido desde la sala de consulta.
Cuando Elena preguntó qué llevaba encima, Lamas tardó un instante.
Una carpeta.
Elena miró alrededor.
La carpeta había desaparecido.
Dentro había copias y notas propias sobre el recorrido documental del protocolo.
Lamas había anotado ubicaciones, referencias a la carpeta de copias y datos sobre el legajo robado.
No había llegado al almacén de la empresa de conservación.
Quien se hubiese llevado aquella carpeta conocería ahora exactamente hasta dónde había avanzado.