El Nombre Borrado (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo II) BLOQUE 3
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La genealogía conservada por la Colección Velasco llegó al día siguiente.

Era una digitalización en alta resolución y su fecha la situaba antes de la gran versión donde la línea de Diego aparecía ya como continuidad incuestionada.

Adrián la abrió en una pantalla grande.

Clara se acercó.

—¿Está Fernando?

Adrián amplió la imagen.

Sí.

Fernando seguía allí.

Pero había perdido casi todo lo que en la genealogía más antigua definía su posición.

Ya no figuraba como hijo mayor.

Inés había desaparecido.

También Alfonso y Beatriz.

La línea terminaba debajo de Fernando sin explicación.

Clara lo comprendió enseguida.

No lo habían borrado todavía.

Habían reducido su rama.

Y la fecha permitía ordenar mejor la secuencia.

Una fuente temprana mostraba a Fernando junto con Inés y sus hijos.

Después aparecía la relación que lo describía como difunto y reconocía que había dejado menores.

Más tarde, la genealogía conservada por los Velasco mantenía su nombre, pero eliminaba la descendencia.

Solo después surgirían versiones donde Fernando mismo dejaba de figurar.

La reducción era progresiva.

Adrián no necesitaba exagerarla.

La sucesión de documentos tenía fuerza suficiente.

Clara señaló el espacio bajo Fernando.

—Aquí habría sitio para los hijos.

—Sí.

No había raspaduras ni tachaduras.

Ninguna señal de que Alfonso y Beatriz hubieran sido escritos y posteriormente retirados.

Aquella copia había sido construida sin ellos desde el comienzo.

Eso establecía una diferencia esencial.

No estaban viendo una corrección material sobre aquella hoja.

Estaban ante una nueva versión documental.

El escribano podía haber recibido una fuente donde los hijos ya faltaban.

O una instrucción para no incluirlos.

Todavía no podían distinguirlo.

Adrián amplió el encabezado:

“Sacada de memorias y papeles de la casa.”

Otra vez la genealogía declaraba basarse en documentación anterior.

Clara preguntó si aquellas memorias podían formar parte de lo que después conocerían como Memorial de Burgos.

Era posible que algunas estuvieran relacionadas.

Pero Adrián no iba a convertir cualquier referencia antigua en una pieza del Memorial.

Necesitaban algo más concreto.

Lo encontraron en una anotación marginal que casi habían pasado por alto:

“Según protocolo de sucesión, folio 18.”

Clara se quedó inmóvil.

Aquello ya no era una alusión genérica.

Tenían un tipo documental.

Y un folio.

Protocolo de sucesión. Folio 18.

Pablo había escrito que debía compararse una versión familiar con un protocolo notarial.

Era razonable pensar que podía tratarse de la misma referencia.

Todavía no podían asegurarlo.

Pero por primera vez sabían exactamente qué clase de documento buscar.

La cuestión que podía resolver era decisiva.

La genealogía había eliminado a Alfonso y Beatriz.

Pero afirmaba apoyarse en un protocolo de sucesión.

Si ese protocolo reconocía a Alfonso como hijo de Fernando y preservaba algún tipo de derecho o continuidad, la diferencia ya no sería una interpretación moderna entre genealogías.

La propia fuente citada por el árbol no coincidiría con la representación que después se había construido a partir de ella.

Clara observó la pantalla.

—Entonces ahí puede estar el punto donde cambia todo.

Adrián no apartó la mirada de la referencia.

—Puede estar la prueba de que la genealogía seleccionó solo una parte de lo que decía su propia fuente.

Un protocolo contemporáneo tenía un valor distinto porque registraba comparecencias, actos y derechos reconocidos en un momento específico.

No era infalible.

Pero si mencionaba a Alfonso y establecía una reserva incompatible con la extinción de aquella rama, la omisión posterior adquiriría otro significado.

Adrián recuperó la lista de archivos que Santiago había preparado durante la investigación anterior.

El protocolo podía estar en Burgos.

También podía haber pasado a Valladolid o sobrevivido dentro de un fondo familiar.

Quizá el original se hubiera perdido y solo quedara un traslado posterior.

La búsqueda ya no consistía únicamente en localizar documentos.

Había que reconstruir su transmisión.

Clara vio un nombre en la lista.

—Martín Arce.

Adrián asintió.

Especialista en inventarios, cadenas de copia y fondos digitalizados.

Alguien acostumbrado a seguir referencias fragmentarias sin convertir una semejanza en certeza.

—¿Es bueno?

—Es metódico.

Clara sonrió.

—Eso significa que te gusta.

—Significa que no afirma lo que no puede demostrar.

—Entonces sí.

Adrián no pensaba llamarlo todavía.

Primero quería agotar las referencias evidentes.

Pero ya sabía que necesitarían reconstruir quién había copiado cada versión, qué fuente tenía delante cada escribano y en qué momento un documento había dejado de reproducirse mientras otro ocupaba su lugar.

Antes de marcharse, Clara volvió a observar las genealogías.

—La piedra fue más honesta.

Adrián levantó la vista.

—¿Cómo?

—La modificaron, pero dejó cicatrices.

Comprendió enseguida.

La sepultura había conservado rebajes y diferencias de asiento. La transformación material había dejado huellas.

Una genealogía podía ser mucho más eficaz.

No necesitaba rasparse.

Bastaba con copiar la familia de otra manera.

Una versión limpia tenía una fuerza particular.

Parecía verdadera porque no parecía corregida.

Adrián observó la genealogía posterior.

Diego ocupaba el centro de una continuidad impecable.

Fernando había desaparecido.

Sus descendientes también.

Nada dentro del documento obligaba a sospechar que alguna vez hubiera existido otra estructura.

Ahora sabían que la desaparición documental había seguido un recorrido distinto del de la piedra.

Primero se redujo la información sobre sus hijos.

Después la rama dejó de tener continuidad visible.

Finalmente, el propio Fernando desapareció de determinadas genealogías.

Todavía no podían llamar falsificación al proceso completo.

Sí podían hablar de un patrón de transmisión.

Y al final de una de aquellas versiones acababan de encontrar una referencia capaz de romperlo:

Protocolo de sucesión. Folio 18.

Adrián copió las palabras en una hoja aparte.

Hasta entonces habían trabajado sobre lo que faltaba.

Ahora tenían algo mucho más útil.

Un lugar concreto donde buscar por qué había empezado a faltar.