CAPÍTULO 22 Robo en el archivo notarial
BLOQUE 1
El legajo no estaba perdido.
Eso fue lo primero que estableció Elena Salcedo.
Una caja podía acabar en una balda equivocada. Un expediente podía incorporarse por error a otra serie o quedar afectado por un traslado interno registrado de forma defectuosa.
Aquello era diferente.
El legajo había salido del depósito mediante una solicitud interna que constaba en el sistema.
La autorización parecía válida.
Después, antes de que la caja llegara a la sala técnica, la trazabilidad desaparecía.
Elena reconstruyó varias veces la secuencia porque, antes de hablar de sustracción, necesitaba agotar las explicaciones ordinarias.
Todas las salas habían sido revisadas.
También los depósitos secundarios y las áreas técnicas.
La caja no había llegado a restauración.
El responsable del archivo observaba la ficha con una mezcla de preocupación e incredulidad.
—Ese legajo no puede abandonar el edificio sin una autorización extraordinaria.
—Precisamente por eso necesito saber quién generó esta —respondió Elena.
La ficha tenía formato correcto.
El código correspondía al sistema real.
También figuraba un número de empleado existente.
Solo había un problema.
El titular llevaba cuatro días de licencia.
Adrián Valcárcel miró la impresión.
—Entonces utilizaron sus credenciales.
Elena negó ligeramente.
—Todavía tenemos varias posibilidades. Pueden haber utilizado sus datos, una sesión vinculada con su usuario o algún acceso que hubiera quedado abierto. Antes hay que determinar cómo ocurrió.
Martín Arce observó el corredor que los técnicos seguían revisando.
—Quien hizo esto sabía cómo circulaban las cajas dentro del edificio.
Clara Montalvo añadió:
—Y sabía cuál debía pedir.
Eso sí podían sostenerlo.
La solicitud utilizaba la signatura moderna.
No la referencia del siglo XIX.
Conocer la investigación histórica podía permitir localizar el legajo.
Retirarlo exigía saber cómo estaba identificado en el presente y cómo se gestionaban sus movimientos internos.
Además, no se trataba de una carpeta que alguien pudiera ocultar fácilmente bajo una prenda.
La caja pesaba varios kilos.
Había que transportarla.
Elena pidió las grabaciones de los accesos y de las zonas de servicio, además de los registros de ascensores y escaleras.
Adrián se acercó a Martín.
—Si buscaban el folio veintidós, ¿por qué llevarse el legajo entero?
Martín pensó antes de responder.
—Porque podían saber que la pieza estaba en la carpeta de copias sin conocer su posición exacta.
Abrir el conjunto allí mismo exigía tiempo.
Moverlo como un traslado interno resultaba más discreto.
Entre la salida del depósito y el primer control habían transcurrido veintisiete minutos.
Era suficiente para quien conociera el recorrido.
La primera cámara ofreció una imagen útil.
Un carro destinado al transporte documental entró vacío en un corredor.
Salió con una caja.
La persona que lo empujaba llevaba acreditación y ropa de trabajo, aunque la calidad de la grabación no permitía identificar el rostro ni leer la tarjeta.
El uniforme correspondía al personal técnico.
Elena pidió verificar dónde estaba cada persona autorizada para utilizarlo durante aquella franja horaria.
No hubo dramatismo.
Solo procedimiento.
Eso inquietó más a Adrián.
Nada de lo que empezaba a reconstruirse parecía improvisado.