CAPÍTULO 21 Nadie consultó aquel legajo por casualidad
BLOQUE 1
Elena Salcedo llegó con una tabla.
No con una declaración ni con otra carpeta de reproducciones.
Había necesitado reunirlo todo en una sola superficie.
Adrián Valcárcel se acercó.
La tabla contenía fechas, identidades utilizadas, archivos consultados y términos de búsqueda. También registraba signaturas, empresas intermediarias y el resultado obtenido en cada consulta.
Martín Arce empezó a leer.
El patrón no estaba en la proximidad temporal.
Las solicitudes se distribuían a lo largo de varios años.
Lo significativo era el orden de los intereses.
Primero aparecían las genealogías.
Después, la línea de Fernando.
Más tarde surgían Alfonso y las anotaciones marginales.
A continuación comenzaban las búsquedas sobre la diferencia entre copias íntegras y relaciones breves.
Finalmente aparecían Gonzalo de Aranda, el protocolo de sucesión y el folio dieciocho.
Adrián levantó la vista.
—Hay una progresión.
—Sí —respondió Elena—. Pero eso no demuestra que detrás haya una sola persona.
Martín coincidió.
El orden tenía una lógica documental.
Una consulta permitía formular la siguiente.
Eso podía corresponder a un investigador que hubiera mantenido la búsqueda durante años.
También podía ser el resultado de una cadena de encargos en la que distintos especialistas heredaban información obtenida anteriormente.
Consultores.
Empresas patrimoniales.
Colecciones privadas.
Clientes interesados en partes diferentes del mismo problema.
El conocimiento podía transmitirse sin que todos compartieran un propósito único.
Eso explicaba la variedad de nombres y hacía mucho más difícil determinar quién había decidido cada paso.
Elena había dividido las consultas en dos grupos.
Por un lado estaban las realizadas con identidades reales.
Por otro, aquellas en las que se habían utilizado identidades de terceros sin autorización.
Tenían al menos cuatro casos confirmados de esta última clase.
No podía demostrar que pertenecieran a la misma persona.
Tampoco seguían todos la misma infraestructura.
Pero existía una diferencia evidente en la forma de buscar.
Las consultas legítimas utilizaban términos amplios relacionados con genealogía, procedencia o archivos familiares.
Las realizadas mediante identidades ajenas preguntaban por expresiones mucho más precisas:
“Protocolo de sucesión.”
“Rama apartada.”
“Copia íntegra.”
“Folio 18.”
“Cláusula de minoridad.”
Adrián comprendió la consecuencia.
Quien formulaba aquellas solicitudes disponía de conocimiento previo.
Podía haber recibido información de otra investigación o haber visto documentación que no aparecía descrita en los catálogos públicos.
También era compatible con un intento de ocultar quién seguía las piezas más sensibles.
No podían afirmar todavía más que eso.
Elena señaló después otra secuencia.
En varios casos, una consulta legítima precedía a una solicitud posterior realizada con otra identidad.
La segunda buscaba una pieza mucho más específica y parecía depender de lo descubierto durante la primera.
Martín siguió las fechas.
—Una búsqueda abre la siguiente.
—En varios casos, sí.
Aguirre aparecía en algunas etapas.
Llorca también.
El entorno Velasco surgía a través de encargos, sociedades y trabajos documentados.
Pero ninguno explicaba por sí solo toda la cadena.
Eso era importante.
No podían elegir una figura y atribuirle cada movimiento simplemente porque apareciera repetidamente cerca de la investigación.
La búsqueda era más amplia.
Y distintos intereses podían haberse cruzado sin formar necesariamente una única operación coordinada.