El Nombre Borrado (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo II) BLOQUE 2
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La respuesta a Alfonso se conservaba solo en extracto:

“Se le dará copia de aquello que toque a su persona y derechos, no de los libros de gobierno de la casa.”

La limitación era evidente.

La administración vinculada con la rama de Diego aceptaba entregarle documentación relacionada con sus derechos personales.

No le concedía acceso general a los libros de gobierno.

La respuesta encajaba con la división archivística que ya habían reconstruido.

Gobierno por una parte.

Sangre y derecho por otra.

Para Alfonso, sin embargo, esa separación creaba una dificultad evidente.

La cuestión que quería discutir había sido decidida precisamente dentro del ámbito del gobierno.

Quien controlaba el archivo institucional controlaba también el acceso a los documentos donde se había producido la decisión.

Martín encontró una segunda petición:

“No basta traslado parcial, porque mi pretensión nace de la causa y tenor entero de la determinación.”

Adrián dejó de leer.

La expresión tenor entero era decisiva.

Alfonso sostenía que una copia parcial no bastaba para comprender el sentido de la determinación.

Aquello conectaba con todo lo que habían encontrado.

Relaciones abreviadas.

Cláusulas omitidas.

Genealogías funcionales utilizadas fuera de contexto.

La disputa no trataba únicamente de quién guardaba los documentos.

También de cuánto se copiaba.

Una cuenta registraba después el pago a un escribano por:

“hacer relación breve para el hijo de Fernando.”

Eso permitía afirmar que Alfonso recibió al menos una versión resumida de alguna documentación vinculada con su reclamación.

No podían asegurar todavía que se tratara del protocolo.

Pero la diferencia entre lo que pedía y lo que recibía estaba documentada.

Alfonso solicitaba el tenor completo.

En algún momento se confeccionó para él una relación breve.

Décadas después, diversas tradiciones documentales parecían depender precisamente de versiones reducidas.

Podía existir una conexión entre esos procesos.

Todavía no podía afirmarse.

Elena Salcedo llegó con noticias contemporáneas.

Víctor Aguirre había solicitado acceso a un repertorio de Gonzalo de Aranda.

La petición decía:

“Actuaciones relativas a minoridad, administración y reservas de derechos en la casa Valderrama.”

La formulación coincidía demasiado con el problema que ellos estaban reconstruyendo.

Aguirre también había pedido, de forma específica:

“cualquier relación breve distinta del tenor completo.”

Eso demostraba que conocía la distinción entre una copia íntegra y una versión resumida.

La solicitud era de tres meses atrás.

Otra vez anterior al avance reciente del equipo.

Oficialmente, el archivo no había localizado la pieza porque la signatura aportada era incompleta.

La búsqueda paralela seguía sin resolverse.

La tercera petición de Alfonso era todavía más explícita.

Ya no pedía solo documentos.

Pedía que quedaran testigos de su oposición:

“Para que conste que no consiento en que la administración habida durante mi menor edad sea tomada por sucesión perpetua.”

Clara leyó la frase despacio.

Aquello separaba los conceptos con una claridad extraordinaria.

Alfonso no discutía que hubiese existido una administración.

Discutía que esa administración pudiera convertirse en una sucesión definitiva.

La transformación que ellos intentaban reconstruir ya estaba siendo discutida mientras él vivía.

No era una interpretación proyectada cinco siglos después.

Al menos para Alfonso, existía el riesgo de que una medida vinculada con la minoría terminara adquiriendo un alcance sucesorio que él no reconocía.