El Nombre Borrado (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo II) CAPÍTULO 20 El protocolo que debía existir
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CAPÍTULO 20 El protocolo que debía existir

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A veces un documento podía demostrarse antes de encontrarse.

Adrián Valcárcel había tardado en aceptar aquella idea.

No porque fuera extraña, sino porque llevaba días buscando una pieza concreta que todavía no había podido tocar ni leer completa.

Y, sin embargo, todo alrededor apuntaba hacia ella.

Martín Arce había reunido en una sola hoja referencias procedentes de fuentes distintas:

“Véase protocolo de sucesión, folio 18.”

“Según determinación principal.”

“Conforme a lo actuado tras la muerte de Fernando.”

“Copiado del protocolo de Gonzalo de Aranda.”

“Relación breve de la determinación.”

“Traslado íntegro para doña Inés.”

“Reservas asentadas en favor de los hijos.”

No procedían de una única tradición.

Algunas estaban separadas por años.

Otras por generaciones.

Habían sobrevivido en archivos distintos y dentro de ramas familiares diferentes.

Pero todas regresaban al mismo punto.

Martín dejó la hoja sobre la mesa.

—No estamos siguiendo una cita repetida sin origen.

Adrián asintió.

Había referencias independientes suficientes para afirmar que aquel conjunto había existido.

Protocolo de sucesión podía ser una denominación práctica posterior y no necesariamente el título exacto utilizado por Gonzalo de Aranda.

Pero ya no importaba demasiado.

Había existido una serie de actuaciones notariales relacionada con la muerte de Fernando y con las decisiones adoptadas después.

Y comenzaba alrededor del folio dieciocho.

Eso había dejado de ser una hipótesis.

Martín trazó una línea temporal.

También podían reconstruir parte de su contenido sin tener todavía el volumen delante.

Las primeras actuaciones debían estar próximas a la muerte de Fernando.

Después aparecían la situación de los menores y la administración concedida a Diego.

Las copias extensas conservaban la condición ligada a la minoría.

Las relaciones breves no.

Más tarde surgían las reservas, las reclamaciones de Inés y, finalmente, la revisión solicitada por Alfonso cuando alcanzó la edad suficiente para intervenir por sí mismo.

Adrián observó la secuencia.

No estaban buscando necesariamente una sola escritura.

Era más probable que se tratara de varias actuaciones consecutivas dentro de un mismo protocolo.

La referencia “folio 18 y siguientes” empezaba a adquirir pleno sentido.

El folio dieciocho podía ser simplemente el punto de entrada.

Quien quisiera revisar el conflicto sabía desde dónde comenzar.

Por eso generaciones distintas podían remitir al mismo número aunque buscaran cuestiones diferentes.

Una rama podía haber copiado las partes relacionadas con el gobierno.

La otra, las reservas y las actuaciones relativas a los hijos.

Después, cada tradición conservaría fragmentos distintos.

Aquello no explicaba todas las divergencias.

Algunas omisiones habían demostrado ser decisiones conscientes de copia.

Pero la combinación de selección y fragmentación hacía mucho más difícil reconstruir el texto completo.