BLOQUE 2
La versión anterior no apareció entre las genealogías.
Martín la encontró citada en un pleito de rentas al seguir el nombre de Juan de Olmedo fuera del archivo del patronato.
La declaración de un administrador decía:
“Según la relación vieja de los descendientes del fundador, presentada por doña Inés, constaban por hijos de Fernando los llamados Alfonso y Beatriz.”
Clara dejó el bolígrafo.
La referencia era demasiado precisa para reducirla a una interpretación.
Existía una relación vieja de los descendientes del fundador.
La había presentado Inés.
Y nombraba expresamente a Alfonso y Beatriz como hijos de Fernando.
El pleito era posterior a la genealogía de Olmedo.
Eso demostraba que la versión anterior seguía existiendo después de que la nueva hubiese sido confeccionada.
No había sido destruida ni sustituida físicamente.
Ambas habían convivido.
Martín continuó leyendo.
La misma declaración añadía:
“La dicha relación no fue recibida para el asiento del patronato por reputarse no conforme a la sucesión después determinada.”
Adrián se quedó inmóvil.
Aquella frase modificaba la pregunta.
El documento no decía que la relación presentada por Inés fuera falsa.
Decía que ya no se la consideraba adecuada para el asiento del patronato después de una determinada resolución sucesoria.
La diferencia era fundamental.
Una relación familiar podía conservar a Fernando y a sus hijos porque describía descendencia.
Otra genealogía podía excluirlos de la continuidad institucional si su función era representar quién ejercía el patronato.
Las dos podían ser auténticas.
Lo decisivo era no exigirles que respondieran la misma pregunta.
—Entonces la nueva genealogía pudo crearse para representar quién administraba o ejercía el patronato —dijo Clara.
—Eso parece —respondió Martín.
—Y el problema aparece si más tarde alguien la utiliza como historia completa de la familia.
Adrián asintió.
Ahí podía estar el verdadero mecanismo de desaparición.
Una selección funcional no necesitaba ser fraudulenta en su origen.
Podía convertirse en deformación cuando perdía el contexto que explicaba para qué había sido confeccionada.
El pleito aportaba además una segunda indicación:
“La relación vieja quedó entre papeles de la viuda.”
La documentación de Inés había seguido una ruta distinta de la del patronato.
No hacía falta imaginar dos archivos perfectamente paralelos desde el siglo XVI.
Bastaba con aceptar custodias separadas.
Algunos documentos permanecieron asociados con la línea de Fernando mientras otros quedaron bajo la administración institucional.
Martín propuso seguir inventarios familiares y testamentos de Inés.
El protocolo del folio dieciocho podía explicar por qué aquella relación había dejado de servir para el asiento del patronato.
La genealogía antigua respondía quiénes existían.
El protocolo debía aclarar qué funciones, derechos o reservas quedaban vigentes después de la determinación.
Confundir ambos planos podía haber transformado una exclusión administrativa en una falsa extinción familiar.
Otra pieza hizo todavía más explícita aquella selección.
Una certificación posterior contenía en el margen:
“No se ponga la descendencia de Fernando por no corresponder al asiento de la casa.”
La firma estaba incompleta.
Solo sobrevivían las iniciales J. O.
Podían corresponder a Juan de Olmedo.
No era suficiente para atribuírselo sin reservas.
Pero la frase en sí era clara.
No afirmaba que la descendencia de Fernando no existiera.
Tampoco decía que hubiera renunciado a todos sus derechos.
Ordenaba no incorporarla a una clase concreta de representación.
Era una exclusión deliberada dentro de una función determinada.
Eso permitía hablar de intención documental.
Todavía no de falsificación de toda la historia familiar.
Elena llamó aquella tarde.
Quería saber por qué el folio dieciocho parecía atraer a tanta gente.
Adrián le explicó que existía una relación presentada por Inés donde figuraban Alfonso y Beatriz, pero que había dejado de utilizarse para el asiento del patronato después de una determinación.
Por tanto, el protocolo podía contener precisamente aquella decisión.
Elena respondió con otra noticia.
La solicitud falsa descubierta recientemente no había sido la primera.
Nueve meses antes, alguien había pedido:
“Protocolo de sucesión citado en relación de descendencia de la casa Valderrama.”
Otra identidad real había sido utilizada sin autorización.
No constaba que el solicitante hubiera conseguido retirar documentación ni obtener una reproducción completa.
La búsqueda seguía abierta.
Pero alguien había llegado a esa misma referencia mucho antes que ellos.