CAPÍTULO 3 Tras la versión más antigua
BLOQUE 1
Martín Arce llegó once minutos antes de la hora acordada y no pareció considerar que aquello necesitara explicación.
Adrián lo reconoció antes de que se presentara.
Solo había visto una fotografía suya, publicada años atrás junto a un trabajo sobre inventarios conventuales castellanos, pero bastó para identificarlo.
Rondaría los cuarenta. El cabello oscuro empezaba a aclararse en las sienes y llevaba unas gafas de montura fina.
La cartera de cuero que dejó sobre la mesa estaba demasiado gastada para responder a una elección estética; simplemente llevaba mucho tiempo acompañándolo.
Clara lo observó desde el otro extremo.
—Tú debes ser Martín.
—Y tú Clara Montalvo.
Después miró a Adrián.
—Valcárcel.
—Arce.
Se dieron la mano sin ceremonia.
Las seis genealogías estaban ordenadas cronológicamente junto con las notas de procedencia y las transcripciones. Separada del resto permanecía la referencia que empezaba a concentrar demasiadas preguntas:
Protocolo de sucesión. Folio 18.
Martín no se sentó.
Recorrió las reproducciones en silencio y, en lugar de comenzar por la más antigua, comparó primero dos versiones tardías antes de regresar a una intermedia.
Clara lo siguió con la mirada.
—¿No necesitas que te expliquemos cuál es cuál?
—Ya lo sé.
Señaló una abreviatura.
—Esta deriva de aquella.
Adrián se acercó.
—Eso sospechábamos.
—No exactamente. Ustedes sospechaban una matriz común. Yo estoy diciendo que esta versión concreta pertenece a la misma familia textual que aquella.
Martín colocó dos reproducciones juntas y señaló el apellido Salcedo.
En la versión temprana había una mancha junto a la segunda sílaba. El copista había interpretado el apellido de forma equivocada. Las genealogías posteriores no reproducían la mancha ni la disposición original, pero mantenían exactamente aquella lectura.
—Copian la interpretación —dijo Adrián—, no la forma material.
—Exactamente.
Lo mismo ocurría con la fecha incorrecta de un matrimonio. Una versión posterior conservaba el error, aunque reorganizaba la fórmula en la que aparecía.
Eso indicaba que no había copiado directamente la genealogía visible ante ellos.
Debía existir una transcripción intermedia.
Clara se acercó.
—Entonces falta al menos una copia.
—Como mínimo.
—¿Y ahí pudo desaparecer Fernando?
Martín negó con cautela.
—Puede haber ocurrido antes.
Tomó la genealogía de Juan de Olmedo y señaló la introducción:
“Conforme a relación recibida y a los papeles de la casa.”
Adrián ya conocía la frase.
Pero Martín la descompuso.
Relación recibida.
Papeles de la casa.
Dos fuentes distintas.
Olmedo no afirmaba haber construido el árbol desde cero. Había recibido una relación y había trabajado además con otros papeles.
Una cuenta reforzaba esa lectura:
“Por poner en limpio la relación de la descendencia conforme a los papeles entregados.”
La expresión era significativa.
No decía que Olmedo hubiese elaborado una genealogía nueva.
Decía que había puesto en limpio una relación existente.
—Entonces tenemos una versión anterior —dijo Adrián.
—Tenemos evidencia de que recibió material anterior.
Clara apoyó una mano sobre la mesa.
—¿Y dónde está?
Martín la miró.
—Si lo supiera, no habría venido.
No había ironía en la respuesta.
Solo precisión.
Adrián comprendió por qué sus trabajos siempre le habían parecido fiables.
Martín no llenaba los huecos.
Los dejaba abiertos hasta encontrar algo que permitiera reducirlos.
El problema era que la palabra relación aparecía en demasiados contextos. Podía designar bienes, derechos, enterramientos o parentescos. Buscar el término de manera indiscriminada no serviría.
Martín cambió la pregunta.
—¿Cuándo se reorganiza el patronato?
Adrián le dio el margen aproximado.
—¿Y la reforma funeraria?
Clara respondió.
Las fechas quedaban próximas.
Martín delimitó una franja de tres años.
La relación que buscaban probablemente no se había producido al inicio del conflicto, sino cuando la administración necesitó estabilizar documentalmente una situación ya existente.
Eso reducía mucho el período.
La primera pista apareció en una cuenta que nada tenía que ver, en apariencia, con genealogías.
Era un pago a un mensajero realizado catorce meses antes del encargo a Olmedo:
“Por llevar a Burgos la relación de descendencia y otros papeles de la casa para su cotejo.”
La relación había llegado desde fuera de Burgos.
El registro no indicaba con claridad desde dónde.
Pero una cuenta anterior contenía algo más útil:
“para remitir a la casa donde se crían los menores.”
La fecha era compatible con la minoría de Alfonso y Beatriz.
Todavía no bastaba para identificar a esos menores de forma segura.
La entrada siguiente sí estrechó el margen:
“Recibidos papeles de la señora viuda para ordenar la descendencia.”
En aquel período, la viuda de Fernando era Inés de Castañeda.
La conclusión seguía siendo una inferencia fuerte, no una identificación automática.
Pero si los papeles procedían de ella, resultaba difícil imaginar una relación de descendencia construida como si sus propios hijos no existieran.
Catorce meses separaban la llegada de esa documentación y la genealogía de Olmedo en la que Fernando ya no aparecía.
La ventana empezaba a cerrarse.