El Nombre Borrado (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo II) BLOQUE 3
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BLOQUE 3

El legajo llegó dentro de una caja gris.

No tenía nada de extraordinario.

Una signatura moderna.

Una descripción genérica.

Martín fue el primero en advertir la numeración.

La primera hoja conservada llevaba un número antiguo.

18.

Nadie habló.

Debajo de la foliación moderna podía distinguirse con claridad.

La siguiente hoja conservaba el 19.

Después venían el 20 y el 21.

La remisión histórica coincidía con la materialidad del documento.

Habían encontrado el bloque.

No necesariamente completo.

Pero sí la serie que tantas fuentes habían citado.

Clara examinó los pliegues y los orificios del cosido.

La encuadernación actual no coincidía con la anterior.

Aquellas hojas habían pertenecido a otro volumen.

El encabezado de la primera estaba deteriorado, aunque todavía podía leerse:

“…por muerte de Fernando de Valderrama…”

Más abajo:

“…sobre guarda de menores y administración de la casa…”

Al final del folio aparecía el nombre de Gonzalo de Aranda.

Aquello ya no era una copia tardía ni una relación abreviada.

Era una actuación próxima al origen del conflicto.

Martín siguió la numeración.

Dieciocho.

Diecinueve.

Veinte.

Veintiuno.

Después había un salto.

Veintitrés.

Clara volvió a revisar el bloque.

El folio veintidós faltaba.

No había sido arrancado del cosido moderno.

Ya no estaba cuando aquel conjunto recibió su encuadernación actual.

Martín leyó el final del folio veintiuno:

“Y en cuanto a los derechos que se reservan para los hijos del dicho Fernando…”

El folio veintitrés comenzaba:

“…quede Diego en posesión del gobierno conforme a lo acordado.”

La transición había desaparecido exactamente donde debían desarrollarse las reservas.

Eso no permitía afirmar qué decía la hoja faltante.

Podía contener condiciones.

También otras disposiciones.

Pero su importancia era evidente.

La pérdida era antigua.

Tal vez anterior incluso a la reorganización de Landa.

Y, hasta no reconstruir cuándo constaba por primera vez como separada, no podían atribuir responsabilidad a nadie.

El hecho material, sin embargo, era claro.

El protocolo existía.

Parte de él se conservaba.

Y faltaba una hoja precisamente en el punto donde las reservas empezaban a desarrollarse.

Adrián continuó leyendo.

El folio veintitrés trataba cuestiones patrimoniales.

El siguiente se refería a rentas.

Más adelante aparecía Inés.

En el folio veintiséis figuraba:

“Dése traslado íntegro a la viuda.”

Clara levantó la vista.

Aquello conectaba directamente con la copia conservada por Inés.

La tradición extensa podía salir de allí.

La copia con cláusulas enteras.

El arca.

Las reclamaciones posteriores de Alfonso.

El folio veintisiete añadía una anotación posterior:

“Se sacó relación breve para uso de la casa.”

El nombre de Olmedo no figuraba.

Pero la fecha era compatible con su intervención.

La secuencia documental ya era mucho más sólida.

Un protocolo amplio.

Un traslado íntegro destinado a Inés.

Una relación breve para uso de la casa.

Después, dos tradiciones que se desarrollaban de manera distinta.

No hacía falta imaginar dos historias inventadas.

Habían surgido de usos documentales diferentes.

El folio veintidós seguía faltando.

Martín revisó entonces el índice incorporado durante la reorganización de Landa.

Una nota decía:

“Falta una hoja que constaba separada.”

Eso demostraba que Landa ya había recibido el bloque incompleto.

La hoja no desapareció durante aquella reorganización.

Otra remisión añadía:

“Véase pieza suelta en carpeta de copias.”

La antigua signatura llevaba a otro legajo que todavía no habían consultado.

Elena comprobó la ficha.

Aguirre tenía turno para esa carpeta aquella misma tarde.

Por primera vez, ambas investigaciones convergían en el presente.

No estaban reconstruyendo una consulta de hacía años.

Los dos recorridos acababan de llegar a la misma pieza.

Martín cerró con cuidado el protocolo parcial.

Adrián volvió a mirar el primer folio.

18.

Durante días había sido una referencia.

Ahora era papel.

Foliación.

Tinta.

Marcas de una encuadernación anterior.

Una secuencia material.

El protocolo no solo debía haber existido.

Existía.

Y contenía exactamente el tipo de actuaciones que habían reconstruido a través de copias y referencias posteriores.

Solo faltaba la hoja que podía aclarar con mayor precisión el alcance de las reservas.

Clara miró la remisión:

Carpeta de copias.

Elena guardó la ficha.

La investigación histórica acababa de tocar definitivamente el presente.

El protocolo que debía existir había aparecido.

Y alguien más sabía exactamente qué parte seguía faltando.