El Nombre Borrado (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo II) BLOQUE 2
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En menos de una hora, Elena descartó a la mayoría del personal técnico.

Las grabaciones y los registros de actividad permitían situarlos en otros lugares del edificio.

Quedaban dos acreditaciones compatibles con el movimiento observado.

Elena se negó a convertir a sus titulares en sospechosos sin demostrar antes quién llevaba realmente las tarjetas.

Otra cámara ofreció una pieza mejor.

El carro entró en la sala técnica.

Permaneció allí unos minutos.

Después volvió a salir.

La caja ya no era visible.

La sala había sido revisada.

No estaba allí.

Había, sin embargo, una segunda puerta que comunicaba con un corredor de servicio.

La cámara de ese pasillo llevaba tres semanas averiada.

La incidencia constaba en los registros.

Por sí sola no demostraba preparación.

Pero alguien familiarizado con el edificio podía saber que aquel tramo no tenía cobertura de vídeo.

El corredor comunicaba con una zona utilizada para movimientos de materiales de conservación y terminaba cerca de una salida técnica.

Elena pidió el registro de apertura.

La puerta se había utilizado once minutos después de la entrada del carro en la sala.

La credencial era la misma.

Aquello permitía reconstruir un recorrido posible desde el depósito hasta una salida no pública.

El titular de la tarjeta llevaba más de ocho años trabajando en el archivo y no tenía antecedentes disciplinarios.

Reconoció que el día anterior había dejado la acreditación durante unos minutos en el vestuario.

También admitió que aquella mañana podía haber dejado una sesión abierta durante una pausa.

La hora coincidía con la emisión de la orden interna.

Eso no demostraba su participación.

Sí ofrecía una forma plausible de que alguien hubiese obtenido tanto la acreditación física como acceso momentáneo al sistema.

Clara observó la secuencia.

—Una tarjeta accesible, una sesión abierta y un corredor sin cámara.

Adrián la miró.

—¿Crees que estaba preparado?

—Creo que alguien conocía bastante bien las rutinas como para aprovecharlas.

Martín coincidió.

No hacía falta controlar todo el sistema.

Bastaba con saber cuándo y dónde se producían los descuidos normales de una institución.

Elena regresó con otra posibilidad.

A la misma hora, una empresa de conservación retiraba embalajes y materiales autorizados.

Un vehículo había pasado por la salida técnica.

La empresa trabajaba habitualmente con aquel archivo y con otras instituciones.

También había prestado servicios a colecciones privadas.

El nombre ya había aparecido en uno de los proyectos patrimoniales relacionados con documentación Valderrama.

Entre sus clientes figuraba una fundación asesorada por Julián Velasco.

Eso ampliaba la red de conexiones.

No permitía atribuirle el robo.

El vehículo fue localizado poco después.

Había seguido su recorrido ordinario.

La inspección no encontró el legajo.

Sí constaba una parada de once minutos en un almacén de la empresa.

Era el siguiente punto verificable.