CAPÍTULO 24 Quién buscaba el protocolo antes que ellos
BLOQUE 1
La investigación más antigua no empezaba con Pablo Mena.
Tampoco con Llorca.
Ni siquiera con Aguirre.
Eso fue lo primero que comprendieron cuando Elena Salcedo reunió sobre una misma mesa los informes recuperados de antiguos proyectos de tasación, genealogía privada, valoración de colecciones y reconstrucción de procedencia.
Adrián Valcárcel observó las fechas.
Algunas retrocedían más de una década.
Había nombres conocidos y otros que aparecían por primera vez.
Pero uno se repetía con suficiente frecuencia como para establecer una línea de investigación anterior a todas las que habían seguido hasta entonces:
Fernando de Valderrama.
No siempre aparecía acompañado del protocolo.
Ni de la Catedral.
Pero su descendencia estaba siendo investigada mucho antes de que la intervención en la tumba revelara la inscripción antigua.
Clara Montalvo se inclinó sobre una ficha.
—Entonces la tumba no inicia la búsqueda.
—No —respondió Adrián—. La acelera.
Martín Arce señaló una consulta de once años atrás:
“Documentos sobre descendencia de Fernando de Valderrama y administración posterior a su muerte.”
El solicitante era Rafael Landa.
El mismo consultor documental que años después recibiría material preparado por Tomás Bermejo.
La cronología cambiaba otra vez.
Landa no había sido simplemente el receptor de una investigación posterior.
Ya buscaba a Fernando varios años antes de FV-17 y mucho antes de que Bermejo encontrara la referencia completa al protocolo.
Dos meses después había pedido:
“Protocolos notariales relativos a menores de la casa Valderrama.”
Más tarde:
“Relación de administración otorgada a Diego de Valderrama.”
Y después:
“Genealogías anteriores al asiento del patronato.”
Adrián permaneció mirando las fechas.
Rafael Landa había relacionado la administración de Diego con las versiones genealógicas sin conocer todavía la inscripción oculta de la tumba.
La pregunta era por qué.
Landa había muerto.
Sus papeles profesionales seguían existiendo.
Parte había quedado en un archivo familiar y otra había pasado a una empresa después de su fallecimiento.
Con las autorizaciones correspondientes, Elena había obtenido reproducciones.
Al principio solo había facturas, correspondencia e informes ordinarios.
Hasta que Martín encontró una carpeta:
VALDERRAMA — PRECEDENCIA Y PROCEDENCIA
Adrián entendió inmediatamente la distinción.
La precedencia preguntaba quién ocupaba qué lugar dentro de la familia.
La procedencia intentaba establecer de dónde habían salido determinados documentos.
Eran problemas diferentes.
Podían converger.
La primera nota de Landa decía:
“La versión conocida de la casa no explica por qué Fernando aparece como hijo mayor en fuentes independientes.”
Había llegado al mismo problema que ellos.
Pero por documentos.
No por la piedra.
La fuente que lo había alertado era una escritura matrimonial donde Fernando figuraba como hijo mayor y Diego permanecía en una rama lateral.
No era una revelación espectacular.
Era suficiente.
La segunda nota avanzaba mucho más:
“Si Fernando fue hijo mayor y dejó descendencia, la continuidad de Diego requiere fundamento jurídico distinto de la mera genealogía posterior.”
Debajo, Landa había dejado abiertas tres posibilidades:
“¿Renuncia? ¿Sentencia? ¿Administración temporal?”
Clara permaneció inmóvil.
Era exactamente la bifurcación que ellos habían reconstruido años después.
Rafael Landa había llegado hasta allí mucho antes.